31 octubre 2020

Brigadier Marcelo N.Uriona: Una carrera heróica en la Fuerza Aérea

uriona2acto 2018ELSA E. DE URIONA JUNTO A SU ESPOSO E HIJOS

Historias de vida

* Su infancia y su adolescencia transcurrieron en esta ciudad.
* En la Fuerza Aérea Argentina alcanzó el grado Brigadier, desarrollando una impecable carrera.
* Es Veterano de Guerra de Malvinas, donde se destacó heroicamente en operaciones de rescate.
* En la actualidad, es una figura reconocida y de prestigio entre sus camaradas de armas.

Si bien no nació en esta ciudad, su nombre está ligado a esta comunidad, como el de sus padres y el de sus hermanos. Si bien las circunstancia de su carrera en la Fuerza Aérea Argentina le alejaron de su antiguo terruño, aún conserva afecto de amigos y antiguos compañeros de estudios que le recuerdan.
Nacido el 5 de abril de 1952, en el hogar formado por el doctor Noel Celso Uriona, un Geólogo graduado en la Universidad de Córdoba, que fue co-fundador de la Escuela de Minería y la profesora Elsa Etcheverry, docente y directora de la Escuela Normal Superior de 9 de Julio.
Su padre, junto a otro profesional finlandés, había realizado un importante relevamiento en la Patagonia; y, más tarde, había emprendido distintas experiencias en las provincias del Norte Argentino y entre los aborígenes chaqueños.
Su abuelo materno, Felipe Etcheverry, había fundado en 9 de Julio, en 1928, la Empresa de Servicios Fúnebres «Casa Etcheverry», sucursal de la que poseía en Navarro.
Los primeros años de vida del Brigadier Uriona transcurrieron en la provincia de Entre Ríos, donde su padre formaba parte de la Estación Citrícola Experimental de Concordia.
Sin embargo, en 1956, la familia Uriona-Etcheverry decidió establecerse en 9 de Julio. Elsa E. de Uriona venía para hacerse cargo de la Empresa de su padre y, al mismo tiempo, se incorporaba al plantel de profesores de la Escuela Normal Superior.
Sus estudios los cursó en la Escuela Normal Superior (entonces, Escuela Nacional de Comercio y Anexos), egresando como Bachiller en 1969.
SU CARRERA
Finalizados sus estudios secundarios ingresó a la Escuela de Aviación Militar de la cual egresó, en 1974, con el título de Alférez.
Especializado en la prevención de accidentes aeronáuticos, le cupo desempeñarse como Jefe de la División Investigaciones del Departamento de Prevención de Accidentes y representante de la Fuerza Aérea Argentina ante del Comité de Accidentes de las Fuerzas Aéreas Americanas.
En Estados Unidos realizó un curso especial para pilotos de Boeing 757.
A lo largo de su carrera en la Fuerza Aérea, el Brigadier Marcelo Uriona ha sido llamado a cumplir diferentes funciones de envergadura, en todas las cuales se ha distinguido por su excelencia. El 31 de diciembre de 1998 fue promovido a Comodoro y el 12 de enero de 2006 fue ascendido a Brigadier.
Asimismo, ha formado parte de entidades vinculadas con las Fuerzas Armadas, tales como la Sociedad Militar «Seguro de Vida», de la cual es, en la actualidad, miembro titular de su Directorio. Ha ocupado, del mismo modo, la presidente de la Asociación de Tripulantes de Transporte Aéreo y es tesorero de la Fundación “Tcnl D. Ricardo Cornell”, entidad creada por el Directorio de Sociedad Militar «Seguro de Vida”.
UN RESCATE HEROICO EN LA GUERRA DE MALVINAS
El nombre del Brigadier Uriona, Veterano de Guerra de Malvinas, figura ya en la historia de la Fuerza Aérea Argentina. Su operación de rescate de mayo de 1982 se encuentra escrita en no pocos libros que tratan sobre el conflicto bélico en el Atlántico Sur.
Gracias a una exposición suya que se conserva en la Dirección de Estudios Históricos de la Fuerza Aérea podemos conocer la historia de aquel heroico rescate.
La Batalla de San Carlos, en el contexto de la Guerra de Malvinas, estaba en pleno apogeo. Había comenzado el 21 de mayo de 1982 y los ataques de la aviación argentina se sucedían día a día, en un épico esfuerzo para dificultar el desembarco inglés y detener el avance de las tropas terrestres.
