Con motivo de la conmemoración del Día de la Memoria, la periodista nuevejuliense Inés Hayes publicó una nota de su autoría en Página 12 titulada «La lucha también es de lxs jóvenes» que compartimos a través de EL 9 DE JULIO:
Qué sienten las nuevas generaciones sobre la última dictadura
La lucha también es de lxs jóvenes
Desde el mediodía del 24, chicos y chicas de entre 13 y 18 años se fueron juntando detrás de las banderas de sus secundarias para decir presente en la resistencia popular contra el negacionismo.


“12 de marzo de 1976. Es posible que me pase algo y mis hijas no reciban un relato fiel de cómo fueron las cosas. Por eso hijitas escribo esto para ustedes, perdonen si el relato es desordenado”. Cuatro meses después de haber escrito esas palabras, Mimí Tardivo, maestra rural de 24 años, fue detenida por un grupo de 7 militares de civil que se la llevaron de la escuela de Cuartel V, Partido de Moreno, mientras barría el piso de tierra del patio (la estaba preparando para el acto por el Día de la Independencia).
La secuestraron delante de sus alumnos y alumnas de primer grado y desde entonces sus hijas Carolina y Mae reclaman justicia. Después de la desaparición de Mimí, también hicieron desaparecer a la escuela, la borraron de todos los registros, como si nunca hubiera existido, pero gracias a la memoria popular y a la lucha de sus hijas, hoy hay otra escuela, una biblioteca y una calle que llevan su nombre.
Este 24 de marzo, como desde que estaba en la panza de su mamá, Vittorio Bosch, estudiante de tercer año del Pellegrini y nieto de Mimí y el Tata (Ricardo M. Ghigliazza, militante del ERP, fusilado junto a otros compañeros en la Masacre del Pasaje Rubén Darío el 19 de septiembre de 1975), vuelve a marchar: “mis abuelos y los y las 30 mil querían y luchaban por otro mundo para nosotros y para todos los nenes. Todos los 24M vengo con mi familia a la plaza. Ahora con 15 años sé en qué país vivimos y tengo bien claro que quiero luchar por la educación y la salud pública, por los jubilados, por el chico que me pide algo de comer cuando voy al chino y por mucho más que nos merecemos los argentinos y las argentinas”.
“Yo marcho por muchas razones, una de ellas es porque mi familia se vio muy afectada durante la dictadura: mi tía abuela, Nora Cristina González, es desaparecida y era militante montonera. Y dos de mis abuelos se exiliaron en México. También marcho porque el contexto actual lo pide, y si queremos construir una patria justa y realmente libre hay que tener en cuenta siempre la historia de nuestro pueblo, para no cometer los mismos errores y tener como bandera la lucha de las Madres y Abuelas”, dijo desde la marcha Vera Pedrotta, estudiante de cuarto año del Mariano Acosta. “Hoy los secundarios tenemos gran parte de nuestros reclamos dirigidos al gobierno de la ciudad que se la pasa haciendo propagandas sobre las escuelas, pero la realidad es que nunca pisan una. Están imponiendo una reforma educativa sin consultarnos, pasando a la materia Historia a un segundo plano cuando queremos que sea troncal. Queremos un financiamiento para el Departamento de Orientación Estudiantil para que ningún pibe se sienta solo y mejoras estructurales en las infraestructuras de las escuelas del sur donde están los pibes más vulnerables”, explica Vera, acompañada por sus amigas y amigos.
