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27 noviembre 2022

Relojería y Joyería «Gallo» cumplió 30 años

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En la ciudad de 9 de Julio quedan pocos relojeros de oficio, aquellos que conocen el funcionamiento del intrincado mecanismo de un reloj mecánico y pueden devolverlos a la vida cuando dejan de funcionar. Alberto Gallo es uno de esos relojeros que, con casi sesenta años en el oficio, brinda atención de una amplia variedad de relojes.
Su taller de relojería se encuentra unido a la casa que, días pasados, ha cumplido 30 años de vida comercial: Relojería y Joyería «Gallo», ubicada en la calle Cavallari, a metros de avenida Vedia.
Allí, junto a su esposa Amanda, encargada de la atención al público, viene trazando una trayectoria empresarial que los caracteriza. En efecto, Relojería y Joyería «Gallo», es sinónimo de calidad y excelencia.
Tal como lo explica Alberto Gallo, en diálogo con EL 9 DE JULIO, «la relojería nació en calle Yrigoyen casi Bartolomé Mitre, el 23 de septiembre de 1987».
«El sueño -añade- de este comercio pudo ser realidad gracias al gran esfuerzo de los hijos y el acompañamiento de mi esposa».
En agosto de 1991, Amanda y Alberto, mudaron las instalaciones al local propio donde actualmente se encuentra Relojería y Joyería «Gallo». Allí, en sus amplias vidriera, se puede observar el variado stock de artículos que pueden adquirirse, todos ellos de excelente calidad: relojes, alhajas, artículos de regalaría.
La esmerada atención de Amanda y Alberto, el conocimiento que ambos poseen en el rubro, colman ampliamente la satisfacción de su nutrida clientela. Difícilmente, quien ingrese al local comercial de Relojería y Joyería «Gallo», no encuentre aquello que busca o, en su defecto, halle una alternativa interesante que le satisfaga.

EL TALLER DE RELOJERIA
Como ha quedado dicho, el taller de relojería de casa «Gallo» es uno de los más conocidos en 9 de Julio. Alberto posee varias décadas en el oficio y, concerniente de ello, recuerda sus inicio en Casa Contarini que, por entonces, funcionaba en la avenida Vedia al 408, de la numeración antigua, cuando tenía apenas doce años.
«Comencé realizando las tareas de cadete para luego ir aprendiendo el oficio de relojero, de la mano de don Hugo Contarini (padre)», rememora.
Alberto reconoce que, «poco a poco, el reloj mecánico de pulsera se ha dejado de usar, dado que se trata de piezas caras y casi únicas»; no obstante, «aún quedan muchos relojes de pared antiguos, algunos con sonería y otras complejidades, los cuales requieren reparación o mantenimiento, que sólo lo pueden brindar los relojeros».
«Los relojes mecánicos siempre tiene arreglo, sobre todo los relojes de pared antiguo, siempre es posible repararlos y volverlos a su funcionamiento», refiere.
Al ingresar al taller de relojería de Alberto Gallo pueden apreciarse relojes antiguos de notable diseño, los cuales son llevados para que el relojero les efectúe un ajuste o simplemente el mantenimiento periódico que estas piezas requiere. En 9 de Julio existen muchos ejemplares de estos equipos cuyas centenarias maquinarias aún marcan las horas con idéntica precisión que un reloj digital.

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