También se acumulaban los derribos, las bajas, los pilotos eyectados. A menos de cincuenta kilómetros en línea recta, la guarnición argentina de la isla de Borbón, casi en la boca norte del estrecho de San Carlos, era testigo privilegiado del paso rasante de los cazabombarderos rumbo al combate, del regreso orgulloso, de las ausencias lamentadas. El 23 de mayo un Dagger tripulado por el teniente Volponi fue derribado por una patrulla aérea de combate, el avión explotó y no dio a su piloto posibilidades de eyectarse. Los restos cayeron a dos millas de la guarnición argentina de Borbón.
Al día siguiente, la isla fue nuevamente, escenario del drama bélico. Una escuadrilla de Dagger fue interceptada y los tres aviones derribados.
Desde el comienzo de las acciones, el entonces primer teniente Marcelo Uriona realizaba, casi a diario, vuelos de Líneas Aéreas del Estado al comando de aviones Fokker F-27 o Twin Otter, para alcanzar localidades alejadas cuya escasa rentabilidad como destino comercial hacía que las compañías aéreas no dedicaran sus esfuerzos a ellas. Hasta allí, sólo llegaban los aviones de la Fuerza Aérea al servicio de la línea estatal.
Para rescatar a los hombres en Borbón y la Fuerza Aérea Sur planificó una de las misiones de Búsqueda y Rescate más peligrosos y atrevidos de la gesta de Malvinas. El 28 de mayo, si bien se realizó el vuelo, diversas circunstancias impidieron concretar la misión que quedó postergada para el día siguiente.
Uriona se presentó al jefe de escuadrón y se ofreció voluntariamente para realizarla. Confiaba en su experiencia previa cumpliendo vuelos a las islas, cuando el entonces Puerto Argentino era un destino más de LADE, y en sus tremendas ansias de participar en la contienda.
Marcelo Uriona eligió a su copiloto, el teniente Omar Poza, estudió las cartas de navegación, planificó el vuelo a baja altura –al que no estaba acostumbrado- , previó posibles errores en los instrumentos de orientación, analizó la incidencia de los vientos y confió. Confió en su experiencia, su entrenamiento, la habilidad del copiloto elegido, y en el acicate que representaban los hombres a rescatar.
El 29, a las 10, partieron hacia Puerto Deseado, lugar que consideraban más apto para iniciar el vuelo y realizar la navegación hasta la isla. El cabo principal Pedro Bazán sería su mecánico de a bordo. Allí esperaron la orden definitiva que llegó poco después del mediodía. A las 14 despegaron. En las instalaciones fueron recibidos por hombres de rostros exhaustos y angustiados, de uniformes sucios y raídos; representaban la otra cara de la guerra, la que no se veía en el continente, la que querían conocer sus ansias, la que querían compartir sus almas.
Mientras aguardaban la seguridad de la noche, Uriona y Poza recorrieron la pista memorizando los obstáculos y desniveles mientras Bazán revisaba, una y otra vez, al noble avión.
Junto a los hombres de la Fuerza Aérea, había heridos de la Armada. Se les pidió el traslado que parecía imposible; el avión había sido despojado de toda comodidad y se encontraba en el límite del peso máximo de despegue. Había una solución: aligerarlo descargando parte del vital combustible. Se planificó el regreso a Puerto Deseado, una distancia más corta que exigiría menos consumo. Los cálculos se ajustaron al máximo y se hizo el lugar para cuatro pasajeros más. En una rústica caja de municiones, los restos del teniente Volponi regresarían a sus seres queridos.
Faltaba poco para las 18 y ya había oscurecido. Ascendieron al avión, los pasajeros se ubicaron donde podían, los motores se pusieron en marcha, el barro del terreno atrapaba las ruedas dificultando el desplazamiento, al final de la pista, a unos 500 metros, un cerro se elevaba frente a la trayectoria de despegue. Veinte minutos después ascendieron y a las 20.30, aterrizaron en Puerto Deseado. Los heridos fueron trasladados a un hospital, Uriona, Poza y Bazán llevaron su orgulloso Twin Otter de regreso a Comodoro Rivadavia donde fueron recibidos, eufóricamente, por sus compañeros.
