Hubo quienes la miraron con recelo, y las propias autoridades municipales de entonces, absorbidas por intereses de otra índole, demoraron años en comprender su alcance. Fue el doctor Jorge del Río quien, a comienzos de la década de 1940, asumió el papel de principal divulgador de estos ideales. Expuso a través de la prensa local y de conferencias públicas los beneficios de un modelo que apuntaba, en primer término, a la cooperativización de los servicios públicos, particularmente el de energía eléctrica, entonces en manos de capitales extranjeros.
Sin embargo, conviene precisar que el ideario cooperativo ya había dado sus primeros frutos concretos algunos años antes de aquel impulso de cooperativismo en el servicio eléctrico. El 9 de septiembre de 1948 se fundó la Cooperativa Agrícola Ganadera de 9 de Julio Ltda., una de las entidades pioneras del cooperativismo agropecuario en el distrito.
Esta Cooperativa tuvo su sede en la esquina de Libertad y Salta, donde después funcionó la filial local de la Cooperativa “El Hogar Obrero” con “Supercoop”.

UN ACTO FUNDACIONAL
El hito inaugural del cooperativismo nuevejuliense tiene fecha precisa: la tarde del 26 de noviembre de 1949. En una asamblea celebrada en la Cámara de Comercio e Industria, la Usina Eléctrica Popular, sociedad anónima creada diecinueve años antes, se transformó en cooperativa. El periódico “La Fe”, en su edición del 30 de noviembre de aquel año, dejó constancia del acontecimiento y de la presencia del abogado Jorge del Río como mentor principal de la iniciativa.
Aquel primer consejo de administración cooperativo reunió a veintidós vecinos, entre ellos Clemente Eceizabarrena, quien pronunciaría el discurso inaugural como primer presidente, Pablo Darino, Manuel Viegas y Antonio Aita, por citar solo algunos.
El reconocimiento institucional llegó poco después. El 23 de febrero de 1950 el gobierno provincial otorgó personería jurídica a la entidad y el 12 de mayo del mismo año quedó inscripta en el Registro Nacional de Cooperativas.
Con el correr de las décadas, aquella Usina Eléctrica Popular se convertiría en la actual Cooperativa Eléctrica y de Servicios “Mariano Moreno” que además de energía provee hoy servicios de emergencias médicas, sepelio, gas, telefonía, internet, telemedicina, y que en su momento asumió tareas tan diversas como la pavimentación urbana y la construcción de una planta de purificación de agua para Ciudad Nueva.

UN PERIODISTA ENTRE LAS FILAS COOPERATIVAS: ANTONIO AITA
Ninguna reconstrucción de este proceso estaría completa sin detenerse en la figura de Antonio Aita, director del Diario EL 9 DE JULIO y protagonista de buena parte de estas gestas. Mientras otros medios cedían su independencia editorial a cambio de pauta publicitaria del trust eléctrico, Antonio, junto a su hermano Alberto (“Reca”), sostuvo desde las páginas del Diario EL 9 DE JULIO una posición inquebrantable en favor de la causa cooperativa.
Antonio entendió tempranamente que la solidaridad, antes que una consigna, era una vivencia que debía anteceder a cualquier compromiso.
Su labor no se limitó al acompañamiento periodístico. Impulsó también la creación de la Cooperativa de Viviendas, Ahorro, Crédito y Consumo Limitada de 9 de Julio, constituida en asamblea el 16 de marzo de 1957 y activa hasta 1978. El acta fundacional de esa entidad reconoce explícitamente que fue la campaña sostenida por el Diario la que dio origen al organismo, tras el contacto entre Aita y el comisionado municipal Roberto Latino Córdoba. Años más tarde, el mismo Diario respaldaría los orígenes de la Cooperativa de Viviendas “Tres Lagunas”, constituida en 1987 y todavía en funciones.

LA EXPANSIÓN HACIA LAS LOCALIDADES DEL INTERIOR
El impulso cooperativo no permaneció circunscrito a la ciudad cabecera. En Dudignac, pionera en la materia, la Cooperativa Eléctrica presta hoy servicios de electricidad, gas, obras y sepelio, entre otros, mientras que la Cooperativa Agrícola Ganadera (fundada formalmente el 21 de mayo de 1960, aunque con antecedentes que se remontan a 1955 como sucursal de la cooperativa homónima nuevejuliense) ofrece acopio de cereales, comercialización de hacienda, insumos agrícolas y asesoramiento integral al productor. En 1971 nació la Cooperativa de Provisión de Obras y Servicios Públicos “Facundo Quiroga”, y a ella se sumaron, cada una en su ámbito territorial, la cooperativa de Morea, la de French y la de La Niña, muchas de las cuales fueron ampliando su oferta original, casi siempre ligada a la energía eléctrica, hacia el agua potable, el gas y los servicios sociales de emergencia o sepelio.
Un capítulo singular de esta historia, y de particular relevancia para comprender el alcance transformador del cooperativismo, corresponde a la localidad de Morea. Allí, la Cooperativa de Agua Potable, Vivienda, Consumo y otros Servicios Públicos no se limitó a las prestaciones tradicionales del sector sino que, hacia finales de la década de 1990, protagonizó un hito tecnológico de alcance distrital: a través de su nodo “Morea Dataco”, se convirtió en la primera entidad en ofrecer el servicio de internet de conexión por discado (dial-up) a la ciudad de 9 de Julio.
El dato no es menor. En una época en que la conectividad digital comenzaba apenas a insinuarse en el interior bonaerense, y en que su despliegue solía asociarse a las grandes empresas de telecomunicaciones, fue una cooperativa de una localidad pequeña la que asumió el riesgo y la delantera de traer ese servicio a la cabecera del partido. El episodio ilustra, con elocuencia, un rasgo que atraviesa toda la historia cooperativa nuevejuliense, la capacidad de estas entidades para anticiparse a las necesidades emergentes de la comunidad, incluso cuando esas necesidades trascienden ampliamente el objeto social originario que les dio nacimiento.

Dentro del ejido urbano, la Cooperativa “El Lucero” nucleó a los trabajadores recicladores; “El Horizonte” mantuvo su lucha por sostener la fuente laboral vinculada al matadero municipal y “Mano Amiga” persiguió objetivos análogos de contención social.
El distrito llegó incluso a albergar, en materia de gestión de residuos, una experiencia singular: Coodecoop de 9 de Julio, fundada el 31 de agosto de 1997. Fue la segunda cooperativa de cooperativas creada en el país. Dedicada a la recolección de residuos urbanos, funcionó hasta el año 2008.
A esta trama se suma, desde una escala nacional, el Banco Credicoop Cooperativo Limitado, fundado en 1979 a partir de la fusión de cuarenta y cuatro cajas de crédito cooperativo, algunas con más de sesenta años de trayectoria previa. Regido bajo el principio de “un asociado, un voto”, Credicoop cuenta en 9 de Julio con su filial 117, en la esquina de San Martín y Libertad.

El cooperativismo en 9 de Julio no fue nunca una abstracción doctrinaria, sino la traducción concreta de un principio. El bienestar colectivo se construye con las manos de muchos y no con la fortuna de pocos.
Los nombres que aquí se han recordado son testimonios de una ética que, en tiempos donde el individualismo suele imponerse con descaro, todavía tiene algo que enseñarnos. Incluso el ocaso de experiencias como Coodecoop forma parte de esa enseñanza: el cooperativismo no es una conquista definitiva, sino una tarea que cada generación debe sostener.


