30 noviembre 2020

Villa Zappa y Cía., una historia de progreso y servicio

[2 de julio de 2011] A principios de la década de 1930, los hermanos Egidio y Angel Villa se encontraban arrendando un campo, propiedad de Florentino Valenzuela, en cercanías de Dennehy, en el partido de 9 de Julio. Como su dueño deseaba destinarlo a la ganadería, los hermanos Villa deciden afincarse en la ciudad de 9 de Julio y dedicarse a la industria metalúrgica.

Luego de traer un técnico especializado en fundición, comenzaron con la fabricación de aguadas, la fundición, la manufactura de bombas para sacar agua y algunos otros implementos agrícolas, luego campanas de frenos para automóviles y camiones. El inicio de sus actividades industriales tiene como fecha clave el año 1938.

Se trataba ésta de una época floreciente para las industrias nuevejulienses. Las noticias estadísticas demuestran como, en término de poco más de tres décadas, las industrias nuevejulienses habían cobrado un impulso significativo: Si en 1895 existían en el Partido de 9 de Julio apenas  54 establecimientos industriales, veinticinco años después los eran en cantidad de 213. Durante la década de 1920  el número de industrias se mantuvo estable, con un leve aumento hacia 1929 donde llegaban a 240, con capital girado de 3.389.808 pesos.

En los primeros años de la década de 1930, había cambiado la fisonomía de la industria local. Para ese entonces, poco años antes de la fundación de los hermanos Villa, se había instalado en 9 de Julio otra empresa dedicada a la fundición de metales, como el hierro, bronce y aluminio, entre otros, los Talleres Metalúrgicos 9 de Julio de la firma Soracco Hnos y Cía, ubicada en la calle Santiago del Estero entre San Martín y Salta (donde más tarde se instalará Villa Hermanos) que cerró definitivamente sus puertas en 1944.

Inicialmente, también formaba parte de la sociedad de Villa Hermanos, don Clodoveo Villa, quien poco después se retiró de la firma para dedicarse a las tareas agropecuarias; quedando, en consecuencia, al frente de la industria, los hermanos Egidio y Angel.

En efecto, si bien el objetivo inicial de Villa Hermanos era la fabricación de repuestos para maquinarias agrícolas y las bombas para extracción de agua, paulatinamente el campo de acción se fue expandiendo. Pocos años después que los hermanos Villa habían comenzado su labor industrial, se produjo el estallido de Segunda Guerra Mundial. El Gobierno Nacional limitó la importación de los productos extranjeros.

Por ello, además de la fabricación de repuestos, incrementaron la manufactura de las bombas de agua y comenzaron a estudiar la posibilidad de fabricar motores a nafta.

El ingeniero Roberto Villa, hijo de don Egidio, actual presidente de Villa Zappa y Cía., quien se incorporó a la empresa en 1962, entrevistado por EL 9 DE JULIO, recuerda que “antes de la Guerra la firma Villa Hermanos vendía las bombas con los motores importados de los Estados Unidos; pero, al cesar la importación de esos motores, no había con qué hacer funcionar las mismas,  con lo cual se generaba un fuerte impedimento para vender las bombas al campo”.

“Fue allí –añade- cuando mi tío y mi padre comienzan  a concebir la idea de fabricar los motores en 9 de Julio, que lo harán a comienzos de la década de 1950”.

En 1946 se vende a IMARA –una firma procedente de Trenque Lauquen- el establecimiento de la fundición (ubicado en la avenida Mitre, actual Villa Zappa); pero no así los modelos de las bombas.

En esa misma época, los hermanos Edigio y Angel Villa instalaron una fundición de hierro gris en Ciudadela, la cual fue puesta a cargo de Alfredo Cónsoli, oriundo de 9 de Julio. Esta fue cerrada al cabo de un par de años, regresando a 9 de Julio.

