Por Héctor José Iaconis
Hay fechas que, con el paso del tiempo, adquieren la densidad silenciosa de los hechos fundacionales. No por su estridencia, sino por lo que revelan, la energía de un joven equipo que se organizaba, competía y celebraba. El 18 de abril de 1926 es una de esas fechas para la historia del Foot-Ball Club Libertad de 9 de Julio. Aquel domingo de otoño se disputó el partido inaugural de la temporada deportiva local, enfrentando al equipo superior de la institución anfitriona contra el “Sportivo Buenos Aires” de la ciudad de Chivilcoy (entidad desaparecida hace ya muchos años). El resultado, una victoria contundente de Libertad por 5 a 0, quedó en la memoria de muchos simpatizantes del Club quienes, habiendo sido espectadores del partido, solían evocarlo muchas décadas después.
Quien escribe estas líneas tuvo, treinta años atrás, el privilegio de escuchar de labios de un viejo hincha “lagunero”, el relato de aquel encuentro futbolístico. El club local había nacido apenas tres años antes y cosechaba, así, sus primeras glorias.
Un siglo después, reconstruir aquella jornada es también reconstruir un fragmento vivo de la historia deportiva y social de nuestra ciudad.
UNA TEMPORADA QUE SE RESISTÍA A COMENZAR
El encuentro estaba originalmente programado para el domingo 11 de abril de 1926, a las 15.30 horas, en el field del Foot-Ball Club Libertad, según consignaba el afiche oficial impreso. El cartel, de cuidada tipografía y diseño, anunciaba el evento como «apertura de la actual temporada deportiva» y convocaba a los amantes del deporte a presenciar un «sensacional Match de Foot-ball» entre los equipos superiores de ambas instituciones. Sin embargo, la lluvia que cayó sobre la ciudad durante varios días consecutivos obligó a suspender los festejos programados para ese fin de semana, entre ellos el esperado encuentro futbolístico.
La postergación no mermó el entusiasmo. El periódico “El Pueblo”, en su edición del sábado 10 de abril ya anticipaba con expectativa el encuentro inaugural, describiendo el partido como «un match amistoso concertado entre los equipos superiores de los clubs […], el que dado la valía de ambos conjuntos promete resultar una lucha llena de alternativas interesantes». El sábado 17, el mismo semanario informó que el partido quedó «telefónicamente concertado» para el domingo siguiente, ratificando que el “Sportivo Buenos Aires” vendría «reforzado» y que Libertad habría de someterse «a una dura prueba».
LA PREPARACIÓN Y LOS EQUIPOS
La organización del encuentro refleja el nivel de institucionalización que el fútbol había alcanzado en 9 de Julio para esa época. El afiche oficial del club registra con precisión la nómina de ambos equipos. Por “Sportivo Buenos Aires” de Chivilcoy se alinearon: B. Mooney; M. P. Elia Larroca, Pedro Gorja (capitán); V. P. Larocea, A. Olcese, F. Pajo; J. P. Ayarza, J. Giamichelli, A. Mooney, M. Taraffo y J. Mooney. Como suplentes figuraban F. Sgromo y J. Ortellado.
Por el Foot-Ball Club Libertad 9 de Julio formaron: Pedro Callegaro; J. Alcorta, R. C. Failache (capitán); E. Callegaro, A. Maero, V. Farías; Santillán, Planas, Sirio, Guerrieri y Hardoy. Los suplentes designados fueron H. Camou, T. Podestá y L. Guerrieri. El árbitro del encuentro fue F. A. Benedetti.
Como preliminar estaba previsto un encuentro entre la intermedia de Libertad y la primera de Racing, partido que, según la prensa, prometía «realizar un bonito encuentro dada la igualdad de fuerzas».
EL DÍA DEL PARTIDO
El domingo 18 de abril de 1926 se presentó con la concurrencia que la ocasión merecía. “El Pueblo” describió la jornada bajo el elocuente título de «Brillante Jornada Deportiva», señalando que «con una entusiasta afluencia de amantes al deporte, que hizo el honor de presenciar la lucha, Libertad 9 de Julio en forma ampliamente convincente, se adjudicó la victoria frente a Racing local y Sportivo Buenos Aires de Chivilcoy».
