23 septiembre 2021

El juicio de Paris. Rubens

Según el mito,  Zeus organizó un banquete en el monte de Ida, cercano a Troya,  para celebrar la boda de la diosa Tetis con el mortal Peleo.

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Eris, la diosa de la discordia, molesta por no haber sido invitada se presentó  intempestivamente a la boda y arrojó sobre la mesa una manzana de oro con la inscripción ¨para la más bella¨.  Hera, Atenea y Afrodita, tres de las diosas presentes, reclamaron la manzana para sí y, luego de una gran  discordia, pidieron a Zeus que juzgase  cuál de ellas  era la merecedora de tan singular y preciado  objeto.
El dios,  temeroso de la ira de  las perdedoras, no quiso saber nada y acudió a un tercero para que  actuara como juez.  El elegido fue  Paris, hijo de Hécuba y  Príamo rey de Troya, en razón de su inocencia ya que había sido abandonado de recién nacido y recogido y criado por una humilde familia de pastores en el monte de Ida.  (El oráculo a través de un sueño de la madre había vaticinado que el niño llevaría a los troyanos a la guerra y dictaminado  que el reino debía  deshacerse de él).
Una mañana,  mientras  Paris paseaba  su rebaño en el monte,  fue sorprendido por  Hermes, mensajero de Zeus, que no sólo le llevaba la noticia de su designación, sino también  a las  deidades, las tres igual de resueltas  a obtener, al precio que fuese,  la manzana de la discordia.
Desde el primer momento, las  diosas, trataron de seducir a Paris quitándose las  ropas.  Como si eso fuera poco,   cada una por su lado, intentó   sobornarlo.  Hera esposa de Zeus, le ofreció todo el poder que pudiera desear y el título de emperador de Asia; Atenea, diosa de la inteligencia y de la guerra, le ofreció la sabiduría o la posibilidad de vencer en todas las batallas,  Afrodita, el amor de la mujer más bella del mundo.
Afrodita resultó la ganadora del particular ¨concurso de belleza¨   y,  a través de sus favores,  Paris conoció a  Helena, esposa de Menelao y rey de Esparta. Perdidamente enamorado de ella, la raptó y se la llevó a  Troya.
Tal como lo había predicho el oráculo, la elección  habría de traer devas- tadoras consecuencias al pueblo de Paris.  Menelao,  enfurecido,   convocó a Agamenón, a Odiseo (ideólogo del caballo de madera) y a  Aquiles, entre otros muchos aqueos, para ir  a rescatar a su mujer o a pelear  por ella, dando así comienzo a la guerra de Troya.  (El hecho es narrado por  Homero en ¨La Ilíada¨).
En un óleo sobre lienzo de 199 cm x 379 cm, Rubens  nos muestra el  juicio del pastor  a instantes del veredicto.
Paris, sentado bajo un árbol  y con la mano en la barbilla, se ve absorto ante la desnudez de las   diosas.    Hera, identificada por el pavo real,  situada de  espalda,  muestra  sus glúteos carnosos  bajo las transparencias (derecha).  Afrodita, en el centro,  mira directamente, a los ojos a París. Cupido, con sus flechas en la espalda, aparece asido a uno de los muslos. En tanto pudorosa, se cubre el pubis con un velo, un ángel rubio está a punto de colocarle sobre la cabeza una corona de flores, detalle  con el que el autor nos anticipa  el resultado.  La diosa más próxima a los hombres, Atenea, también mira a  Paris  suplicante, mientras deshaciéndose del velo,  espera  que su desnudez acabe por convencer al pastor. Ha dejado caer la armadura a sus pies y la lechuza –símbolo de la sabiduría-  aparece al lado de una de sus piernas, justo bajo  el manto rojo de Afrodita.
Hermes, de pie junto a Paris,  sujeta la manzana de la discordia en la  mano izquierda.
Las ovejas pastan en el  luminoso paisaje del fondo.  El perro del pastor, a los pies del árbol,  también es testigo de la decisión que desencadenará la desgracia  del pueblo troyano.
El juicio de  Paris apasionó a Rubens desde su juventud por lo que existen varias versiones acerca del tema. La que aquí se reproduce  fue realizada en 1638 por encargo de Felipe IV, rey de España.
El hecho de que Helene Fourment, segunda esposa de Rubens, como su marido  miembro de la nobleza,  fuera utilizada  como modelo de Afrodita, o incluso de las tres diosas,  fue una verdadera preocupación para la corte y  motivó al rey  a buscar para el  cuadro una discreta ubicación en el Palacio del Buen Retiro.  Posteriormente, Carlos III, lo consideró impúdico y estuvo a punto de quemarlo   junto con otro desnudo: el Adán y Eva de Durero.
¨El juicio de Paris, se  exhibe actualmente en el Museo del Prado.  Puede verse en todo su esplendor en distintas páginas de la web.-

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