14 junio 2021

Cardenal Pironio

pironio2… y la «Gruta de los
Pañuelos», en Mar del Plata
Hace algunos años, Abel Argentino Segura, nos remitió una nota titulada «Monseñor  Pironio  y la ‘Gruta de los Pañuelos’». La misma recoge un testimonio muy interesate acerca del Cardenal Pironio, nuevejuliense, ahora en proceso de beatificación.
Como será factible observar, en el relato efectuado para esta nota, son muchos indicios que muestran que Pironio realizó un milagro estando vivo:

En el Diario La Capital del 17 de diciembre de 2006, se lee una nota firmada por el corresponsal en La Plata Pablo Holzmann, que dice textualmente:
“El Senado bonaerense aprobó en su última sesión un pedido formal para que el poder Ejecutivo de la Provincia de Buenos Aires se adhiera a la declaración de interés por el proceso de beatificación y santidad del cardenal Eduardo Pironio” (1)
La iniciativa propone que, además del Ejecutivo Provincial, también apoyen la causa por la beatificación del Cardenal Pironio todos los municipios bonaerenses y la ciudadanía en general.
Leyendo el escrito del corresponsal viene  a mi memoria un suceso en el cual me tocó ser protagonista con monseñor Pironio y que no quiero dejar sin comentar.
Viviendo en Sierra de los Padres fui testigo diario y permanente de la visita que realizaban los turistas a la Gruta de los Pañuelos. Dicha gruta se halla emplazada en la parte alta de la sierra, donde la visita se pierde en el horizonte y se contemplan los valles, hondonadas con sus diferentes tonos de verde y la laguna a sus pies, en una geografía verdaderamente impresionante.
Como si alguna vez Dios hubiera llegado al lugar, descansando allí y en acto sublime de inspiración, tomara los pinceles antes de retirarse y nos dejara el hermoso cuadro para deleite de los humanos.
Tratando de promocionar Sierra dando una imagen más profunda de la gruta,  formé una comisión provisoria de comerciantes Amigos de Sierra de los Padres, que dentro de sus atribuciones debería fomentar la visita al lugar, realizando actos a tal efecto.
Por un principio invito por nota al Cardenal Pironio que por el año 1973 ejercía el cargo  de obispo de la Diócesis marplatense, el cual gentilmente accede a la invitación y llega hasta mi negocio (estación de servicio) en un automóvil Citroen 2CV, vestido de paisano (sin sotana) me saluda como si nos conociéramos de toda la vida, me da un beso y dice: “Vamos a ver la gruta hijo…”
Vamos en su coche son mis indicaciones, porque él no conocía Sierra y al llegar arriba, bajamos y recorremos el Caminito del Indio hasta la Gruta. La miró con mucha atención por un largo rato, se alejó unos pasos y me invitó a sentarme en una piedra a unos 20 metros. Estuvo en silencio largo tiempo, miraba el paisaje con detenimiento, como si quisiera grabarlo en su mente.
Pensé cuánto debe disfrutar esa contemplación, lo gozaba, se sentía complacido. Respetuoso, quedé en silencio hasta que rompió con voz pausada, llena de entonación y me dijo:
“Qué deseas saber que yo pueda contestarte?”  Le comenté que la gruta atraía gran cantidad de gente que iba a rezar y que la idea era promoverla para hacerla un polo de promoción para Sierra.
Al querer promocionarla deseaba saber la opinión de la Iglesia por eso mi invitación a su persona, máxima autoridad de la curia marplatense.
“Hijo mío, -me dijo- a veces los devotos eligen caminos diferentes, no puestos por la Santa Iglesia, pero la Iglesia no se opone, siempre y cuando guarde el respeto que corresponde y no sea un lugar de veneración pagana. Si el lugar es el elegido y es correcto, algún día, en algún momento llegará una señal”.

LA PROMOCION
Después de conversar varios temas, decidió bajar para volver a la ciudad y antes de hacerlo, tomó una revista religiosa que llevaba en el coche y me la dedicó con su firma y bendición. Se fue y nunca más lo vi.
Comencé a promocionar la gruta con la colaboración de cuatro comercios  de entonces: Pulpería La Calandra de Francisco López Román, Confitería El Mirador de Minyo Iancovich, El Ciervo Rojo de Ricardo Di Orio, Restaurant Los Peñascos de Elías Radetich y mi estación de servicio YPF.
Comenzando la promoción hablé con el periodista Enrique Di Thomas “Wing”, quien vivía con su esposa e hijas en calle Argentina e/Bautista y Circuito San Martín, a quien le impuse la idea y el pedido de comentarios en la radio dando cuenta de la existencia de la gruta. Así lo entendió y así lo hizo.
Al lado de la gruta adornamos un pino con 450 lámparas de luz de 40 watts con motivo de la Nativad. Es de destacar que dicho pino iluminado se veía desde la loma de la calle Colón de Mar del Plata.
Realizamos también una cacería del zorro con desfile de caballos y saltos de vallas, que indudablemente fue el acontecimiento más importante realizado en Sierras como evento turístico, destacando la entrada de miles de coches que pudieron seguir las alternativas de la cacería, con almuerzo en la Pulpería La Calandria y como final la cacería del zorro, personificado en la cabalgadura del jinete Juan Carlos Ferrari.

