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Nueve de Julio
domingo, febrero 1, 2026

Novela dedicada a «Bicho» Hayes y Ricardo Talento

 

En el diario Página 12 se publica una nota que hace mención a una novela, cuya autora es Corina Bosquiazo, quien destacó que el libro está dedicado a la nuevejuliense Mabel «Bicho» Hayes, médica e impulsora del grupo de teatro comunitario de Patricios (localidad del Partido de 9 de Julio), y a Ricardo Talento porque «ellos siempre lucharon por un mundo mejor, con igualdad de oportunidades y derechos para todxs».
A continuación la nota de página 12, titulada «Rosaceleste, una antidistopía barraquense en la que dos jubiladas y el barrio son protagonistas»
Si en los 70 los que se jugaron la vida por un mundo mejor fueron los más jóvenes, ahora se la están jugando los más viejos: algo de eso cuenta esta primera novela de Corina Busquiazo, con la mención honorífica a la gran Norma Plá.
“Como no sabía qué hacer con Tina, consultaba a las hojas del árbol que llegaban desde la vereda. Era un plátano. Me parezco a ellas, son ancianas y están quietas. Apiladas en la rejilla del piso, como viejos rencores, insoportables. Traman quedarse para esconder a una hormiga descarriada. Me dan una esperanza frágil. No hay viento que pueda con ellas. Y conmigo tampoco, pensé. Pasaban minutos como horas y yo seguí acurrucada. Soy una piedra. No podía dejar de mirar las nervaduras, los bordes pinchudos, su textura igual que un papel viejo. Hacía unos meses que una parte de mí se había ido. Vivía en el altamar seco de mi cabeza, escuchando cómo se destartalaba, con el movimiento, mi barco decrépito”, comienza Rosaceleste (Caburé), la primera novela de la actriz y directora teatral Corina Busquiazo.
Rosaceleste es una jubilada que vive en los márgenes del barrio porteños de Barracas. Convive junto a Tina, su pareja, con quien tiene un amor sagrado con rituales mágicos: la teta de su novia es un amuleto de la suerte. Una noche de insomnio, mirando las vías del tren, se pregunta qué sentido tiene la vida en este tramo final y la madrugada trae la respuesta: si en los 70 los que se jugaron la vida por un mundo mejor fueron los más jóvenes, ahora se la están jugando los más viejos. Con esa ilusión, recorre las calles del barrio y crea el Comando Norma Pla para convertir a Barracas en un faro de creatividad y resistencia.
Editada por Caburé, Rosaceleste, una antidistopía barraquense es la primera novela de Busquiazo. Ella misma vive en Barracas, barrio al que ama desde que vive ahí hace más de 20 años y en el que en los ’90 crearon junto a Los Calandracas (dirigido por Ricardo Talento a quien está dedicado el libro) y otros vecinos y vecinas del barrio, el grupo de Teatro Comunitario Circuito Cultural Barracas. “La idea de escribir el libro nació del taller de escritura creativa de la escritora, dramaturga y actriz, Maricel Santín al que concurro hace casi diez años. Es lo primero que publico. Fui muy estimulada y acompañada en taller para que esta historia que sucede en mi barrio, Barracas, tomara esta forma. Su protagonista Rosaceleste está atravesada por la historia de amor con Tina, su compañera, y por otro lado por un gran sentimiento de querer cambiar el mundo y, en particular, su barrio”, cuenta Corina a Las12.
¿Por qué decidiste que las protagonistas fueran mujeres adultas mayores?
-Porque son personas mayores pero con ideales de los jóvenes de los setenta. Con ideas de justicia social, de solidaridad, de cuidar de los otros y construir identidad en un territorio en comunidad. Además de a Ricardo Talento, director del Circuito hasta que falleció el año pasado, el libro está dedicado a Bicho Hayes, médica e impulsora del grupo de teatro comunitario de Patricios (pueblo rural de la provincia de Buenos Aires), porque ellos siempre lucharon por un mundo mejor, con igualdad de oportunidades y derechos para todxs.
La novela recorre la idea de lo comunitario y aparecen personajes entrañables como el farmacéutico del barrio, ¿podés contarnos más sobre él?
-Muchos de los personajes, con algunas modificaciones, son gente de mi barrio, barrio de clase media baja, y baja. Sin edificios, ni comercios de franquicia, queda todavía un poco eso de conocerse, o al menos tener un registro de algunas personas o comerciantes. El año pasado, mientras estaba editando la novela falleció Roberto, el farmacéutico de verdad. Se hizo un altar con flores y cartitas en la puerta de la farmacia, en agradecimiento por la función social que cumplía en el barrio.
¿Cómo se te ocurrió la idea de lo de Megalón y el centro cultural?
-Soy fundadora y parte del equipo de coordinación del Circuito Cultural Barracas, proyecto de teatro arte comunitario desde hace 30 años. Apuesto a la organización comunitaria con el deseo de que los vecinos, siendo protagonistas del hecho artístico, transformen su vida y la de su comunidad.
¿Creés que la red comunitaria es la que nos salva ante el avance de las derechas y el individualismo?
-Creo que pensarnos como comunidad hace que podamos encontrar una solución, nos hacen creer al revés, que si somos muchos es para kilombo, y desde el teatro comunitario decimos lo contrario: cuantos más seamos mejor. Además creo que nadie se salva solo, y por más que tengamos 500 amigos en facebook los primeros que van a correr a ayudarte van a ser tus vecinos.
¿Qué te dio la dirección actoral y el ser actriz para poder escribir?
-El hacer teatro creo que me ayuda a imaginar mundos posibles y a ponerme en la piel de los personajes.
En la novela hay un homenaje a Norma Pla, ¿qué creés que retoman los miércoles de los jubiladxs de ella?
-Cuando empecé a escribirla no estaba Milei, no estaban siendo los jubilados la vanguardia, y mucha gente había olvidado quién era Norma Pla. Ahora tiene una vigencia impresionante. Rosceleste, este personaje de ficción, pretende convertirse en un faro de resistencia y creatividad creando el Comando Norma Pla, organizando reuniones en su barrio, intervenciones callejeras y protestas insólitas que transformen su comunidad.
El Circuito Cultural Barracas nació a fines de los ’90 (este año cumple tres décadas) cuando el neoliberalismo intentaba imponer el ‘sálvese quien pueda’. De la mano de Catalinas Sur, los vecinos y vecinas de Barracas se unieron para contar su propia historia de resistencia, amor por el barrio e identidad e hicieron obras históricas como Zurcido a mano, Los chicos del Cordel, Barracas al fondo, El casamiento de Anita y Mirko (que todavía se sigue dando y que agota las entradas a principio de año), El loquero de Doña Cordelia, No es lo que parece (que se reestrena este año), entre otras. Pero además, invita a la comunidad a ser parte del proyecto y desde fines de febrero están abiertas las inscripciones (@ccbarracas y [email protected]) para ingresar al grupo. Hoy son más de 200 vecinos y vecinas de 8 a 90 años quienes lo integran confirmando que la única salida es colectiva y que el arte es en sí mismo transformador.

 

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