28 octubre 2020

La batalla de Tucumán

Por Paolo Barbieri.
Con los primeros soles de la primavera de 1812 el ejército del Gral. Belgrano se preparaba para su hora más gloriosa. Atrás quedaba la derrota sufrida en la batalla de Huaqui con la consecuente pérdida del Alto Perú y la retirada del ejército ¡que fue casi una fuga! tanto de día como de noche para no ser alcanzados y destruidos por los realistas. La desmoralización general en que se encontraban los soldados comenzó a modificarse a partir de la extrema medida tomada por Belgrano de “tierra arrasada” con el heroico éxodo jujeño. Todo un pueblo abandonando sus hogares, propiedades y no dejando nada en pie con tal de detener el ímpetu de persecución de los realistas.
Belgrano sabía que de él dependía el éxito de la revolución de Mayo, ser libres era una empresa peligrosa y que requería una entrega total.
El gobierno desesperado, rodeado por los realistas al Norte y por la indefinición de la guerra en la Banda oriental, ordena a Belgrano que se repliegue hasta Córdoba. Pero pequeños triunfos logrados por el Cnel. Díaz Vélez, que mandaba la retaguardia, mejoraron el ánimo del ejército e influyeron decididamente en Belgrano para desobedecer la orden y detenerse en Tucumán, “para no perderlo todo” según sus propias palabras.
Su desobedecimiento, si bien muchas veces visto como un acto de rebeldía, fue inspirado por varias razones. En primer lugar Belgrano no quería dejar abandonado a su suerte tanto territorio, ya había caído Salta (que en esa época abarcaba a Jujuy) y el repliegue desde ésta fue el éxodo jujeño. Pero fundamentalmente Belgrano se decidió por Tucumán por ventajas tácticas, ya que aquí confluía el fin del camino fragoso por la sierra de un lado, y el comienzo del llano hacia el sur con comunicaciones más fáciles a los centros de abastecimientos, y tampoco quería perder la adhesión popular del pueblo tucumano por la causa de Mayo.
Su plan era librar la acción fuera del linde urbano y en caso de ser derrotado encerrarse en la plaza “hasta concluir con honor” según expuso.
Conocida la resolución de Belgrano el triunvirato volvió a intimar de modo desesperado para que prosiguiera su retirada, pero Belgrano no acató la orden.
Así que todo se dispuso para la batalla.
Belgrano como primer medida envía a Balcarce a la ciudad de Tucumán para preparar su defensa y para inspirar el espíritu combativo de sus habitantes. Contaba con 1600 hombres contra 3000 hombres de los realistas. La empresa ¡no era sencilla!
Pío de Tristán, comandante de los realistas, se adelantó a las fuerzas de Belgrano pasando la ciudad de Tucumán; de esta manera los Realistas se encontraban ahora en las espaldas de Belgrano, obligándolo a éste a pelear en un “frente invertido”. Pero lo más grave de esta situación era que ahora las tropas de Belgrano no iban a poder replegarse en caso de sufrir una derrota.
Belgrano organizó su infantería, inferior en un tercio a la realista, en tres columnas, más una columna de reserva al mando del coronel Manuel Dorrego. La caballería formaba en las alas para evitar ser flanqueados, ala derecha al mando de Balcarce y ala izquierda al mando de Díaz Vélez, quedando Rodríguez como reserva.
Pasadas las 8 de la mañana del 24 de septiembre de 1812 comenzaba la batalla por la soberanía.
La caballería comandada por Balcarce arrolló a los Realistas, pero lo contrario sucedió en el ala izquierda patriota, que tuvo que replegarse en la ciudad.
Belgrano junto a la derecha triunfante se dirigió a la ciudad, pero en las afueras fue recibido a cañonazos, por lo que decidió detenerse hasta saber que había sucedido con el resto del ejército.
Lo que sucedió es que Díaz Vélez, segundo de Belgrano, se había atrincherado en la ciudad, habiendo rechazado una intimación de rendición de Tristán, pero la noche suspendió las hostilidades.
Con las luces del nuevo día los patriotas pudieron reunirse con quienes estaban atrincherados en la ciudad, y estando estos mejor organizados y preparados para librar un ataque encontraron al día siguiente que las tropas realistas se habían retirado en dirección a Salta.
La batalla de Tucumán mantuvo en pie a la Revolución de Mayo, ni antes ni después se tuvo tanto riesgo de ser reconquistados los territorios rioplatenses, que fueron los únicos de toda Sudamérica en no volver a caer bajo el manto realista. Fue sin lugar a dudas la batalla por la Soberanía!
Fue la hora más gloriosa del Gral. Belgrano junto a la victoria conseguida unos meses después en Salta.
La batalla de Tucumán sirvió para concretar la jura de la bandera, ya que luego de su creación en Rosario había sido prohibido su uso por el Triunvirato, reservándola “para la hora de una gran victoria” y vaya que ésta lo fue!
Por eso hoy recordamos ese hito de nuestra historia, donde el Gral. Belgrano expuso su espíritu indubitable y su entrega total para salvar la Revolución, la cual le costó su fortuna y hasta su propia vida.

Paolo Barbieri.
DNI 29930693
Paolobarbieri83@gmail.com

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