25 septiembre 2021

Falleció la profesora Elsa Etcheverry de Uriona

ELSA E. DE URIONAEl sábado último, en la ciudad de Miramar, donde se encontraba vacacionando en compañía de sus familiares, falleció la profesora Elsa Etcheverry de Uriona, cuando contaba 91 años de edad.

Siendo maestra y profesora en Letras, arribó a 9 de Julio para hacerse cargo de la empresa fundada por su padre. A poco de su arribo se incorporó al cuerpo docente de la antigua Escuela Nacional de Comercios y Anexos, hoy Escuela Normal Superior.
A lo largo de su carrera docente, no sólo pudo destacarse por su amplísimo profesionalismo, sino también por su elevada calidad humana.
Elsa Etcheverry de Uriona había nacido en Navarro, y era la menor de tres hermanas, nacidas en el hogar formado por Felipe Etcheverry, y Marcelina Cilveti. Su padre fue una figura prominente en la historia de aquella comunidad
La infancia de Elsa transcurrió en Navarro. Después de haber obtenido el título de Maestra, en el Colegio «Nuestra Señora de la Misericordia», en el barrio de Flores, optó por seguir un profesorado. Junto a una prima decidió inscribirse en el Profesorado de Matemática en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario. Si bien, pudo ingresar por promedio al mismo, poco después desistió de la empresa y prefirió iniciar, un año más tarde, el Profesorado en Letras en la Escuela Normal de Profesores, donde se graduó.
La primera experiencia como docente la realizó como maestra rural, en una escuela ubicada en el Partido de Navarro.
Elsa había contrido matrimonio con el doctor Noel Celso Uriona, un Geólogo graduado en la Universidad de Córdoba, que fue cofundador de la Escuela de Minería. Su esposo, junto a otro profesional finlandés, realizó un importante relevamiento en la Patagonia; y, más tarde, había emprendido distintas experiencias en las provincias del Norte Argentino y entre los aborígenes chaqueños.
Cuando Elsa contrae matrimonio, su esposo formaba parte del Instituto de Suelos y Agrotecnia. A su pedido fue trasladado a la Estación Citrícola Experimental de Condordia, en la Provincia de Entre Ríos, lugar donde nacieron sus tres hijos menores: Marcelo, Elsa y Felipe. La mayor, Marcela, había nacido en Buenos Aires.
En 1956, junto a su familia, Elsa E. de Uriona arribó a 9 de Julio. Venía para hacerse cargo de la Empresa de Servicios Fúnebres «Casa Etcheverry», que su padre había fundado en 1928 como sucursal de la que poseía en Navarro. Después de producida la Revolución de 1955 la Escuela Nacional de Comercio había quedado bajo la dirección de un interventor, el doctor Aníbal Monti, quien la designó en 13 horas de cátedra.
El 2 de octubre de 1970 Elsa E. de Uriona fue nombrada vice directora titular, la primera en la historia de la Escuela Nacional de Comercio. A ese cargo llegó por concurso de oposición y antecedentes.
El 1º de junio de 1975 asumió la dirección de la escuela, al producirse el fallecimiento del profesor Ernesto Prieto Hayes. En este cargo permaneció hasta el 31 de marzo de 1983 en que se acogió a los beneficios de la jubilación.
El Diario EL 9 DE JULIO contó a Elsa E. de Uriona entre sus más cercanos colaboradores. A finales de la década de 1990, publicaba una interesante columna: «Atisbando otros países»; así como también un excelente compendio acerca de los abuelos vascos en el Plata. Más tarde, hace un par de años, siguó colaborando con excelentes relatos de viajes que fueron editados en el suplemento «Mensajes que enriquecen el alma» (del día viernes).
La docencia, para Elsa E. de Uriona fue, en efecto, el sentido fundante de su vida. Precisamente, esa vocación le permitió encontrar un camino lleno de satisfacciones.
En ocasión de una entrevista mantenida con EL 9 DE JULIO, hace más de una década, Elsa manifestaba que «para ejercer la docencia hay que tener vocación; pues cuánto más profunda es ésta, más gratificante es la tarea».
«Cumplí un ciclo -añadía-. Agradezco a Dios la vida que he tenido y la familia que tengo. Nunca olvidaré a mis compañeros ni a mis alumnos. A todos les agradezco infinitamente».
Los restos mostales de Elsa E. de Uriona fueron inhumados en la tarde de ayer en el cementerio de esta ciudad, previas exequias en la Catedral.

LA E.N.S. DESPIDIO SUS RESTOS

En la tarde de ayer, durante el sepelio de los restos de Elsa E. de Uriona, el profesor Marcelo Baglietto, director de la Unidad Académica de la Escuela Normal Superior pronunció palabras en memoria de quien fuera directora del establecimiento, en cuyo texto se refleja el amor a su profesión u su calidad humana.

En la oportunidad, Baglietto, leyó algunos pasajes de la semblanza «Pincelando recuerdos», escrito por Elsa E. de Uriona en 1993, y publicada en la revista editada en ocasión del cincuentenario de la E.N.S.:
«Siendo que la Escuela Nacional de Comercio enriqueció mi vida y que aún la sigue enriqueciendo. Hay en mi imágenes y palabras congeladas, de quienes fueron mis compañeros y alumnos.
«Junto a todos ellos, algo que marcó un antes y un después en mi carrera docentes: el examen para ser nombrada Vicedirectora titular. Me enfrenté a lo desconocido, en un lugar al que sólo conocía de nombre: el Normal de Proferores «Mariano Acosta». La transparencia de dicho examen fue tal, que el jurado no sabía el examen de quién estaba corrigiendo, ya que firmamos todos con pseudónimo. En el interior de un sobre habíamos escrito nuestra verdadera identidad y el mismo fue abierto al tercer día, finalizados los exámenes. Para hacer nuestros informer no podíamos concurrir a dependencia alguna del establecimiento, si no íbamos acompañados de algún miembro de jurado. Inclusive todos los temas posibles estaban sobre un escritorio en veinte sobres cerrados. De ellos un concursante, al azar, eligió cinco, y el otro eligió el que nos había tocado en suerte. El que hizo que llorara de felicidad cuando supe el resultado. Es que sentía que me había jugado íntegra, ante los alumnos y ante mis compañeros.
«En el trato con los alumnos hubo mutuo respeto. Como profesora creo haber pedido amonestaciones solamente en dos o tres oportunidades. Traté de ser justa, aunque sólo Dios sabe si lo logré. De todos mis alumnos guardo un precioso recuerdo, fui feliz con ellos. Para algunas promociones, por la calidad de sus integrantes y el carisma de sus líderes, atesoro muy en el fondo de mi alma un especial cariño.
«A varios años de jubilada, miro ese pasado y doy infinitas gracias a Dios por haber pertenecido al personal de esa bendita Escuela Nacional Normal Superior».

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