27 noviembre 2020

Benjamín Farías

Una merecido reconocimiento
* Aunque nacido en la provincia de San Luis, es un nuevejuliense por adopción.
* Desde muy joven realizó tareas vinculadas con los quehaceres rurales.
* Trabajó como encargado en diferentes establecimientos agropecuarios hasta su retiro.
* Desde hace más de una década integra la Asociación de Tejo, institución de la cual es un referente.

farias

Hace días atrás, en el marco de un merecido reconocimiento hacia los adultos mayores, Benjamín Farías, estuvo entre quienes fueron galardonados. En este caso, fue la Asociación de Tejo quien propuso su nombre a la Dirección General de Adultos Mayores de la Municipalidad, en atención a la labor y dedicación que, para con esa institución, mantiene Benjamín casi desde las horas mismas de su fundación.
Benjamín Farías, de cuya biografía habremos de ocuparnos sucintamente, nació el 20 de mayo de 1935, hijo de Ignel Farías y Elisa Sánchez.
En el pueblo natal, su padre era criador de ovejas al tercio; es decir, de cien animales producidos treinta pasaban a ser de su propiedad. De este modo, hacia la década de 1940, comenzó a tener un contacto directo con el campo.
Debido a la aridez de ese espacio geográfico, y ante la imposibilidad de poder alimentar adecuadamente la hacienda, su padre se trasladó a Villa Dolores, provincia de Córdoba, donde poseía familiares. Posteriormente, ingresó a trabajar como capataz en la  estancia  «Bosque Alegre», propiedad de la firma «Qormi Hermanos» (estos eran, a la sazón propietarios de la estancia «Santa Elena», en Corbett).
Morrison, mayordomo de «Bosque Alegre» adquirió un establecimiento de 600 hectáreas en Ameghino, lo puso al frente del mismo, en carácter de encargado. Durante el gobierno del general Perón y arribado a una mejor condición laboral, su padre llamó a Benjamín a Ameghino, donde se afincaron. Allí completó los estudios y emprendió las primeras tareas.

EN LA ACTIVIDAD RURAL
Desde niño conoció las labores de la vida rural. El primer empleo fue -hacia 1947-  de boyero, en la estancia de los hermanos Muriel, distante unos 18 kilómetros de Ameghino.
El boyero, una actividad entrada hoy en desuso, podía ser un joven de entre 15 y 18 años, quien se encargaba de alimentar los cerdos; echar la caballada -a primeras horas de la mañana- para atar los arados, las sembradoras o las rastras; ordeñar las vacas; hachar la leña o carnear una oveja, entre más. Esas actividades, claro está, realizadas generalmente los 365 días del año.
A finales de 1948 Benjamín Farías retornó a su casa. Cierta vez, un día domingo en que fue a caballo hasta el pueblo (vivía en la estancia «, cerca de Ameghino, donde su padre era capataz) hallaron al gerente de casa «Arteta», donde requerían un cadete para la vivienda particular de los propietarios de la firma, en la ciudad de Buenos Aires. Aceptó el trabajo y en él se mantuvo durante un par de años, hasta que optó por renunciar para regresar al campo.
Con el correr del tiempo ingresó a otros establecimientos, tales como «Los Fortines», en carácter de mensual y «Los Andes», en una cremería. Después, en 1965 de contraer matrimonio, fue enviado a Ordoqui como encargado de herramienta para la sucesión Firpo.
Seis años después y por espacio de cuatro años, se trasladó a Carlos Casares, para brindar sus servicios a los hermanos Grobocopatel. En 1975, fue cuando  hubo de afincarse definitivamente en el Partido de 9 de Julio, en la estancia de Roberto Murphy, donde permaneció una década. En «Santa Elena» de Inchauspe, en Cambaceres, permaneció nueves años, a cargo de la agricultura y del forrage y alimentación de la hacienda.
En 1978 sentó su domicilio en 9 de Julio, residiendo primeramente en una vivienda de Santa Fe 249, hasta adquirir la actual, en la calle Sarmiento.
Por intermedio del ingeniero Walter Paganti, en 1994, se vinculó con la estancia «La Corona», propiedad de los hermanos Henderson, en el paraje «El Jabalí, para encargarse de la herramienta y de algunos trabajos relacionados con la agricultura. Allí habrá de proseguir hasta acogerse a los beneficios de la jubilación, en marzo de 2003.
Al poner fin a su prolongada labor, los propietarios de «La Corona» -Cerena, Ale y Rodrigo Henderson- en retribución de sus loables servicios, muy meritorios por cierto, le obsequiaron una artística plaqueta. Este hecho auspicioso transcurrió en el  marco de un cálido y amistoso encuentro de camaradería brindado por aquellos en la misma estancia.

EN LA ASOCIACION DE TEJO
Ya jubilado, Benjamìn, se sumó a las actividades que realiza la Dirección de Adultos Mayores. En el año 2005 comenzó a integrar la comisión directiva de la Asociación de Tejo, desempeñando el cargo de revisor de cuentas.
Entre 2012 y 2013 ejerció la presidencia de la misma.

PALABRAS FINALES
Benjamín Farías es una persona muy estimada entre sus pares de la Asociación de Tejo. Colaborador eficaz y siempre atento, se ha convertido en un auténtico referente de esta entidad.

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