“Luego de un tiempo, mi tío junto a mi padre reiniciaron la actividad, cuando comenzaron a funcionar en San Martín y Santiago del Estero”, comenta el ingeniero Villa. En efecto, antes del inicio de la década de 1950, había comenzado a funcionar la fundición  en San Martín y Santiago del Estero.

Hacia 1952 la firma “Villa Hermanos” comenzó la fabricación de motores a nafta de 3 HP., que tanto auge tomaron en los años posteriores. El modelo de esos motores tiene su origen en el motor inglés «Villiers».

“Tomando –refiere el ingeniero Roberto Villa- como base el motor ‘Villiers’ había que fabricar el encendido del nuevo. El sistema de encendido era muy difícil reproducirlo, ya que constaba de dos imanes grandes y aquí aún no estaba desarrollada la industrial del imán. Entonces, mi padre y mi tío importaron el magneto ‘Wico’, desde Inglaterra, que permitió que puedan comenzar a salir los primeros Motores Villa”.

RECUERDOS DE AQUELLOS TIEMPOS

Manuel Rodríguez, quien comenzó siendo muy joven a trabajar en la firma “Villa Zappa y Cía.” refirió algunos recuerdos sobre aquellos años:

«Hasta donde alcanza mi memoria –relata Rodríguez-, allá por 1940, yo vivía en la avenida Río Paraná y Antártida Argentina. Las calles, en ese lugar, eran huellas por las que nunca había pasado la motoniveladora. De camino a la Escuela Nº 1, a quinto grado, oía el sonido del tambor de limpiar piezas al pasar por la calle Mitre, en lo que es hoy la fábrica de bombas de Villa Zappa y Cía.”.

“Mis padres –prosigue Don Manuel- , en busca de escuelas secundarias oficiales, que no existían en 9 de Julio, me enviaron a estudiar a la Escuela de Educación Técnica de Bragado. Ya de regreso a 9 de Julio, pasé por Fundiciones Villa, donde se realizaba el proceso de galvano-plastia o electroplateado, para cromar un dado pisa papeles, muy de moda en aquellos tiempos para los alumnos de las escuelas técnicas, una forma de perpetuar los primeros trabajos. En ese momento fui atendido por don Ángel Villa”.

Manuel Rodríguez explica que “alrededor de 1953 fue formada la empresa Metalúrgica CVZ, integrada por Cancelleri, Villa y Zappa, con fundición propia en la avenida Mitre, donde aún hoy funciona, para fabricar bombas para sacar agua, cilindros para molino, y su correspondiente mecanización”.

Para ese momento, la empresa había adquirido a IMARA la planta de fundición donde se había iniciado originalmente.

“Mientras esto ocurría –añade Don Manuel-, Angel y Egidio Villa también poseían la fundición y fábrica de la avenida San Martín, donde se manufacturaban las bombas del diafragma”.

La firma CVZ (Cancelleri, Villa y Zappa), formando parte del Grupo “Villa”, comienza a especializarse en las bombas, además de brindar el servicio de fundición, no solamente para las propias industrias sino también para otras existentes en 9 de Julio.

De acuerdo al relato de Manuel Rodríguez,  “en 1958 se inició en la empresa CVZ la fabricación de motores Diesel de 5 HP, de los cuales fueron realizadas diecisiete unidades”.

Al respecto, el ingeniero Roberto Villa aclara que “la fabricación de motores es muy distinta a la de las bombas, pues requiere de una tecnología diferente; en consecuencia, se hacía muy difícil mantener ambas fabricaciones, sobre todo porque los motores Diesel no tenían tanta demanda”.

“Se dejó –continúa Villa- de fabricar el motor Diesel y se continuó con las fabricación de bombas, que contaban con un mercado muy grande, máxime con el motor a nafta, cuya demanda era mayor. Distinto fue el caso de una época más reciente, cuando se fabrica un motor Diesel más moderno”.

