25 noviembre 2020

Francisco «Quico» Tártara. Manos de trabajo, que creaban belleza

* Nacido en Henderson, desde muy niño se radicó en 9 de Julio, el terruño de sus padres.

* Fue deportista, integrando el cuadro futbolístico del Club «Juventud Unida» de esta ciudad.

* Iniciaba su adolescencia cuando sintió que despertaba su vocación por el oficio que habría de abrazar toda su vida: la carpintería.

* Fue un carpintero reconocido, en su comunidad, por su responsabilidad, honestidad y por la excelencia de sus trabajos.

* Como carpintero, sus trabajos eran de una extrema prolijidad y de una calidad estética notable.

* En su paso por la vida dejó un legado importante a sus familiares y amigos, basado en los valores morales y las convicciones sólidas con los que vivió.

Francisco «Quico» Tartara fue una persona que, en su paso por la vida, dejó un imperecedero recuerdo entre quienes lo conocieron, sea desde una relación de amistad o profesional. Hombre de sólidas convicciones, de carácter firme, y de una absoluta integridad moral, se destacó por un fuerte impulso hacia el progreso y el desarrollo, desde la dimensión de su trabajo. vivió con la mirada y el corazón puesto en sus dos amores, su familia y su oficio.

Había nacido en Henderson en septiembre de 1936, en el hogar formado por  Salvador Tártara, metalúrgico, y de Luisa Altare, costurera. Si bien sus padres eran oriundos de 9 de Julio, por razones laborales, se encontraban radicados en aquella localidad, donde nació también su hermana, María Esther.

Cuando contaba alrededor de tres años retornó a 9 de Julio, afincándose en una antigua vivienda, hoy desaparecida, ubicada en la esquina de Urquiza y Corrientes.

Sus estudios primarios los cursó en la Escuela Nº 4, por entonces ubicada en el antiguo edificio de la avenida Río Bermejo (hoy Antonio Aita) entre San Martín y Mitre. Más tarde, prosiguió los secundarios en la antigua Escuela Fábrica Nº 134 (hoy Escuela de Educación Técnica Nº 2), cuya sede primitiva se encontraba en la calle Robbio casi San Martín.

DEPORTISTA

Siendo muy joven practicó el deporte. Como futbolista se destacó en el Club Juventud Unida. A nivel local simpatizó con el Club Atlético “9 de Julio” y a nivel nacional con el Club Atlético River Plate.

LA CARPINTERIA, EL OFICIO QUE AMO

Siendo niño sintió una temprana vocación por el oficio de carpintero. Contaba apenas trece años cuando, acompañado por su padre, ingresó en la carpintería de Hilario y Antonio Artolazabal, vascoespañoles, excelentes carpinteros y ebanistas

Con la finalidad de que él pudiera aprender el oficio, su padre le propuso a los hermanos Artolazabal la posibilidad de que Francisco concurria a la carpintería sin percibir ninguna remuneración; más aún, su padre le pagaría el sueldo correspondiente. Sin embargo, los carpinteros no consintieron esta propuesta, ellos admitieron al joven aprendiz, para enseñarle el oficio, y asimismo le pagaban por su trabajo.

Los hermanos Artolazabal en su permanencia en esta comunidad sobresalieron entre los mejores carpinteros, por el trabajo de precisión que realizaban. De hecho, fabricaban con excelencia los moldes de engranajes o de otras piezas mecánicas, que luego debían ser fundidas.

Con los años, ellos decidieron dedicarse la fabricación de colmenas. Como ese  trabajo, a Francisco, no le gustaba, en razón de que demandaba una continua repetición de una misma operación de trabajo, comenzó a concebir la idea de independizar- se y abrir su propia carpintería.

Con la ayuda de sus padres, en 1957, abrió la carpintería en el mismo lugar donde aún se encuentra, en la avenida Antonio Aita entre San Martín y Mitre, en la residencia paterna. Para adquirir sus primeras máquinas, una entidad bancaria le otorgó un crédito, aun contando con un capital más bien limitado.

En sus inicios laborales, fue acompañado por Miguel Gamella, como empleado, quien trabajó muchos años hasta que se retiró para radicarse en la ciudad de Buenos Aires. También, tres años después de haber abierto la carpintería, se incorporó Edgardo Epifano, contando apenas trece años.

En 1981, su hijo mejor, Darío, comenzó a trabajar a su lado. En ese momento se encontraba, también, Darío Alonso.

Quico fue una persona emprendedora, que siempre mantuvo con solidez un concepto axiomático: Solía decir que, “quien no cambia, quien no se renueva adaptándose a los cambios, pierde”.

Por ello, se propuso, junto a su hijo Darío, adquirir nuevas máquinas. Y, merced de su laboriosidad constante, logró renovar considerablemente el plantel de maquinaria, logrando que su carpintería se convierta en una de las mejores equipadas en la ciudad.

“En –nos relata su hijo- el derrotero por adquirir nuevas máquinas, fuimos invitados, allá por los años 90, a visitar una exposición que se realizara en la ciudad de Buenos Aires. Al ingresar a la misma, se encontraba expuesta la máquina más importante de la feria, denominada ‘Centro de Trabajo’, y fue allí cuando papá dijo: ‘¿Alguna vez podremos tener una como ésta?’. Era una máquina muy sofisticada, un robot”.

Esa máquina era su sueño.

“Durante diez años trabajamos para poder comprar era máquina y, lamentablemente, cuatro meses antes de que la misma llegue a la carpintería, él falleció”, recuerda Darío.

Hasta sus últimos días, Quico trabajó con las mismas ganas de siempre, con un espíritu juvenil, lleno de energías y, sobre todo, con una mirada siempre puesta en el porvenir.

UN VIAJE A ESPAÑA

A comienzos de la década de 2000, junto a Celia, su esposa, viajó a España. Allí se encontró con sus antiguos patrones, quienes habían regresado a su tierra natal, y con con quienes siempre mantuvo una relación de afecto y gratitud.

EN EL DESARROLLISMO

A penas se iniciaba la U.C.R.I. y, más tarde, el Movimiento de Integración y Desarrollo, Francisco prestó su adhesión. Había encontrado en los ideales de Arturo Frondizi una respuesta a sus inquietudes políticas. En esta corriente colaboró en un plan de viviendas para 9 de Julio.

PALABRAS FINALES

Francisco «Quico» Tártara falleció el 24 de octubre de 2009.

Casado con Celia Irma Bauzón, de esa unión nacieron dos hijos, Alejandra y Darío, quien continúa al frente de la carpinteria fundada por su padre.

Francisco Tártara fue, ante todo, una persona de trabajo, que vivió con fidelidad y nobleza cada uno de sus ideales. Quienes lo conocieron saben de su hombría de bien.

Las personas que viven a la luz del bien y de la verdad, siendo transparentes en sus procederes, dejan en su comunidad un inalterable recuerdo. Y este es el caso de Francisco «Quico» Tártara, quien constituye un ejemplo enriquecedor para las jóvenes generaciones.

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