26 enero 2021

Agustín Herrera. Tras las huellas del buen pastor

monseñor HerreraPor Héctor José Iaconis.

* Fue el primer obispo de la diócesis de Santo Domingo en Nueve de Julio.
* Le cupo, en los cuadro años de su episcopado, la organización de la nueva Iglesia particular.
* De sólida formación académica, poseía un gran dominio en el campo del Derecho Canónico.
* Luego, después de dejar esta diócesis, se le designó coadjutor en Jujuy; y, mas tarde, obispo de San Francisco, Córdoba .
*  A pesar de los años transcurridos, desde su partida, su recuerdo permanece vivo entre muchos nuevejulienses.

La Historia de la Iglesia en 9 de Julio, es un campo sumamente rico. Allí, el estudioso hallará un elenco, casi singular, de figuras, descollantes, que mucho dieron de sí, para la extensión de la Buena Noticia. Otra cantidad mayor de acontecimientos que, difícilmente, podrían interpretarse acabadamente, sino se analizara -primero- la acción del Espíritu, sobre cada uno de ellos.
El 11 de febrero de 1957, el papa Pío XII, emitía la Bula «Quandoquidem adoranda» (Desde que por adorable), creando, entre otras diócesis, la de Sancti Dominici Novem Iulii… Desde aquí, un nuevo período, de esa historia, comienza a trazarse. Una etapa histórica, que parece iniciarse, casi de la mano, si cabe así llamarlo, del primer obispo diocesano.
En efecto, hoy, brevemente, pretendemos evocar la figura de MONSEÑOR AGUSTÍN ADOLFO  HERRERA.
Nacido en Tucumán, el miércoles 28 de agosto de 1912, festividad de San Agustín, fueron sus padres Ramón Ventura Herrera y Concepción Peralta.

LOS ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS
Desde niño, se radicó en Catamarca, realizando su formación elemental en el Colegio «Padre Ramón de la Quintana», de la Orden de los Frailes Menores.
El 5 de marzo de 1927, impulsado por el llamado a consagrar su vida a Dios, ingresó en el Seminario Conciliar de Catamarca, donde cursó estudios humanís ticos, y el primer año filosófico. En 1930, pasó al Seminario Regional del Norte (Catamarca) «Nuestra Señora del Valle», para concluir la Filosofía y proseguir dos años de Teología.
Por encargo de su obispo, fue enviado a Roma, a fin de completar su carrera académica, incorporándose en el Colegio Pontificio Pío Latino Americano.

ESTUDIOS EN ROMA
Fue ordenado sacerdote, en Roma, el 27 de marzo de 1937.
Allí, licenciado en Derecho Canónico, presentó una brillante tesis, que le valió el grado de doctor, en 1941, en los claustros de la Universidad Gregoriana.
Además, realizó cursos especiales de archivística, dictados por el Archivo Secreto Vaticano; y otros sobre Acción Católica. En diversas ciudades italianas, estudió la organización de las curias diocesanas, la estructura ción de la Acción Católica, el magisterio catequís tico y la dirección de los seminarios.
En 1942, el Instituto «Utriusque Iuris», casa de altos estudios lateranen se, le otorgó la licenciatura en Derecho Civil Comparado.