“Tuve –prosigue don Manuel Rodríguez- el privilegio de ingresar a esta empresa, como Tornero para mantenimiento y fabricación de bombas; justamente el año en que  Villa Hermanos decide pasar todo los trabajos de fundición a CVZ, construyéndose tres galpones contiguos a la pequeña fundición ya existente e instalándose dos hornos nuevos para fundición de hierro, demandando ser unos 40 hombres para ese trabajo”.

En 1960 se retira de la firma el señor Cancelleri para fundar Industrias Hilcor, quedando la empresa con la denominación de Villa Zappa y Cía. Por entonces, por decisión del directorio, Don Manuel Rodríguez fue designado al frente del taller, a cargo de quince hombres y para continuar con la fabricación de bombas de diafragma y mantenimiento de la fundición.

En ese entonces, la Fundición ya se encontraba a cargo del recordado Humberto A. Galvani, quien fue una persona clave para el funcionamiento de la misma.

“En 1962 –refiere Don Manuel Rodríguez- agregamos una bomba de diafragma más grande a la línea existente. Para ese entonces el mercado se había incrementado y se comenzaba a sentir la competencia, por lo cual era necesario bajar los costos. Para ello fue muy importante la colaboración brindada por el joven ingeniero Roberto Villa, trabajando en equipo, para lograr conseguir con nuevos dispositivos múltiples  fabricados en la empresa, bajando los costos de 8 horas a 3,15 horas”.

Poco a poco fueron llegando los adelantos técnicos, la fundición en cáscaras, con arenas revestidas,  con lo que se lograba bajar costos y mejorar enormemente la calidad de las piezas. En 1965 se comenzó con la fabricación de las bombas centrífugas, motobombas con motores Villa, de diferentes caudales y presiones; de esta manera llegamos a realizar veintisiete modelos de fabricación propia, desde el diseño, fabricación de los modelos, estampillado, mecanizado y prueba de todas las unidades.

A comienzos de la década de 1970 la producción mensual de la firma Villa Zappa y Cía, alcanzaba a las 2800 unidades, alcanzando a cubrir más del ochenta por ciento del mercado Argentino. En 1975, y considerando el gran impacto que había producido en el mercado el motor naftero, se opta por incorporar el motor Diesel de 12 HP.

Por entonces, se forma la empresa Iralvil, la cual estaba integrada por Roberto Villalba, Emilio Iraldi, Juan Carlos Villa, Hugo y Roberto Villa.

En 1976 la instalación de una planta de inyección de plásticos permitió brindar un mejor servicio, no solamente para satisfacer la demanda de la propia industria como así también de terceros.

De acuerdo con las precisiones brindadas por el ingeniero Roberto Villa, “esa planta funcionaba en Buenos Aires, era una sociedad denominada ‘Plasvil”, la cual era proveedora de Villa Hermanos y Cía., y cuyo director era Alejandro Villalba”.

“Villa Hermanos y Cía. –profundiza el ingeniero Villa- adquirió la mayoría accionaria y la fábrica fue trasladada a 9 de Julio y continuó funcionando bajo la dirección del señor Villalba. La firma Plasvil fue absorbida por  Villa Hermanos y Cía.”.

Tal como lo comenta Don Manuel Rodríguez, “en 1977, comenzaba a notarse la demanda de mayor espacio para realizar la fundición que se necesitaban para abastecer; por ello se pensó en una nueva fundición, la cual fue construida en el parque industrial, pasando –en 1985- la planta a funcionar con unos sesenta y cinco hombres y con moderna tecnología”.

Acerca de la instalación de la nueva planta de fundición, en el Parque Industrial, el ingeniero Villa destaca que “cuando se inicia el proyecto de la misma, entre la demanda de la fábrica de bombas y de motores, más otras industrias de 9 de Julio, se consumían alrededor de 150 toneladas mensuales”.

“En consecuencia –continúa- había que prepararse para fabricar más de esas 150 toneladas. Pero, cuando se comienza a poner en marcha la nueva fundición, que había sido proyectada para fundir 300 toneladas mensuales, no se alcanzaba a consumir en 9 de Julio alrededor de 60 toneladas mensuales; por lo tanto, con menos de un día de trabajo, estaba la producción hecha”.

