Por Héctor José Iaconis.
La historia de los pueblos bonaerenses del siglo XIX suele narrarse a partir de grandes procesos, tales como la expansión de la frontera, la organización institucional, la llegada de inmigrantes o la consolidación del modelo agroexportador. Sin embargo, detrás de esos movimientos históricos actuaron figuras concretas que, desde distintos ámbitos, contribuyeron a modelar el territorio y sus dinámicas económicas. Entre ellas se encuentra Adolfo Bullrich, empresario, rematador público y dirigente politico.
Aunque su nombre quedó asociado principalmente a la célebre firma de remates fundada en 1867 y a su posterior desempeño como intendente de la ciudad de Buenos Aires, Bullrich mantuvo una relación significativa con el Partido de 9 de Julio durante las décadas fundacionales de la hoy ciudad cabecera. Su intervención como propietario rural, mandatario o gestor municipal y agente en operaciones vinculadas con tierras públicas lo situó en una parte de nuestra historia.
Adolfo Bullrich nació en Buenos Aires el 30 de diciembre de 1833, hijo de Adolfo Bullrich y Baldomera María Rejas. Procedente de una familia vinculada al comercio, recibió una educación poco frecuente para la época. Transcurrió parte de su infancia y juventud en Alemania y completó posteriormente sus estudios en Inglaterra. Esa formación europea le otorgó una amplia visión empresarial y una notable capacidad para desenvolverse en los círculos comerciales y políticos de su tiempo.
A su regreso al país se dedicó al comercio, aunque también participó en la vida militar durante los años convulsionados de la organización nacional. Integró milicias y tomó parte en episodios decisivos como Cepeda y Pavón, bajo las órdenes del entonces teniente coronel Emilio Castro. Aquella experiencia le permitió vincularse con sectores influyentes de la dirigencia porteña y provincial.
En 1862 contrajo matrimonio con Manuela Genoveva Florencia Robbio (1844-1889), prima del caudillo autonomista nuevejuliense Nicolás Liberato Robbio, con quien tuvo siete hijos. Poco después comenzaría el período más intenso de su ascenso económico y político.

EL EMPRESARIO
La fundación, el 8 de abril de 1867, de la casa de remates “Adolfo Bullrich y Compañía” marcó el inicio de una empresa destinada a convertirse en una de las firmas comerciales más influyentes de la Argentina. Su actividad no se limitó a las subastas urbanas, Bullrich comprendió tempranamente el valor estratégico de la ganadería de pedigree, de las grandes extensiones rurales y del dinamismo económico que comenzaba a irradiar la campaña bonaerense.
La expansión del ferrocarril, el avance de la frontera y la valorización creciente de la tierra transformaban al interior provincial en un escenario de oportunidades económicas inéditas. En ese contexto, Bullrich se vinculó con diversos partidos del oeste de Buenos Aires, entre ellos 9 de Julio.
BULLRICH Y 9 DE JULIO
El Registro Gráfico de las propiedades rurales de la Provincia de Buenos Aires de 1864 permite constatar que ya entonces figuraba como propietario de una estancia cerca del recientemente creado pueblo de 9 de Julio, incluso cuando aún no había sido creado el Partido. Esto evidencia su temprana inserción en el espacio rural nuevenjuliense. Aquella presencia no fue episódica ni meramente especulativa, durante años mantuvo relaciones directas con las autoridades locales y participó activamente en asuntos vinculados con la administración y comercialización de tierras.
Entre 1866 y 1880 Bullrich actuó como gestor y mandatario de la Corporación Municipal de 9 de Julio en Buenos Aires. Esa función, quizá menos conocida, revela el grado de confianza que las autoridades locales depositaban en él para representar los intereses del partido ante organismos y oficinas provincials y nacionales.
Su nombre aparece además mencionado en “Crónica Vecinal de Nueve de Julio” de Buenaventura N. Vita, particularmente en el capítulo correspondiente al año 1870. Allí se registra un episodio singular. El juez de Paz y presidente de la Municipalidad, Enrique Bouquet le encargó a Bullrich la adquisición de una estatua alegórica de la Libertad destinada a coronar la pirámide levantada en la Plaza “General Belgrano”, primer monumento conmemorativo en el pueblo.
