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Nueve de Julio
sábado, julio 4, 2026

Se celebra el Día Internacional del Cooperativismo

Hoy, primer sábado del mes de julio, el calendario internacional se detiene brevemente a celebrar algo que rara vez ocupa titulares: la persistencia de una idea. El Día Internacional del Cooperativismo, que se conmemora cada primer sábado de julio, no responde a la efeméride de un hecho puntual sino al reconocimiento gradual, construido a lo largo de casi un siglo, de que existe una forma de organizar la actividad económica que antepone la persona al capital. Vale la pena, en vísperas de esa fecha, repasar cómo se gestó ese reconocimiento y qué principios sostienen, todavía hoy, al movimiento cooperativo en el mundo.


UNA IDEA QUE NACIÓ EN LONDRES
El origen institucional del cooperativismo internacional se remonta a 1895, cuando en Londres quedó fundada la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), organismo que con el tiempo llegaría a nuclear a organizaciones cooperativas de cien países y a más de setecientos millones de asociados en todo el planeta.
La propia ACI, apenas veintiocho años después de su fundación, comprendió la necesidad de instituir una jornada de conmemoración. En 1923, su Comité Ejecutivo recomendó establecer un día internacional dedicado a las cooperativas, sentando así la primera piedra de una tradición que tardaría siete décadas en alcanzar reconocimiento formal por parte de la comunidad internacional.
EL RECONOCIMIENTO DE LAS NACIONES UNIDAS
Ese reconocimiento llegó, finalmente, sobre el filo del siglo XX. El 16 de diciembre de 1992, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, mediante la resolución 47/90, proclamó la necesidad de instaurar un Día Internacional de las Cooperativas a partir de julio de 1995, fecha elegida deliberadamente para hacer coincidir la celebración con el centenario de la fundación de la ACI.
Dos años más tarde, el 23 de diciembre de 1994, una nueva resolución invitó a gobiernos, organismos especializados y organizaciones cooperativas de todo el mundo a observar anualmente esta fecha. En un gesto que trascendía lo protocolar, la ONU reconocía explícitamente que el cooperativismo se había convertido en un factor indispensable del desarrollo económico y social contemporáneo.
Fue así como, en 1995, quedó establecido que la celebración debía realizarse cada año por los gobiernos en colaboración con sus respectivos movimientos cooperativos nacionales. Un año después, con motivo del Año Internacional para la Erradicación de la Pobreza, las Naciones Unidas volvieron sobre el asunto para subrayar algo que los organismos multilaterales no siempre destacan con la misma insistencia: la contribución concreta y mensurable de las cooperativas en la reducción de la pobreza, y la conveniencia de asociar más estrechamente al movimiento con esa tarea.
LOS PRINCIPIOS QUE SOSTIENEN AL MOVIMIENTO
Detrás de esta arquitectura institucional subyace un cuerpo doctrinario que ha permanecido notablemente estable a lo largo del tiempo. El cooperativismo se asienta sobre principios como el ingreso libre y voluntario de sus miembros, la gestión democrática (donde cada asociado cuenta con voz y voto en igualdad de condiciones), la participación económica equitativa, la autonomía e independencia respecto de intereses ajenos a la propia entidad, el compromiso con la educación y la formación permanente de sus integrantes, la cooperación entre distintas entidades cooperativas y, finalmente, el interés genuino por el desarrollo de la comunidad en la que cada cooperativa se inserta.
Estos principios no son enunciados abstractos, pues encuentran su correlato en valores concretos que orientan la conducta cotidiana de toda organización cooperativa genuina. La ayuda mutua, la responsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad conforman, en conjunto, una ética que distingue a estas entidades de cualquier otra forma asociativa con fines de lucro.
UNA CELEBRACION QUE INTERPELA
Que la ONU haya elegido asociar la conmemoración del cooperativismo con la lucha contra la pobreza no es casual ni menor. Revela una convicción que el propio movimiento ha sostenido desde sus orígenes decimonónicos: que el desarrollo económico y la justicia social no son necesariamente términos antagónicos, sino que pueden y quizás deban construirse conjuntamente a través de formas organizativas donde la propiedad es colectiva y la decisión, democrática.
En vísperas de esta nueva celebración, conviene no perder de vista que cada aniversario internacional es, también, una invitación a preguntarse si los principios que le dieron origen siguen vivos en las instituciones que decimos honrar.

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