“Se llegó un momento en que, dado la falta de consumo, se tuvo que parar el trabajo en la fundición nueva”, recuerda.

Don Manuel Rodríguez hace referencia al “tiempo  en que comienzan a ingresar a la Argentina productos fabricados por países altamente industrializados, y se comienza a sentir el estremecimiento por los precios o que comienzan a trabajar en el mercado”. “Ante ello -rememora don Manuel- comienza a sentirse la necesidad de reducir los costos, lograr una mayor automatización.  Llegan bombas sumergibles con grandes caudales y presiones, que nos achican el mercado, pero Bombas Villas continúa dando buena calidad y servicios a los usuarios y a las líneas de su competencia”.

En 2008, el Grupo Industrial Villa, se transforma, formando Empresas independientes. Villa, Zappa y Cía. fabrica y comercializa todo lo referente a bombas para extracción de agua, riego y fumigación; mientras que, Villa Hermanos y Cía., está abocada a la fabricación y comercialización de motores a nafta, grupos electrógenos, cortadoras de césped y motosierras.

Don Manuel Rodríguez recuerda con estimación y respeto a quienes fueron los iniciadores de esta industria, a don Armando Zappa, jefe de planta, fallecido en 1978; a don Egidio Villa, fallecido en 1981, a quien Rodríguez define como “hombre pionero, defensor de la calidad de sus productos, de una gran autoridad moral, esa que sólo se consigue con la rectitud de los hechos”; y a don Angel Villa, “un brazo motor de la administración y fundador de las industrias de su pertenencia”.

“En 1995 –reseña Don Manuel Rodríguez- llega a nuestra casa el actual gerente, ingeniero Javier Chacón, quien con esmero, responsabilidad y corrección lleva adelante esta empresa.

LOS METODOS DE FUNDICION EN

AQUELLOS AÑOS

Don José Avelino comenzó a trabajar en la firma Cancelleri, Villa y Zappa en 1962 hasta su retiro jubilatorio; pero, unos años antes, en 1946, cuando la industria pertenecería a IMARA también hacía su servicio por un breve tiempo. Avelino, de sólida experiencia en esta tarea, se desempeñó en el área de fundición de hierro hasta que fue designado encargado de la sección de Bronce y Aluminio.

Con el objetivo de conocer los métodos que se utilizaban en aquellos años para la fundición del hierro y de otros metales, EL 9 DE JULIO dialogó con Avelino, quien, entre otros aspectos, reveló que “en la década de 1960 el método que se utilizaba para la fundición eran completamente distintos a lo que se usan actualmente”.

“La tarea –recuerda Avelino- comenzaba la mañana muy temprano, cuando era encendido el horno grande, donde se fundía el hierro. La carga del hierro sólido se realizaba por arriba, había una plataforma y por medio de ella había que subir el hierro con un balde grande que tenía una capacidad aproximada de cien kilos”.

Por entonces, según Avelino, “el horno había que encenderlo tres o cuatro horas antes con carbón de coque; una vez que el mismo era cargado el horno despedía el hierro en estado líquido, fundido a 1100 grados a un recipiente grande y, desde allí, se pasaba a una cuchara más chica con la cual se llevaba el material al molde”.

“Estas cucharas estaban hechas con una tierra especial, con el objetivo de que las mismas no se rompieran”, expresa Avelino.

En aquel tiempo se fundía por la tarde, de acuerdo con los tiempos que se manejaban en la empresa y de las necesidades puntuales.

“En aquellos años, en las décadas de 1940, 1950 y 1960, cuando se fundía utilizando los procesos más antiguos, en el tiempo de verano el calor se hacía insoportable, tanto así que había días de mucho calor en los cuales preferíamos estar afuera del galpón. No obstante, se trataba de hacer esa tarea en las horas más frescas, de menor temperatura”, se acuerda Avelino.

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