El hecho, aparentemente menor, posee un profundo valor simbólico. La pirámide constituía un monumento patriótico destinado a reafirmar la identidad institucional del joven pueblo. Que Bullrich fuese el intermediario elegido para conseguir en Buenos Aires, o incluso gestionar eventualmente en Europa, una escultura para esa obra, demuestra la existencia de vínculos fluidos y permanentes con las autoridades locales.
En 1875 fue comisionado para subastar, por mandato del gobierno provincial, tierras públicas ubicadas en el Partido de 9 de Julio. Este tipo de ventas, en los pueblos formados recientemente no sólo atraían capitales, también contribuían a fijar una población estable, ampliar la producción agropecuaria y fortalecer la estructura de los nuevos municipios organizados. En esa tarea, Bullrich actuó como uno de los operadores más experimentados y prestigiosos de la provincia.
Su posterior desempeño como director del Banco Hipotecario Nacional y, más tarde, como intendente de Buenos Aires entre 1898 y 1902, consolidó una trayectoria atravesada por la preocupación por el desarrollo urbano.

URBANISMO, PODER Y EXPANSIÓN. UNA FIGURA EN LAS TENSIONES DE SU TIEMPO
Desde una perspectiva urbanística e histórica, la figura de Bullrich permite comprender cómo las ciudades y pueblos del interior bonaerense comenzaron a integrarse a circuitos económicos cada vez más amplios. 9 de Julio, que en sus primeras décadas conservaba aún rasgos de enclave fronterizo, iniciaba entonces un proceso de transformación material, a veces inestable, con la paulatina apertura de caminos, subdivisión de tierras, creación de infraestructura básica y organización de servicios públicos.
No obstante los indudables méritos empresariales y administrativos de Adolfo Bullrich, su trayectoria también debe ser examinada desde una perspectiva crítica, especialmente si se considera el contexto histórico en el que desarrolló buena parte de sus actividades económicas. Esa misma valorización de la tierra que, como dijimos, atraía capitales era, vista desde otro ángulo, un ciclo de desposesión sobre las poblaciones indígenas.
La propia lógica de especulación de las tierras del oeste y sur bonaerense se asentó sobre campañas militares que buscaron consolidar el dominio efectivo del Estado sobre territorios considerados “fronterizos”. En ese marco, las grandes casas de remates desempeñaron un papel decisivo en la reorganización económica posterior a la ocupación militar. La firma Bullrich participó activamente de ese proceso de incorporación de nuevas tierras al mercado agropecuario y financiero.
Algunos anuncios publicitarios de la casa “Adolfo Bullrich y Cía.”, concebidas dentro del clima ideológico de la época, evidencian hasta qué punto ciertos sectores comerciales naturalizaban el exterminio indígena como parte del discurso civilizatorio dominante.
Desde esta perspectiva, la figura de Bullrich adquiere una densidad histórica mayor. Aparece aquí también como parte de un sistema económico y político que consolidó profundas desigualdades en la distribución de la tierra y en la apropiación de los recursos de la campaña bonaerense.
Mirar hoy la trayectoria de Adolfo Bullrich implica, por lo tanto, evitar tanto la condena simplista como la exaltación acrítica. Su derrotero condensa, desde un ángulo que nos es propio, las ambivalencias de la Argentina liberal de fines del siglo XIX. En 9 de Julio, como en tantos pueblos del oeste bonaerense, esa época dejó una doble herencia; por un lado, la de las instituciones fundadas, la geografía mensurada y los proyectos de progreso, por otro, la de las exclusiones, las violencias y las disputas territoriales cuyos efectos sociales perdurarían durante décadas.
PALABRAS FINALES
Adolfo Bullrich murió en París el 8 de abril de 1904. Sus restos fueron repatriados al año siguiente y su nombre quedó perpetuado en una de las avenidas de la ciudad de Buenos Aires.
En 9 de Julio, su presencia aparece ligada a un tiempo fundacional, a las aspiraciones de progreso de una comunidad que nacía. Bullrich representó, en cierto modo, el nexo entre la ciudad portuaria y la campaña emergente, entre los capitales porteños y los pueblos que comenzaban a consolidarse en el corazón del oeste bonaerense.