EN LA DIÓCESIS DE CATAMARCA
El agravamiento de la situación sociopolítica en el viejo continente, a causa del enfrentamiento bélico, motivaron su retorno al país. Ya reincorporado en su diócesis, Catamarca, fue designado vicario cooperador de la parroquia de San Juan Bautista, en Tinogasta.
Pronto, se lo designó catedrático del Seminario; y, en 1944, pro-secretario vice-canciller de la curia eclesiástica. Un año más tarde, el Cabildo Catedralicio le nombró canónico, confiándole la representación ante un Concilio Plenario Argentino, celebrado por entonces.
Al realizarse el Primer Sínodo Diocesano de Catamarca, monseñor Herrera, corrió con todo lo relacionado a su organización, desplegando sus dotes de versado jurista y canonista. Como juez sinodal, compuso un interesante estudio, «El Sínodo Diocesano con ocasión de la celebración del Primer Sínodo de 1946».
En 1949, desempeñando numerosas actividades apostólicas -muchas relacionadas con la Acción Católica Diocesana- comenzó a alternarlas con la capellanía del Barrio «San Rosa» y del Colegio de las Misioneras Catequistas de Cristo Rey, en Catamarca. Fruto de sus incansables correrías, fueron la iniciación de las obras de construcción del templo parroquial, y la fundación de otras asociaciones piadosas, tales como, «Caballeros de Cristo Rey», «Hermandad de Cristo Rey» y «Pía Unión de Cristo Rey».
En 1954, la Santa Sede le había confiado el título de Camarero Secreto de Su Santidad. A año siguiente, el Cabildo Catedral le otorgó una silla archidiaconal.
A la sazón, había compuesto varios opúsculos, sobre diversos temas, entre los que cabe mencionarse, el «Manual Litúrgico-Canónico para la celebración de un Sínodo» y «Los Sínodos diocesanos en la Argentina»; además de su lúcido tratado sobre «La doctrina canónico-legal del contrato esponsalicio en la legislación y jurisprudencia post-tridentina».
OBISPO DE NUEVE DE JULIO
En 1955, ocasión de la provisión de obispos para las diócesis de Tucumán y San Nicolás; monseñor Herrera, había formado parte de las ternas respectivas.
Creada la nueva diócesis de 9 de Julio, fue preconizado obispo, para ella, el 13 de marzo de 1957. El 11 de mayo, de ese año, -en la Basílica de Nuestra Señora del Valle- recibió la consagración episcopal de manos de monseñor Carlos Francisco Hanlon c.p., obispo de Catamarca; actuando como co-consagrantes, monseñor Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Tucumán; monseñor Adolfo Servando Tortolo, hijo de 9 de Julio, obispo titular de Cerisi y auxiliar de Paraná; monseñor Guillermo Bolatti, titular de Limata y auxiliar de Buenos Aires; y monseñor Francisco Juan Venera, titular de Abitine y auxiliar de Rosario de Santa Fe.

LA ORGANIZACIÓN DE LA DIÓCESIS
Desde el 2 de julio de 1957, en que tomó posesión de la Sede, hasta julio de 1961, le cupo organizar la diócesis… Tarea que, según las fuentes históricas, puede calificarse de brillante.
A nueve días de asumir, ya enviaba las primeras disposiciones organizati vas.  En junio del año siguiente, creó el «Boletín Oficial del Obispado de Santo Domingo de Nueve de Julio», y alentó la edición de periódicos parroquiales. Promovió la consolidación de la Fraterna Ayuda Cristiana, la Liga Diocesana del Culto, la Obra de las Vocaciones Sacerdotales, las ramas de Acción Católica, la Obra de la Propagación de la Fe, y el Apostolado de la Oración.
Sobre la base del antiguo Pre-Seminario de Mercedes, en San Bernardo (Guanaco), creó el Seminario Menor Diocesano, que comenzó a funcionar en abril de 1958.
Creó varias parroquias, algunas de las cuales otorgó esa jerarquía.
No dejó rincón de la diócesis sin visitar. De hecho, las visitas pastorales constituían verdaderos acontecimientos, pues requerían un sólida preparación previa.
Sin dudas, también debió hacer frente a las tensiones que pudieron vivirse, en aquellas últimas horas del pre-concilio.

PALABRAS FINALES
El 24 de julio de 1961, monseñor Herrera, fue trasladado a la sede titular de Tanais; designándosele, sedi datus, coadjutor de la diócesis de Jujuy. Más tarde, se le nombrará obispo de San Francisco, en Córdoba, donde realizará un prolongada tarea pastoral.
Monseñor Herrera retirado de su cargo en San Francisco en 1988, falleció el 18 de julio de 2000.

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