9 julio 2020

El Obispo diocesano celebró la Misa Crismal

Fue transmitida en forma virtual

En la tarde de ayer, el Obispo de la Diócesis de 9 de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi, presidió la Misa Crismal, que fue concelebrada por un número reducido de sacerdotes y si la concurrencia de los fieles. No obstante, fue transmitida de manera virtual por la red social Facebook para que pueda ser seguida por la comunidad laical desde sus hogares.
Tradicionalmente, esta misa solemne forma parte de la Semana Santa y se realiza con la presencia de todos los presbíteros de la Diócesis; sin embargo, la situaciòn sanitaria imperante obligó a postergarla y, ahora, a celebrarla de manera extraordinaria, ante la inminente finalización del Tiempo Pascual que acontecerá el próximo domingo, con la Solemnidad de Pentecostés.

LA MISA CRISMAL
La Misa Crismal es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. En ella se consagra el Santo Crisma, se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y los presbíteros renuevan sus promesas de fidelidad.

«UN VIRUS INVISIBLE A LA SIMPLE MIRADA DE LOS OJOS»
Durante el desarrollo de la Misa Crismal de ayer, monseñor Torrado Mosconi, dirigió su homilía a la feligresía y a su clero.
Entre otros conceptos, luego de explicar la significación de esta celebración, a la que definió como «uno de los acontecimientos más entrañables y significativos en la vida de la Iglesia particular», pidió que «sea esta celebración como una verdadera súplica y clamor a Dios para que nos libere de la pandemia y podamos volver a participar de manera ordinaria de la Eucaristía y los demás sacramentos».
«La Iglesia catedral vacía -expresó- sin la presencia del presbiterio en su conjunto, los fieles siguiendo la liturgia en forma virtual, son una muestra contundente e incontestable de ese otro vacío, incertidumbre y temor en el cual están sumidas millones de personas. Este virus, invisible a la simple mirada de los ojos, ha trastocado la vida cotidiana la mayoría de la humanidad y nos hace sufrir por la pérdida de tantas vidas, la enfermedad y la necesidad a la cual son arrojadas tantísimos seres humanos.Como creyentes -mirando particularmente la vida de nuestra querida diócesis- tengo la impresión de que hemos reaccionado y respondido con acierto, rapidez y generosidad».

«NO PODEMOS DARNOS POR SATISFECHOS»
Al hacer referencia a la labor de la Iglesia diocesana en el marco de la pandemia de COVID-19, el Obispo recordó que «los sacerdotes han tratado de seguir llevando adelante la tarea evangelizadora, comunicándose con los fieles, mediante las posibilidades dadas por las nuevas tecnologías, para confortarlos en su soledad y dolor, para seguir predicando y catequizando en la fe, alentando el testimonio en un escenario y condiciones de vida tan novedoso como inesperado».
«Realmente -añadió- notable y destacable, ha sido la acción de caridad. Cáritas está impulsando la generosidad y solidaridad de los cristianos ante el dolor y la necesidad de nuestros hermanos más pobres, solos, enfermos o ancianos, con medidas, acciones y campañas bien concretas. Ciertamente no podemos darnos por satisfechos. No obstante, debemos estar agradecidos por estos frutos genuinamente evangélicos que asoman en medio de la vulnerabilidad y ante situaciones siempre latentes de la mezquindad y división».

VOLVER A LA VIDA SACRAMENTAL
Monseñor Torredo Mosconi reconoció que «es verdad que, gracias a las nuevas tecnologías se puede seguir la celebración a través de los medios digitales, sin embargo, del mismo modo que no es lo mismo ver una foto de un ser querido, o un video o hasta una video llamada, que ciertamente nos acercan, pero al mismo tiempo nos hacen ansiar aún más el momento del encuentro personal para el abrazo y la cercanía que no puede brindar ninguna tecnología».
«La Palabra divina -que tal vez podemos contemplar más reposadamente posibilitado por el aislamiento social de estos días- y el testimonio de la caridad nutridos por la gracia sacramental, son el sostén de la existencia cristiana. Palabra, celebración sacramental y testimonio de caridad son constitutivos de la vida eclesial», expresó.

«RECONSTRUCCION DEL TEJIDO SOCIAL»
El prelado hizo hincapié, en su homilía, en «la recomposición y reconstrucción del tejido social, cuanto del interior de las personas devastadas por la angustia o tentadas por el egoísmo, será posible desde unas sólidas bases y actitudes espirituales».
«Tal vez -agregó- una de las primeras y más hondas lecciones que nos deje el sufrimiento de esta pandemia, sea tomar conciencia que hemos descuidado la interioridad, la dimensión espiritual de la persona y de la sociedad. Reconocer que, en definitiva, desplazamos, marginamos u olvidamos a Dios mismo. Huérfanos de Él, dejamos de reconocernos hermanos, la vida se desvaloriza en su dignidad, y van ganando terreno los sucedáneos que nos alienan y esclavizan».

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