Cuatro días antes de la gran movilización por los 50 años del golpe, tuvo lugar en la Ex Esma la Feria del Libro por los Derechos Humanos. Por los edificios donde hubo detenciones, torturas, violaciones y muerte pasaron ahora miles de adolescencias y niñeces que, acompañados por sus familias, pudieron pintar pañuelos con las Abuelas, hacer visitas guiadas con familiares de ex detenidos desaparecidos y conocer los libros que la dictadura prohibió, quemó y censuró. La artista, docente y escritora Tamara Domenech llevó adelante el viernes 20 en la Feria, la actividad llamada “La escuela del futuro” donde estudiantes de la ciudad compartieron poemas y lecturas. “En la escuela del futuro si alguien no comprende la lengua impuesta preguntamos por otras que quizá saben: Huarpe, Diaguita, Calchaquí, Cacán, Chulupí, Nivacle, Wichi, Mogoit, Pilagá, Qom, Tonocoté, quichua santiagueño, Kolla, quechua, Mbya, Guaraní correntino, Chané, Ava guaraní, Guaraní paraguayo, Rankulche, Tehuelche, Mapuche, Haush, Selk-nam, Yagan”, se lee en uno de los poemas de la actividad, exponiendo que la dictadura llevó adelante también un plan educativo que desconocía las raíces originarias de las poblaciones latinoamericanas.
“Vengo a la plaza este 24 de marzo porque como estudiante de nivel medio, que sabe su nombre, que conoce su historia, deseo fervientemente un país que deje de tratar de olvidar. De las Abuelas aprendí a usar la educación como herramienta transformadora, para aprender de nuestra historia y no volver a repetirla. Todos los días aprendo de esas mujeres, ahora jubiladas, que hace 50 años llevan una de las luchas más grandes del país. Ellas me inspiran a cultivar la memoria, la verdad y la justicia desde la educación, la cultura y lo social, porque quiero ser parte de una juventud que no repita la misma historia, que no nos dé lo mismo”, dice Lola Giammarco, estudiante de la Esnaola. “A pesar de no haber vivido lo que vivieron en el golpe, 50 años después levantamos la bandera de las Madres para demostrar que su lucha persiste y resiste y que llevamos este 24 y todos los días a los 30 mil compañeros y compañeras”, comparte Lola.
El 16 de septiembre de 1976, diez estudiantes secundarios fueron secuestrados y torturados por grupos de tareas en la ciudad de La Plata. Seis de ellos fueron asesinados y todavía no se sabe dónde están: Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro. Los cuatro sobrevivientes, Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler siguen dando testimonio para encontrar justicia. Tenían menos de 18 años y se sabe, por los sobrevivientes, que fueron torturados antes de ser asesinados. Eran militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y en 1975, ante el Ministerio de Obras Públicas de La Plata, habían reclamado que los boletos de colectivos tuvieran descuentos para estudiantes.
“Yo marcho el 24 por los desaparecidos, por los que no pudieron marchar por sus injusticias y para no olvidar nunca lo que sucedió entre esos años, para que no se vuelva a repetir, más ahora que estamos en una situación política terrible no solo en Argentina, (que es evidente que el presidente que tenemos lo que quiere es que olvidemos), sino también en el mundo entero. Los estudiantes secundarios reclamamos memoria, verdad y justicia. No olvidamos lo que ocurrió en ese tiempo aunque no lo hayamos vivido, y tenemos muy en cuenta lo que sucedió en La noche de los lápices, ya que eran pibes de nuestra edad, que lo que hacían era reclamar por un boleto secundario para que todos los alumnos puedan viajar a la escuela”, dice desde la marcha Simón Moñino, estudiante de tercer año del Pellegrini. “Estamos muy al tanto de lo que ocurrió en la dictadura, ya que en nuestra escuela hay mucha visibilización del tema, además de que hay un montón de placas recordando a los compañeros desaparecidos de mi escuela”, agrega. Y comparte: “Además, todos los años, cuando se acerca una fecha tan importante como ésta, hacemos jornadas con talleres, charlas y debates”.
En palabras de Lola Domínguez Hayes, estudiante de cuarto año del Froebel e integrante del grupo de teatro comunitario Circuito Cultural Barracas: “Hoy marcho para nunca olvidar lo sucedido hace 50 años. La dictadura tenía como objetivo, entre varios otros, un pueblo sin cultura ni ideas que no fueran las que el poder imponía. Por eso creo que hoy y siempre es tan importante encontrarse con otros a crear los espacios en los que queremos vivir.”


