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Nueve de Julio
domingo, febrero 1, 2026

Entre el honor, la patria y la amistad. La despedida de los conscriptos nuevejulienses en enero de 1926

Segunda parte: Dos conscriptos laguneros

Por Héctor José Iaconis
Carmelo Bulotta y Hermenegildo Massachessi, los conscriptos que en enero de 1926 se disponían a partir hacia el regimiento o batallón donde debía cumplir con las exigencias del servicio militar obligatorio, eran integrantes activos del Foot-Ball Club Libertad, no solamente como socios sino también como jugadores.
El periódico “El Pueblo”, en un suelto publicado por esos días, los identificó como parte del grupo de jóvenes entusiastas que animaban la vida del club. Su partida representaba, por consiguiente, no solamente la ausencia de dos jugadores sino la interrupción temporal de lazos afectivos y deportivos que estructuraban la cotidianeidad de un colectivo.

EL ASADO “BLANQUI-AZUL” Y EL DISCURSO DE DESPEDIDA
El convite de despedida a Bulotta y Massachessi, que sus amigos del Club les brindaron, tuvo lugar en el taller mecánico de Spina y Quatorce, el jueves 14 de enero de 1926. Según explica el periódico, se trató de una reunión íntima pero significativa, un “suculento asado” que congregó a los compañeros más cercanos de los homenajeados. En este marco, Rafael C. Failache pronunció un discurso que constituye, sin duda, la pieza más reveladora del conjunto documental conservado, vinculado con el tema que nos ocupa.
El texto de Failache se organiza en torno a varios núcleos temáticos claramente diferenciados. En primer término, el orador establece el propósito de su intervención que apela a los vínculos afectivos y a la nostalgia compartida. Acto seguido, desarrolla una reflexión sobre el significado del servicio militar y la amistad que se verá interrumpida temporalmente. Finalmente, cierra con una exhortación patriótica que vincula los valores deportivos con las virtudes cívicas.
El discurso se inicia con una declaración enfática: «En ninguna ocasión mejor que en la presente para testimoniar bajo el más demostrado significativo de aprecio, hacia dos de nuestros mejores amigos, que el llamado de la patria, ha de alejarlos de estos lares, para confundirlos en el trajín de la vida de cuartel, al toque de la clarinada de alerta, y al vibrante son del tambor que llama a silencio”, expresa.
En el discurso hay una clara alusión al impacto que, en la «casaca Blanqui-Azul», denominación que hacía referencia a los colores del Club Libertad, genera la ausencia de estos dos amigos.
Esta apertura resulta particularmente elocuente. Failache no presenta la partida como una desdicha sino como una «ocasión» propicia para manifestar afecto y reconocimiento. El servicio militar aparece dignificado mediante un lenguaje que evoca sus rituales distintivos, “la clarinada”, “el tambor”, y que anticipa la transformación que experimentarán los jóvenes al integrarse en la «vida de cuartel».

Conscriptos nuevejulienses cumpliendo con el servicio militar obligatorio.

LA AMISTAD COMO VALOR CENTRAL
Uno de los ejes más desarrollados del discurso es precisamente el de la amistad. Failache dedica considerable atención a caracterizar los vínculos que unen a los homenajeados con sus compañeros del Club Libertad.
«Y una vez más –dice- entre el derroche del alcohol y alegría que aviva el pensamiento y despierta el instinto, los que sepan de la estima, los que gustan del brindis sincero, los que hemos aprendido en el chasquido de la lucha diaria, los hijos del trabajo, dando tregua por un instante al activismo humano, y confundidos en abrazos de hermanos con esta sencilla demostración, levantamos en alto la copa del compañerismo, para beber sorbo a sorbo el cáliz espiritual del más sincero cariño hacia los amigos que se van».
El fragmento citado merece análisis detenido. En efecto, Failache construye una imagen de fraternidad que se fundamenta en experiencias compartidas: el trabajo, la lucha cotidiana, la sinceridad de los afectos. El asado de camaradería, con su «derroche del alcohol», no es presentado como mero festejo sino como ritual de amistad que permite suspender temporalmente el «activismo humano» para celebrar los lazos que sostienen al grupo. La metáfora del «cáliz espiritual» eleva el brindis a categoría cuasi sacramental, sugiriendo que la amistad posee una dimensión trascendente.