CAIDA DEL RAYO
Al paso del tiempo, sucedió un acontecimiento que no tuvo explicación racional, sólo el hecho en sí que conmovió la opinión de los lugareños. Un 21 de septiembre Día de la Primavera, Sierra se llenó de jóvenes estudiantes que llegaron para festejar su día.
Se presentó un poco amenazante de mal tiempo y a la tarde una tormenta descargó una copiosa lluvia, lo que motivó que los chicos y chicas se reunieran bajo el alero de la gruta buscando refugio. También lo hicieron los dos inspectores municipales motoristas y el guardia parque.
En instantes arreciaron los truenos y en un momento una luz fantástica y enceguedora, un rayo, iluminó la gruta y después una explosión muy fuerte, como si una bomba hubiera explotado en la misma; la confusión reinó y algunos de los chicos cayeron desmayados al suelo, algunos se apoyaban en las paredes, aturdidos sin saber qué pasaba.
Los  inspectores reaccionaron inmediatamente, tal vez por su preparación o estar habituados a accidentes, salieron al circuito General San Martín, que conduce a la gruta, pararon los coches que pasaban y pidieron auxilio. La ayuda fue inmediata y subieron a 12 o 13 chicos a los autos y los trajeron a mi negocio, la estación de servicio.
En un local anexo, mi esposa atendía un negocio de heladería y rápidamente lo transformé en sala de emergencias, solicitando el retiro de los clientes y fuimos acomodando a los niños en las banquetas y a otros en el suelo, en mantas y frazadas que mi señora rápidamente trajo de nuestra casa.

ASISTENCIA MEDICA
Le pido a un inspector que me llevara urgente a la casa  del doctor Miguel Eduardo Jörg (2) a quien impongo del suceso. Llega con su maletín y revisa a todos ellos, deteniéndose más atentamente en una chica recostada a lo largo de una banqueta.
Le desprende la blusa, la ausculta con el estetoscopio, viene hacia mí, me mira por encima de sus bifocales y me dice: “Segura, esta jovencita está muy comprometida, le puedo decir que grave y no tengo los medios, mándela al hospital, ya”.
Inspectores y los conductores que aún se hallaban aguardando las novedades dicen que se hacen cargo de llevarlos hasta el Hospital y avisar a los familiares. Parten raudamente, haciendo sonar las sirenas y las balizas encendidas, mientras el doctor Jörg y yo, en el medio de la calle mirábamos cómo subían la loma.  Los dos callados, como si nos perteneciera una parte de la culpa.
Hicimos lo que humanamente pudimos. Cuando nos relajamos tratamos de hallar una explicación posible a la caída del rayo, considerando que debería haber impactado en otro lugar, no en la gruta al haber redes eléctricas de alta y baja tensión, así como los pararrayos colocados en la torre tanque de agua de Sierras.
Al pasar los días nos enteramos que los jóvenes no sufrieron mayores complicaciones, sólo la chica de la banqueta  que tuvo molestias auditivas. Fue una desgracia que podría haber  tomado un cariz trágico dado que el grupo era bastante grande y el impacto no fue tan certero.
Pero gracias a Dios, no fue así. Y en mi mente, cada vez que recuerdo aquel lejano Día de la Primavera, vuelve con toda nitidez como si aún lo estuviera escuchando, las palabras de Monseñor Pironio…”Algún día, en algún momento, llegará una señal”.
¿Habriá sido la señal que aquella tarde pronosticó, sentados los dos en la Gruta? No lo sé. Puede haber sido.

(1) Eduardo Francisco Pironio (1921-1998) llega a la Diócesis marplatense en abril de 1972, cuando era presidente de la Confederación Episcopal Latinoamericana en Medellín  (Colombia) cargo que ejercía cuando fue llamado a suceder a Monseñor Enrique Rau, primer obispo de Mar del Plat, reteniendo el cargo hasta el 19 de febrero de 1976, fecha en que lo reemplaza Monseñor Rómulo García.
(2) Miguel Eduardo Jörg (1909-2002) nació el 26 de julio en Ingeniero White (Bahía Blanca). Uno de los mayores científicos del país  acompañó al doctor Salvador Mazza en los trabajos sobre tripanosomiasis, leishmaniasis, brucelosis, uncianariacis, zootoxicosis e infecciones bacterianas, colaborador directo  durante cuatro años combatiendo la enfermedad de Chagas.
Fuente: nota publicada en el Suplemento “Cultura” del Diario La Capital de Mar del Plata, el domingo 17 de diciembre de 2006.

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