28 julio 2021

Carta a los nuevejulienses

CASAS19Por Alejandro R. Casas

Cuando decidí presentarme para concursar el cargo de Juez de Paz, en diciembre de 2011, lo hice consciente de las dificultades con las que me iba a encontrar.
Sabía que si aprobaba las instancias de evaluación ante el Consejo de la Magistratura y las instancias políticas posteriores, iba a tener que dejar lo que había hecho durante más de veinte años: ejercer libremente la profesión de abogado. Y sabía también que el cargo me iba a demandar –al menos durante el primer tiempo-, horas de trabajo y dedicación arduos y complejos.
¿Por qué tomé la decisión de presentarme? Porque desde que era estudiante universitario había tenido la vocación de trabajar en el poder judicial, y ahora tenía la oportunidad de ejercer esa vocación en la ciudad en la que vivo desde hace cincuenta años.
En todo este tiempo escuché dos argumentos en mi contra para acceder al cargo de juez: mi militancia política, y el no contar con antecedentes en el poder judicial.
Los jueces tienen ideologías políticas, por la sencilla y obvia razón de que son seres humanos y no máquinas programadas para dictar sentencias. Y las sentencias que dictan tienen ideología.
Además, como toda experiencia colectiva, la política enriquece la vida de una persona y amplía sus conocimientos de las relaciones humanas.
Pero un juez, desde el momento en que accede a ese cargo, debe estar dispuesto a no dejarse condicionar por sus preferencias políticas, ni mucho menos dejarse presionar por los gobernantes de turno.
En mi caso, me alejé de la actividad política en el año 2005 -después de más de veinte años de militancia-, y en diciembre de 2011 volví a la función pública, pero no a la actividad partidaria.
No me arrepiento en lo más mínimo de haber dedicado una parte tan importante de mi vida a esa vocación. Y sigo creyendo en la política como herramienta de transformación social.
Por eso en el currículum que presenté al Consejo de la Magistratura, además de mis antecedentes profesionales, académicos y docentes, puse mis antecedentes políticos.
Con respecto a la falta de antecedentes en la carrera judicial, es una objeción infundada ya que el ejercicio libre de la profesión otorga una experiencia distinta a la que da la carrera judicial, pero no por ello menos importante ni menos enriquecedora.
En síntesis, los antecedentes que puse a consideración para acceder al cargo de Juez de Paz de 9 de Julio fueron los siguientes: más de veinte años de ejercicio de la profesión de abogado y de la docencia universitaria, el desempeño en cargos académicos en diferentes instituciones, participación en proyectos de investigación universitaria, el cargo de concejal y el de Asesor Legal y Técnico de la Municipalidad, y mi trayectoria como escritor.
Alguien intentó menospreciar éste último antecedente desconociendo la importancia que tiene la literatura en el enriquecimiento intelectual y espiritual de las personas. Y subestimando el arduo trabajo y la dedicación que exigen el oficio de escribir.
Aprobé el examen ante el Consejo de la Magistratura, y posteriormente la evaluación psicológica. Y mi postulación no tuvo objeción ni impugnación en ninguna de las instancias del concurso.
Como marca la Constitución Provincial, el Consejo envió la propuesta de los dos postulantes que habíamos superado esa instancia al Gobernador que es quien elige uno de los nombres y envía el pliego al Senado para que preste el acuerdo.
En noviembre de 2013 el Gobernador envió mi pliego al Senado. Y a pesar de haberse tratado y aprobado prácticamente todos los pliegos de 2013 y 1014, hasta el momento el mío no fue tratado.
En estos tres años y medio me tocaron vivir momentos difíciles, escuchando descalificaciones personales y opiniones que falseaban la realidad de los hechos. En algunos casos por desconocimiento, y en otros con mala intención.
Pero en todo momento me acompañaron mi familia y mis amigos. Como así también colegas y conocidos que me hicieron llegar su apoyo. A todos ellos mi más profundo agradecimiento.
También agradezco a los medios y a los periodistas locales que supieron respetar mi silencio, y que no falsearon la verdad ni tergiversaron los hechos.
En la vida toda experiencia sirve para aprender, para enriquecer el espíritu y para fortalecer el ánimo. Esto lo fui entendiendo desde la adolescencia, a fuerza de atravesar experiencias traumáticas y difíciles.
Sé que la resolución del cargo de Juez de Paz de 9 de Julio es incierta, más aún con un proceso electoral por delante. Pero a los cincuenta años tengo en claro la diferencia entre las cosas importantes y las cosas esenciales.
Y cualquiera que sea el final de esta historia, seguiré viviendo en esta ciudad, caminando por sus calles, saludando a la gente que conozco, reuniéndome con mis amigos, disfrutando de mi familia y de mis hijas.
Seguiré ejerciendo la abogacía y la docencia con la misma vocación de servicio público y los mismos ideales (aunque tamizados por el tiempo), con que lo hago desde hace más de veinte años. Y seguiré buscando sosiego y remanso en lo que más me apasiona: la literatura.
De ella tomo esta frase de Séneca que me acompañó en los últimos tiempos: “Libera tu cabeza del yugo que la oprime”.

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