25 septiembre 2020

El “milagro” de Pironio, una razón para peregrinar a Luján

Al exobispo de Mar del Plata se le atribuye la curación milagrosa de un niño intoxicado con purpurina. La mamá de Juan Manuel compartió su experiencia en la procesión hasta la Básilica que guarda los restos del posible futuro beato.
Caminar hasta Luján es una experiencia y una odisea que miles de personas experimentan cada año para pedir o agradecer. Son 60 largos kilómetros a pie que nadie haría porque sí o al menos sin una buena razón. Este sábado se realiza una nueva edición de la travesía que desde hace más de 40 años hace peregrinar hasta la imponente Basílica a fieles de todo el país. Pero llegar a destino es más que completar el recorrido: implica cumplir esa promesa y superar los límites físicos con la fe como motor. Las razones para llegar a Luján son personales, únicas y a veces, como en este caso, pueden estar motivadas por lo que solo a través de un milagro se puede explicar.
Prácticamente es creer o reventar. La historia de Juan Manuel Franco, quien a los 15 meses de vida se salvó milagrosa mente tras haber ingerido y aspirado purpurina, llevó a su madre -Laura Carozza- a vivir la experiencia de peregrinar hasta Luján, donde descansan los restos del cardenal y exobispo de Mar del Plata Eduardo Francisco Pironio, a quien se le atribuye el “milagro” de haber intervenido en la sanación de este niño que tras estar al borde de la muerte hoy tiene 10 años y su inexplicable curación solo encuentra a un milagro como respuesta. El Vaticano investiga el caso que podría convertir en beato al sacerdote fallecido en febrero de 1998.
En el marco de una nueva peregrinación a Luján, Laura y Mariano, los padres de Juan Manuel, compartieron su historia con QUÉ a casi nueve años de los acontecimientos a los que definen como un acto milagroso y que la llevaron a ella a vivir la experiencia de la peregrinación.