PATRIOTISMO Y VIRTUDES
Failache aborda, asimismo, el significado formativo de la experiencia militar. Dirigiéndose directamente a los homenajeados, remarca el valor de “ la sinceridad, la franqueza, la amistad, el afecto, patrimonio que lo heredan los que tienen por estandarte un corazón generoso y temple de varón.»
La noción de «temple de varón», vinculando explícitamente las virtudes morales con la masculinidad cívica que el servicio militar habrá de poner a prueba y consolidar.
El cierre del discurso articula una síntesis entre los valores deportivos del Club Libertad y el deber patriótico. Failache afirma:
«Amigo Bulota – Amigo Massachesi, cuando el mañana os ha alejado de estos lares, nosotros como Vds., los que hoy compartimos el brindis del placer, sentiremos la nostalgia del vacío en las filas de Foot-Ball Club Libertad., pero frente al recuerdo se alzará con la majestuosidad de su dominio, el espíritu de la rebeldía, para recordarnos que vuestra ausencia obedece al llamado de la patria. Y ante ella, está la palpitación de los que al sentirnos Argentinos, demostramos la hidalguía de los de una raza fuerte”.
Este pasaje resulta particularmente significativo. El orador reconoce abiertamente que la ausencia de los conscriptos generará un «vacío» en las filas del Club, pero inmediatamente subordina este sentimiento a una consideración superior: el llamado de la patria. La «nostalgia del vacío» debe ser contenida por el «espíritu de la rebeldía», entendido aquí no como insubordinación sino como afirmación viril, que recuerda la jerarquía de los deberes ciudadanos.
Más aún, establece una continuidad entre la identidad argentina y la «hidalguía de los de una raza fuerte», expresión que debe interpretarse en el contexto de la época. La referencia a la «raza» no poseía entonces las connotaciones biológicas que adquiriría posteriormente, sino que aludía más bien a un ethos nacional, a un conjunto de características morales y temperamentales atribuidas al pueblo argentino.
El discurso concluye con una fórmula de consagración cívica: «En nombre del Foot-Ball Club Libertad, en nombre de los presentes, reciban los amigos Bulota y Massachessi el augurio de buena-venturanza, bajo la sintetización de un abrazo que está reflejado mejor que en mil palabras, el aprecio a que os habéis hecho acreedores”, concluye.

DEPORTE, DEBER Y CIUDADANIA
La despedida a Bulotta y Massachessi debe comprenderse, de la misma manera, en el marco de las relaciones entre deporte, deber y ciudadanía, talantes característicos de la sociedad hace un siglo. El fútbol era concebido no solamente como práctica recreativa sino como una especia de escuela de virtudes, donde se fomentaba la disciplina, el trabajo en equipo, la resistencia física y, desde luego, espíritu competitivo.
Los clubes deportivos locales, a su vez, constituían espacios privilegiados de sociabilidad, donde se forjaban amistades que perduraban por años, desde la temprana adolescencia hasta el final de la vida. La pertenencia a la institución generaba lealtades que podían ser tan intensas como las de parentesco familiar. No resulta casual, por consiguiente, que fuera precisamente el Club Libertad la institución que estimuló el homenaje a sus integrantes conscriptos.
Más allá de sus dimensiones institucionales y discursivas, la despedida a Bulotta y Massachessi, hace cien años, poseía una dimensión afectiva que no debe ser soslayada. El asado, los brindis, los discursos, los abrazos constituían un ritual que permitía a los participantes elaborar la separación inminente. Como señala Failache en su alocución, se trataba de «beber sorbo a sorbo el cáliz espiritual del más sincero cariño hacia los amigos que se van».
El ritual de despedía, podemos inferir, cumplía, múltiples funciones. Por una parte, ofrecía un marco socialmente sancionado para la expresión de afectos que de otro modo podían resultar difíciles de manifestar entre varones. Por otro lado, transformaba una experiencia potencialmente traumática, como la separación del grupo de pares y la incorporación a un ambiente desconocido, en un acontecimiento investido de dignidad y significación positiva. Finalmente, reforzaba los lazos grupales al tiempo que preparaba al equipo para seguir funcionando durante la ausencia de sus integrantes.
La «nostalgia del vacío» que Failache anticipaba era, por consiguiente, real y sentida, pero el ritual de despedida permitía canalizarla mediante formas socialmente productivas. Los homenajeados partían con el reconocimiento de sus amigos, investidos de una misión que trascendía sus personas individuales. Quienes permanecían, por su parte, asumían el compromiso implícito de mantener vivos los vínculos hasta el retorno de los ausentes.

PALABRAS FINALES
La despedida a Carmelo Bulotta y Hermenegildo Massachessi en enero de 1926 constituye un testimonio valioso de las formas mediante las cuales las comunidad nuevejuliense de entonces vivenciaba y dotaba de sentido a la experiencia del servicio militar obligatorio. A través del asado, los discursos y la cobertura periodística, la partida de dos jóvenes deportistas se transformó en un acontecimiento social que reforzaba valores compartidos.
El discurso de Rafael Failache, en particular, ofrece una lucerna privilegiada hacia el universo imaginario de la época. Su retórica, que hoy puede resultarnos grandilocuente, respondía a códigos expresivos ampliamente compartidos que vinculaban las virtudes deportivas con las cívicas y la amistad con el sacrificio colectivo. Dicho en otros términos, el lenguaje de Failache no era meramente ornamental sino que articulaba un conjunto de creencias y valores que estructuraban la experiencia de su tiempo.
Cien años después, la despedida a aquellos dos jóvenes conscriptos nuevejulienses nos interpela desde un mundo profundamente distinto. El servicio militar obligatorio fue suspendido desde 1995, los clubes deportivos desde entonces han experimentado transformaciones, las formas de sociabilidad igualmente han experimentado cambios radicales. Empero, estos vestigios preservados nos recuerdan que las instituciones y prácticas del pasado no eran meras imposiciones sino que eran vividas, sentidas y dotadas de sentido por actores concretos que encontraban en ellas formas de pertenencia, dignidad y cultivo de los grandes valores de la amistad. Comprender esta dimensión resulta esencial para construir una historia de 9 de Julio que también aspire a captar la complejidad de la experiencia humana.

 

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