



En el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a través de la Colectiva Feminista Indómita – Asamblea del 8M 2026 se organizaron dos jornadas abiertas a la comunidad vinculadas a la memoria, la lucha y la organización colectiva frente a las violencias hacia las mujeres. La primera de ellas tuvo lugar el domingo con la restauración de un mural en la Terminal de Omnibus, manteniendo presentes a las víctimas de femicidio.
La actividad se completó el lunes 9 de marzo en Plaza Belgrano, en el marco del paro por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, para una jornada del 8M con lectura del manifiesto, intervenciones artísticas y se completó con una marcha. Participaron de las intervenciones artísticas: en danzas árabes, Yesi Navarro; canciones: «Antígona» conformado por: Sofía Secreto, Sheila Gonzalez, Mercedes Saavedra y Lucha Carassai.
MANIFIESTO 8 M 2026
En Plaza Belgrano se dio lectura del manifiesto.
«Hoy volvemos a encontrarnos en las calles de 9 de Julio. Volvemos a parar. Volvemos a decir que nuestras vidas y nuestro trabajo valen.
El Paro Internacional Feminista no es una fecha más. Es una herramienta de lucha. Y en estos últimos años es también el espacio desde donde denunciamos el proyecto político que hoy gobierna nuestro país.
Paramos porque nos siguen matando.
En Argentina, cada 34 horas hay una víctima fatal de femicidio, travesticidio o instigación al suicidio. En 2025 hubo 262 víctimas. En los dos primeros meses de 2026 ya se registraron 35 femicidios directos, 5 femicidios vinculados y 1 travesticidio/transfemicidio.
72 intentos de femicidio. Uno cada 21 horas.
El 72% de los agresores eran parejas o ex parejas. El 44% ocurrió en la vivienda de la víctima. El 23% en la vivienda compartida. El 19% había denunciado previamente.
Al menos 23 niñas, niñes y niños quedaron sin sus madres. No son números. Son vidas. Son ausencias. ¡Ni una menos!
Paramos porque el contexto nos obliga a defender derechos conquistados que están siendo atacados de manera sistemática. La Reforma Laboral es un ataque directo a quienes sostenemos la vida. Aumenta horas de trabajo, reduce indemnizaciones, debilita la negociación colectiva y privilegia acuerdos individuales en relaciones profundamente desiguales. Reduce cargas empresariales y elimina sanciones por incumplimientos. No es modernización: es precarización.
En Argentina más del 50% de la población vive en condiciones de precariedad laboral. Y sabemos que esa precarización tiene rostro de mujer y de diversidad. Somos quienes concentramos mayores niveles de informalidad, salarios más bajos y sobrecarga de tareas de cuidado no remuneradas. Cuando se flexibiliza la jornada laboral, se desorganiza la vida. Y las tareas de cuidado siguen recayendo sobre nosotras. La falta de autonomía económica es una de las principales barreras para salir de situaciones de violencia.
Las trabajadoras de casas particulares. Las docentes. Las cuidadoras comunitarias. Las trabajadoras de la economía popular. La precarización también es violencia.
Pero la precarización no es solo una condición laboral, es un modelo de sociedad basado en la crueldad y el despojo de derechos. Y ese modelo se expresa también en la decisión de eliminar y vaciar ministerios como Educación, Salud y Género. No son recortes administrativos: son definiciones políticas que retiran al Estado de su responsabilidad como garante de derechos.
Cuando se desfinancia la educación pública, no solo se ajusta un presupuesto: se ajusta sobre las comunidades que encuentran en la escuela un espacio de cuidado, contención y construcción de ciudadanía. En un sistema profundamente feminizado, el impacto vuelve a recaer sobre mujeres y diversidades. Las docentes y trabajadoras estatales sostienen cotidianamente lo que el Estado nacional intenta desmantelar.
El ajuste asfixia presupuestariamente a nuestra provincia y pone en riesgo programas socioeducativos, políticas de inclusión y condiciones dignas de enseñanza y aprendizaje. Cuando se precariza a las trabajadoras de la educación, se precariza el derecho social a la educación.