El partido principal, disputado entre Libertad y el Sportivo visitante, fue descripto por la crónica periodística como un encuentro que, «sin ser del todo lucido fue disputado tesoneramente», finalizando con el triunfo del equipo local por 5 a 0. Los goleadores de la tarde fueron Haidoy, Alcorta y Planas, cuyos nombres quedaron así inscriptos en la crónica inaugural de aquella temporada.
El match también estuvo atravesado por un episodio que evidencia la rudeza propia del juego de la época: «en un encuentro casual el capitán visitante sufre una caída que lo obliga a retirarse del field, por lo que a pedido del capitán local, es suplido por un nuevo jugador». Este gesto de nobleza del capitán local fue destacado por el cronista como un signo del espíritu que animaba la jornada.
No menos significativo resultó el encuentro preliminar entre la intermedia de Libertad y la primera de Racing, que concluyó con victoria de Libertad por 4 a 0. Los tantos fueron convertidos por Iglesias, Podestá, Pastorino y L. Guerrieri.
Antes del partido principal, en un gesto de camaradería, el capitán visitante entregó al capitán local un ramo de flores, “retribuyendo éste con un abrazo, que el público hizo extensivo en una salva de aplausos».
EL CONTEXTO DEPORTIVO LOCAL
El partido del 18 de abril de 1926 no fue un evento aislado, sino la manifestación más visible de un entorno deportivo en plena efervescencia. “El Pueblo” daba cuenta, semana a semana, de la actividad de múltiples clubes de la ciudad que se preparaban para la temporada oficial sometiendo a sus divisiones a «prácticas severas». La existencia de torneos como la “Copa Nogales”, cuya final entre Atlético y Libertad había debido suspenderse a causa de la lluvia cuando el primero llevaba un gol de ventaja, indica que la competencia institucionalizada tenía ya una presencia consolidada en la vida comunitaria.
PALABRAS FINALES
Cien años han transcurrido desde aquella tarde de otoño en que el Foot-Ball Club Libertad celebró su victoria inaugural de temporada frente al “Sportivo Buenos Aires” de Chivilcoy. Los nombres de los integrantes del glorioso equipo pertenecen ya a la historia, al registro silencioso de quienes construyeron la identidad deportiva de nuestra ciudad.
El ramo de flores que el capitán visitante entregó a su par local aquel domingo, y el abrazo con que fue correspondido, constituyen algo más que una gentileza protocolaria: son la cifra de una concepción del deporte como espacio de encuentro genuino, de rivalidad honesta y de comunidad. Recuperar esta memoria un siglo después no significa rendirse a la nostalgia, sino hacer justicia a aquellos jóvenes que, en 1926, supieron que la grandeza en el campo de juego era inseparable de la nobleza en el modo de vivir.

Impreso mediante sistema tipográfico en relieve y compuesto con tipos móviles y ornamentos de catálogo, el afiche combina, desde el punto de vista tipográfico, al menos cuatro registros diferenciados. El titular emplea una tipografía display (tipografía de texto ornamental) de inspiración modernista (Art Nouveau tardío), con modulaciones orgánicas y remates sinuosos, no clasificable estrictamente como blackletter. El cuerpo informativo se compone en una romana moderna de contraste medio-alto vinculable a la tradición Didot/Bodoni en versión comercial; se suma una cursiva humanista de función enfática y versales espaciadas en el encabezado institucional. Esta coexistencia responde al eclecticismo tipográfico heredado del siglo XIX, aún vigente en la gráfica nuevejuliense de la época.““Compositivamente, la pieza se organiza sobre un eje de simetría vertical estricto, con cinco zonas jerárquicas claramente diferenciadas y un escalamiento tipográfico en múltiples niveles que guía la lectura en ritmo descendente. Las viñetas laterales corresponden a ornamentos de catálogo de tradición modernista, mientras que los filetes dobles perimetrales y los recuadros de nóminas remiten a la caja tipográfica clásica decimonónica.

















