1 agosto 2021

«Casa Amerio», vinería y almacén

Por Héctor José Iaconis.

Incólume, silencioso, impávido y testimonial se yergue el viejo edificio de “Casa Amerio”, el legendario almacén y vinería que, por espacio de varias décadas, funcionó en 9 de Julio. En la esquina de General Vedia y Adolfo Alsina se encuentra el solar sobre el cual plantada está la añosa construcción de estilo italianizante.

Exterior e interiormente, sus paredes, guardan vestigios de un pasado rico; la vitalidad de los viejos almacenes de antaño, aquellos en cuyo entorno circundaba vibrante una vida propia, un clima tan peculiar como cautivante. Ingresar a esos lugares constituía una experiencia incoercible: al trasponer la puerta de acceso y hallar el gran mostrador, las estanterías atestadas de todo tipo de mercaderías, gavetas y repisas, cajones y artesas para preservar los sueltos; bordelesas, barricas pequeñas y damajuanas, y tantas cosas más.

Era aquel, sin dudas, un friso maravilloso, hoy velado por la fosca del pasado.

Interior de «Casa Amerio» en la década de 1930. Se observa, en el centro a Santiago Amerio, hijo de Juan Amerio.

NACER CON EL SIGLO

“Casa Amerio” fue fundada hacia 1900 por Juan Amerio, un inmigrante italiano. Se trataba de una vinería y almacén muy frecuentada no solamente por los vecinos del barrio cercano a la estación del Ferrocarril del Oeste. Disponía de un stock de vinos nacionales e importados, aceites, conservas, gaseosas y juegos. Asimismo, Don Juan, en aquellos años iniciales, vendía vino y otras bebidas de fabricación propia. Aún se conserva el alcoholímetro, con su estuche original, un densímetro tipo Gay-Lussac, que empleaba para esa finalidad.

Tras la muerte de su fundador, fue atendida por su esposa Teresa Basso y por sus hijos. Uno de ellos, Santiago, fue quien se puso al frente, transformándola en un comercio de vanguardia.

Hacia 1930 “Casa Amerio” era concesionario de la cervecería “Quilmes”, del agua mineral “Copelina” y de la yerba mate “Sapac”, también de Bemberg. Por otra parte, contaba con una representación de los productor “Trebolgiano”, pertenecientes a la firma de Victorio y Esteban De Lorenzi.

Una tercera generación debió proseguir con el legado familiar. Fueron, Tulio, Mario y Hugo, los hijos de don Santiago quienes, junto su madre, la inolvidable Fermina, prosiguieron con el comercio. Más fugaz fue la presencia de Helio, el otro hijo de Santiago y Fermina, profesor de sólida formación intelectual y exquisita sensibilidad, cuya vida se apagó en plena juventud.

En una segunda época, ya en la década de 1980, «Casa Amerio» siguió su labor, estando a su cargo la cuarta generación: Santiago y Tulio (hijo), bisnietos del fundador.

Juan Amerio, fundador de la casa.

Tulio Amerio (padre). Junto a sus hermanos Mario, Helio y Hugo, fueron la tercera generación al frente de «Casa Amerio».

SINESTESIA DEL PASADO

Los viejos muros de “Casa Amerio” continúan enseñándonos algo de su rica historia. Desde luego, con el correr de los años, la fachada ha sufrido algunas modificaciones. Acaso ya no se conserve la antigua plataforma desde la cual se descendían los toneles con los vinos, que llegaban por ferrocarril, desde la vereda directamente al sótano. Sin embardo, la carpintería metálica se preserva original, tal como fue confeccionada en los mentados talleres de Pedro Vasena e hijos, en Barracas, industria metalúrgica que adquirió fama en ocasión de los sucesos de la llamada «Semana Trágica» de 1919.

Como extrañas metáforas de lo que ha sucedido, de lo que ya no es ni volverá a ser, los edificios antiguos nos permiten evocar el pasado con una insalvable restricción: solo es posible acceder a fragmentos. Apenas unos pocos de muchos aconteceres nos son dados conocer.

Quizá la brevedad de esta semblanza sea, en cierto modo, muestra de esa limitación.

Aviso publicitario de «Casa Amerio», publicado en la década de 1940.

Facsímil de la etiqueta de una lata de dulce de batata «Amerio Hnos.», que comercializaba la casa.

Membrete de un remito de «Casa Amerio», cuando era propiedad de la esposa del fundador, Teresa Basso de Amerio.

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