Y sabemos que el aula no es un espacio neutral. Es un territorio donde se disputa sentido. Es un lugar de reflexión, de debate con estudiantes y familias, de construcción de un mundo más igualitario y libre de violencias. Por eso cada intento de disciplinar a la escuela pública forma parte del mismo proyecto que precariza el trabajo, criminaliza a las juventudes y debilita la autonomía económica de las mujeres.
La reforma del Régimen Penal Juvenil, que baja la edad de imputabilidad a los 14 años, no es una solución. Es criminalizar la pobreza. Frente a la desigualdad estructural, el hambre y la exclusión educativa, el Estado responde con castigo. Esta medida contradice estándares internacionales de derechos humanos y de protección de las infancias. Los problemas sociales no se resuelven encarcelando adolescentes. Se resuelven garantizando derechos.
Modificar la Ley de Glaciares es habilitar el avance extractivista sobre zonas protegidas, priorizando intereses económicos por sobre el derecho al agua y al ambiente sano. En un contexto de crisis climática, avanzar sobre los glaciares es comprometer las reservas estratégicas de agua dulce y el futuro de las próximas generaciones. No hay desarrollo posible sin territorio habitable.
Denunciamos también la situación de las personas con discapacidad. La Ley 27.793 declara la emergencia y promete pensiones al 70% del haber mínimo y actualización de prestaciones. Sin embargo, los fondos no se liberan. Las familias siguen sin pagos. Los prestadores acumulan deudas. La justicia ordenó aplicar la ley y declaró inválido el decreto que la condiciona, pero el Poder Ejecutivo demora su implementación. No es demora: es abandono.
El derecho al aborto legal, seguro y gratuito sigue siendo obstaculizado. El desfinanciamiento de programas de salud sexual y reproductiva genera barreras reales para su acceso. Faltan recursos, faltan insumos, faltan equipos. Defender la IVE es defender la salud pública y la autonomía sobre nuestros cuerpos.
¡Ni una muerta más por aborto clandestino!
Denunciamos el desfinanciamiento de la cultura, el ajuste sobre bibliotecas populares y programas como CONABIP, el ataque a las escuelas técnicas. La cultura y la educación no son gasto: son derechos.
Cada miércoles se reprime a jubiladxs que salen a manifestar contra el brutal ajuste que recae sobre quienes trabajaron toda su vida. El desprecio hacia lxs mayores es parte del mismo proyecto que precariza, ajusta y excluye.
A 50 años del último golpe de Estado cívico, militar, eclesiástico y empresarial, sabemos que la pérdida de derechos no empieza de un día para otro. Empieza con el ajuste, con el disciplinamiento, con la naturalización de la desigualdad. Por eso la lucha por Memoria, Verdad y Justicia es también una lucha del presente.
La avanzada reaccionaria no es solo nacional. En 9 de Julio también denunciamos la falta de presupuesto y políticas integrales para prevenir la violencia. Exigimos protección real para las víctimas, espacios de cuidado gratuitos, acceso efectivo a la justicia, a la salud y a la educación. Exigimos mayores oportunidades laborales y educativas para las jóvenes nuevejulienses y políticas de cuidado para nuestras y nuestros adultos mayores.
Les recordamos a quienes hoy ocupan cargos de decisión que están allí gracias a la lucha histórica del movimiento feminista. Esa historia exige compromiso.
Desde septiembre de 2025 reacondicionamos el mural en homenaje a las víctimas de femicidio de nuestra ciudad, presente desde 2021 en la terminal. Ayer lo inauguramos nuevamente. Ese mural no es solo pintura, este mural es memoria viva, es denuncia, es compromiso colectivo.
Hoy traemos sus nombres a esta Plaza. Nombrarlas es un acto de memoria y de lucha. Nombrarlas es negarnos al olvido.
En 9 de Julio también hubo femicidios. Y cada uno dejó una herida abierta en nuestra comunidad: Claudia Gallipó, Dora Bossio, Carina Baho, Sandra Villalba,
Micaela Zalazar, María Romina Ahumada. Las nombramos porque la memoria es compromiso. Presentes, ahora y siempre.
Seguimos en la calle. Seguimos organizadas. Seguimos de pie. ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!».