UN ACCIDENTE CASERO
Eran cerca de las 18 del viernes 1° de diciembre del 2006. Laura estaba en su casa cuidando a su primer y entonces único hijo. En un segundo de distracción, el nene hurgó dentro de una caja en la que su madre guardaba pinturas y sacó purpurina, un polvo compuesto de limadura de bronce, una aleación de cobre y zinc. Juan Franco ingirió e inhaló parte de esta sustancia.
“Primero pensé que solo se había ensuciado, pero en realidad la había comido y gran parte la aspiró. Creí que no era nada, pero noté que después le costaba respirar y lo llevé a la Clínica 25 de Mayo”, recordó Lau- ra.
Aquel accidente casero era fatal. Al menos así lo demostraban los casos anteriores de intoxicación con purpurina. El mismo médico que por la mañana casualmente había visto a Juan Manuel en un control de rutina, no encontró otra alternativa que comunicarle a sus padres que el bebé de 15 meses no tenía oportunidad de sobrevivir.
“Se contactaron con el Garraham y el área de Toxicología. Les dijeron que todos los accidentes con purpurina habían sido fatales y que no había registro de cómo proceder”, continuó.
Con el correr de las horas su cuadro se agravó. Al pequeño le costaba aún más respirar, los estudios no eran nada alentadores y los órganos estaban seriamente afectados por la presencia de estos metales pesados.
Otro de los médicos de la guardia sugirió trasladarlo al Hospital Materno Infantil. Lo llevaron cerca de la medianoche. Le indujeron el coma y le hicieron un lavaje en los bronquios. Lo único que el médico les dijo fue que si acostumbraban rezar, lo hicieran.
ESPERANZA
Pasó la noche. Al otro día, el sábado, casualmente se realizaba la tradicional Marcha de la Esperanza, que parte de la Gruta de Lourdes, recorre distintas parroquias de Mar del Plata y finaliza frente a la Iglesia Catedral.
El cardenal Pironio había sido uno de los promotores de esta marcha, que va camino a su 42° edición . Ese sábado, la procesión pasó por la parroquia ubicada detrás del Materno Infantil, donde estaba internado Juan Manuel.
En ese momento la historia tuvo su primer giro: “Había gente rezando por Juan. Nos encontramos con el padre Silvano de Sarro, estuvimos rezando junto a la Virgen. Se había largado a llover y nos sumamos a la marcha. Silvano nos entregó una cartilla con una oración y parte de la historia del cardenal Eduardo Francisco Pironio”.
Los padres de Juan Manuel no pudieron acompañar demasiadas cuadras a la multitud de fieles católicos. Debían regresar al hospital para acompañar a su hijo, que seguía sin mejorar en terapia intensiva.
El contacto con la marcha a Laura le sirvió. “Veníamos con toda esa esperanza y a partir de ahí pude concentrarme en que había que esperar, en pensar que iba a estar todo bien, me sentí mas tranquila”, recordó. Sin embargo su hijo continuaba “grave”. El informe médico así lo indicaba y lo graficaba con tres signos más para representar su delicado estado de salud.
LA ORACIÓN DEL “MILAGRO”
Laura Carozza se encontró el lunes siguiente a la mañana en uno de los pasillos del área de terapia intensiva del Materno Infantil. “Me acuerdo de ese momento con una luz”, rememora al contar que fue ahí cuando se dispuso a leer la cartilla con la historia de Pironio.
“Leí que Pironio era el menor de 22 hermanos, que cuando su mamá tuvo su primer hijo estuvo a punto de morir. Le dijeron que no podía quedar más embarazada. Sus padres eran muy católicos. La mamá se fue a confesar a Luján y el obispo le dijo ‘a veces los médicos se equivocan’”. Eso leyó Laura. Esa última, “era la frase que necesitaba escuchar en ese momento” para creer en que los médicos podían equivocarse y así tener esperanza.
Los padres de Juan Manuel pidieron que el cardenal Pironio, quien fue obispo de Mar del Plata entre 1972 y 1975, intercediera para salvar de la muerte a su hijo. “Para entonces, su estado de salud del 0 al 10, era 0,1”, añadió Mariano, el papá.
Había que esperar. Hasta entonces la oración solo había sido eso, una oración.
“LOS ESTUDIOS DIJERON QUE NO TENÍA NADA”
El martes le tomaron una muestra de sangre más, que enviaron a La Plata para obtener más rápido los resultados. Los últimos, de unas horas atrás, lo seguían mostrando al borde de la muerte. El próximo paso sería darle medicamentos para barrerle los metales en la sangre, pero primero había que esperar lo que dijeran los estudios.
“Mi mamá viajó a La Plata. Justo al mediodía iban a probar sacarle el respirador, me llamó y me dijo que los estudios indicaban que no tenía nada en la sangre. Que estaba bien, que no sabían cómo pero que los niveles eran bajos”, explicó Laura.
En realidad, no había explicación científica ni la hubo. A Juan Manuel le sacaron el respirador, había empezado a despertar y no presentaba ningún daño neuroló- gico. Pasó a terapia intermedia y después de 13 días y algunas sesiones de kinesiología para recuperar tonicidad muscular volvió a su casa como si nada le hubiese pasado.
Los médicos no lograron explicar cómo horas después de que los estudios dijeran que no le deparaban futuro el pequeño pudo recomponerse prácticamente por completo. Hoy tiene 10 años, dos hermanos mellizos y su caso es entendido por su familia y por la Iglesia como un posible milagro en proceso de comprobación.
UNA INVESTIGACIÓN RIGUROSA
De comprobarse que se trató de un milagro, el cardenal Pironio podría ser declarado beato por el Vaticano. El caso sigue bajo una rigurosa investigación tras varios años, desde que su madre recurrió a la Iglesia para compartir la historia.
“Es un proceso largo y muy riguroso que se hace en el Vaticano, en la denominada causa por todos los santos. Participa gente de todo tipo de cleros, incluso no creyentes. Son muy estrictos. Nos contactaron, vino la vicepostuladora de la Argentina y empezaron a estudiar el caso. Mandamos informes, relatos escritos por nosotros, la historia clínica. Incluso vinieron del Vaticano a Mar del Plata, se llevaron radiografías e informes. Lo siguen estudiando. Para mí fue un milagro”, afirmó Laura Carozza.
¿CASUALIDADES?
Una vez más la historia tiene eso, creer o reventar. Unos meses después de la internación, Laura fue hasta la Basílica de Luján sin saber que los restos de Pironio descansaban precisamente ahí adentro. El encuentro, la sorpresa y la emoción, se potenciaron.
Caminata a Luján milagro Pironio5
El papá de Juan Manuel es docente y trabaja desde hace tiempo en el Colegio Don Orione de Mar del Plata, establecimiento que Pironio frecuentaba en sus años como obispo de la ciudad. De hecho, el patio de la escuela se llama “Cardenal Pironio” y una placa con su nombre lo recuerda también en la entrada.
El 5 de diciembre del 2006 se registró la inexplicable mejoría de Juan Manuel Franco. Eduardo Francisco Pironio fue ordenado como sacerdote casualmente el 5 de diciembre de 1943 por el obispo Anunciado Serafini. El 23 junio de 2006 se abrió en Roma su proceso de beatificación.
La lista de casualidades sigue, pero Laura sintetiza lo que toda experiencia esta le dejó: “Creo que sin saberlo Pironio hizo su bien en la vida de mi hijo. Hoy no tiene ninguna secuela respiratoria, cognitiva ni neurológica. Los médicos me dijeron que no tiene explicación. Para mí fue un milagro y desde entonces creo mucho más en Dios”.
Nota y fotos publicadas en QUÉ Digital (Mar del Plata) el 3-10-2015 por Gonzalo Gobbi.

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