La Fuerza Aérea Argentina había cumplido con el precepto de traer de regreso al hogar a sus hombres eyectados, gracias al empuje y pericia de sus jóvenes, técnicos y pilotos, y la confiabilidad de un pequeño avión bimotor.
MEDALLA AL VALOR EN COMBATE
Entre los reconocimientos y condecoraciones que el Brigadier Uriona ha recibido, se cuenta la Medalla «La Nación Argentina al Valor en Combate», la segunda más alta condecoración militar propuesta por la República Argentina. La misma le fue otorgada por su actuación en la Guerra de las Malvinas.
DISERTACIONES Y OBRAS PUBLICADAS
El Brigadier Uriona, entre sus camaradas de armas, es una figura reconocida, no solamente por su trayectoria en las Fuerzas Armadas sino también por su formación intelectual. Su interés por los estudios vinculados con el arma de Aviación le ha llevado a desarrollar conferencias o a redactar algunas obras interesantes, tales como su excelente artículo “Douhet, vigencia de su doctrina”, publicado en 2001, acerca de la teoría del poder aéreo de Giulio Douhet; o, más recientemente, como colaborador en “Operaciones militares cibernéticas: Planeamien to y Ejecución en el Nivel Operacional”, editado en 2017 por la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas.
También ha sido miembro del Consejo Académico del Congreso Internacional de Historia Aeronáutica Militar Argentina.
Cabe recordar que, hace veinticinco años atrás, el Brigadier Uriona pronunció, en 9 de Julio, una brillante disertación sobre «Las principales acciones de la Aviación Argentina durante la Guerra de Malvinas». Lo hizo en el marco de la celebración del cincuentenario de la Escuela Normal Superior, en la tarde del viernes 18 de junio de 1993, en el salón de la delegación del Colegio de Escribanos.
LA FUERZA AEREA ARGENTINA
EN SU VISION
En un discurso que pronunció en la II Brigada Aérea de Paraná, Entre Ríos en el Día del Tripulante de Transporte Aéreo, en 2014, el Brigadier Marcelo Noel Uriona, recordaba que, “desde su creación la Fuerza Aérea tuvo como misión el uso del medio aéreo como elemento ofensivo y defensivo, como también la capacidad de establecer comunicación a lo largo del país, para asegurar nuestra soberanía y mantener los lazos necesarios entre todos los habitantes de la Nación”.
“La aviación –decía- de transporte llenó este espacio, en una labor fundacional reconocida hoy por toda la sociedad. El desarrollo de los medios y la tecnología nos ha permitido continuar con esta tarea y ampliarla operativamente en usos específicamente militares, llevando medios hasta el frente mismo de combate, a través de un asalto aéreo, lanzamiento de personal o carga y facilitando la operación de otros medios ofensivos con el reconocimiento aéreo, el reabastecimiento en vuelo y el apoyo logístico”.
Para el Brigadier Uriona, “las adversidades en situaciones de crisis, ya sea por la presencia del enemigo o por las deficiencias técnicas o presupuestarias, son superadas no solo por los valores éticos y morales que nuestros tripulantes poseen, sino también por la pasión, dedicación, esfuerzo y entrega que ponemos en nuestra actividad”.
PALABRAS FINALES
Precisamente, en uno de los pasajes del discurso de 2014 que citamos, que el Brigadier Uriona pronuncia en Entre Ríos, se encuentra plasmada la esencia de su vocación: “Este compromiso –expresaba- que asumimos al iniciarnos en la aviación de transporte, perdura a lo largo de toda nuestra carrera profesional y nos permite alcanzar la plenitud del soldado: ‘La satisfacción del deber cumplido”`, logrando a través de la sumatoria de emociones, camaradería, solidaridad y amistad que se amalgaman en una tripulación de vuelo, enaltecer la honra y la gloria de la Fuerza Aérea”.

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