3 diciembre 2021

A 26 años del crimen de la familia Turon Barrere

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Ocurrió en la zona rural de El Tejar
A 26 años del crimen de la familia Turon Barrere
El sábado 9 de febrero de 1991 fue asesinada la familia Turon Barrere, en la zona rural de El Tejar del Partido de 9 de Julio. Cuatro días más tarde se notó la ausencia de sus integrantes y una semana después se halló los cuerpos sin vida.
El 13 de febrero del año 1991 fue denunciada la desaparición de la familia Turon Barrere, de su establecimiento rural de El Tejar.
El sábado 16 aparecieron los cuerpos. El hallazgo de los cuerpos (baleados) fue en un zanjón sin agua en cercanías de la zona de Neild. Nicolás Turon Barrere (66), Edith Catalina Buscaglia (54) y Nicolás Turon Barrere (11) fueron víctima de un crimen, cometidos con una carabina.

VERDAD Y MEMORIA
Epitafio literario “dejen que las voces de los muertos en nosotros, tomen la palabra” Julian Axat

La escritura es un trance ante el vacío, el doble vacío de la ausencia familiar, y de verdades sobre tanta muerte.
Han pasado los años, pero siempre es hoy, siempre es ahora.
Hubo un expediente que cumplió el rito de la ley. De los ritos emergen fantasmas que huyen por espacios vacíos.
Modalidad de decir, de pensar, de demandar, de exclamar, de gritar, dónde se inició el estigma de un juicio que determinó sus muertes.
Y por qué la muerte de los tres. Cuáles designios tanáticos fueron motivantes del genocidio.
Entonces, toda suposición es válida. Toda conjetura. Todo postulado.
Este recorrido de interrogantes que se inició en ese infausto 9 de febrero, que nos lleva hacia el desierto y el silencio, también nos lleva a la memoria. Rescatar de aquel, y de este dolor, el acontecimiento que, aún siéndolo, no tiene palabras.
Porque no hay verdades posibles con las cuales aproximarse a lo acontecido.
Cuánta agonía padecieron, que palabras musitaron, cuánto el horror en sus miradas.
Esos cuerpos perforados, mutilados, permanecieron por seis días en putrefacto montón, en perverso abandono, al costado de un camino.
Alguien camina por esas calles, por ese pueblo, por esta provincia, que tiene alguna respuesta.
Hay alguien que puede llenar este vacío.
Alguien que podría dar una verdad reconciliable, para que haya justicia. No rito.
Cada vez, y cada año buscaré esa palabra, la justa, la precisa, la que ponga sentido a un sinsentido.
Viajo al pasado. Seguiré viajando obsesivamente para mantener esta memoria.
Soy la voz de ellos, en este grito perdura el eco que los criminales acallaron, y el campo guardó.
“Después de todo, y cada vez, se reinicia la señal que queda en los tejidos al cerrarse la herida. La cicatriz.”
* Texto enviado por Eva Turon Barrere.

* Ana Arzoumanian en «Hacer ciolencia. El régimen insurrecto en el arte»

 

Por Elvira Gonzalez Fraga
Hace un tiempo he conocido a una mujer en la que resplandece una humanidad que conmueve y que nos es frecuente encontrar.
Se llama Eva, es profesora universitaria y a la vez da apoyo a trabajos sociales. Me ha emocionado su manera de ser y me he preguntado cómo llegó su alma a florecer así.  Yo conozco otras personas que son docentes universitarias y que hacen trabajos sociales. Pero, me decía,  en esta mujer hay algo más.

Ayer lo supe.
En su familia más cercana hay mártires: una mujer, un hombre y el hijo, fueron asesinados.
Se llamaban Nicolás, Pelusa y Nicolasito de once años.
Eran ellos un matrimonio campesino con una pequeña parcela de tierra. Eran esas personas que viven dedicadas al surco, al cuidado de los animales, a las duras tareas del campo.
Eran esas personas que nos reponen el sentido de la vida por el sacrificio diario, por la dedicación, y por la sencilla alegría de vivir.
Un 9 de febrero fueron asesinados, tal vez para robarles.

De ese dolor interminable, de esa herida abierta en su pecho, surge la belleza de la vida de Eva, su gran compasión para el sufrimiento humano. De ese grito que empezó en una tarde de 1991 y que 26 años después no se ha acallado.
Es el grito que mantiene tendidos los brazos de Eva. En ella, en la querida sobrina, estos mártires siguen dando hoy su sangre para intentar día a día un mundo más humano.

* Elvira Gonzalez Fraga (Socióloga y escritora). Ha trabajado con Augusto Roa Bastos en la jerarquización de mitos y costumbres de los pueblos originarios. Preside la Fundación Ernesto Sábato dedicada a los adolescentes de zonas vulnerables. Autora de antologías y novelas, la más conocida es «La ofrenda», publicada por Editorial Losada.

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