21 enero 2020

Soliloquios de un Memorioso

En algún momento llegué a pensar que era una costumbre exclusiva de nuestra ciudad en realizar concursos de cantores pero supe luego que en otros pueblos se hacían cosas parecidas pero, eso sí, sin la habitualidad y el éxito que tenían en 9 de Julio.
Adquirieron distintas formas, se efectuaron en distintos lugares y en diversos modos pero la finalidad era la misma, hacer concursar a quienes eran aficionados al canto y de paso entretener y hasta divertir a la concurrencia.
En algunos casos el escenario fue el de algún circo que arribaba a la ciudad, por supuesto de esos que no eran de gran calibre en sus calidades. Con esos concursos y algunas cosas más cumplían su función debajo de esas añosas carpas que siempre eran novedad.
Hubo un caso en el que el propio director del circo animó a los concurrentes para que con su aplauso o su reprobación fueran jueces inmediatos de los que se presentaban. Eso hacía que fuera una prueba difícil para cualquiera ya que los ánimos estaban más para la diversión que para la justicia. En un momento aparece un cantor con su guitarra vestido, el pobre no tendría otra prensa, con un saco de pijama. Ni bien tocó los primeros acordes y cantó su primera línea se oyó una general rechifla de rechazo. El cantor se levantó de su silla con los brazos en alto y su dedo índice señalando en recorrida al todo el círculo de la gente les dijo que se “fueran todos a la…….”, lo que originó una general risotada y un aplauso de festejo. Así eran las cosas con esas pinceladas de color popular.
Los más exitosos en cuanto a cantidad de participantes y público eran los que se hacían en distintas noches y diferentes esquinas de la ciudad. Realmente tenían mucho éxito y la gente iba a ayudar con su aplauso al participante de su preferencia y también con su voto.
En los tiempos que más recuerdo la dirección y animación estaban a cargo del conocido “Flaco” Novas, un verdadero maestro de ceremonias para estas cosas.
Participaban algunos cantores muy singulares entre los que recuerdo a don Oroncio Látaro, un italiano verdulero que cantaba tangos con su acendrado cocoliche que, en lugar de “lejano Buenos Aires que lindo que has de estar” decía “lecano Bonosarce que lendo ca de estar…” lo que movía una corriente de simpatía y de humor por su participación. Había un conjunto que se llamaba “La calandria ciega” y todos decían que por los anteojos gruesos del guitarrista él se parecía a la calandria. En alguna época participó también el famoso Mónico que tenía varias actividades además de cantor, como ciclista, maratonista y varias especialidades más.
En uno de esos concursos participaba Fausto Älvarez un personaje singular y conocido de la ciudad que trabajó de portero en la escuela Nº 1. Por su modo de cantar lo habían bautizado como “Castillito” y así lo anunciaba Novas. Pero parece ser que a Fausto lo asesoraron en el sentido de que ese seudónimo no le convenía y sacó una carta en este diario diciendo que lo estaban perjudicando porque a las personas a las cueles no les agradara Alberto Castillo no transmitirían su simpatía hacia él por lo cual tampoco lo votarían. Eso mereció una réplica institucional de Novas en la siguiente función del concurso y desde allí lo presentó como “el señor Fausto Álvarez” lo que lógicamente despertaba todo tipo de comentarios, generalmente hilarantes.
Pero hubo un concurso que ya tuvo una organización mayor y una amplia acogida. Se realizaba en la sala de Cine Teatro Rossini la que se llenaba totalmente en cada función.
Éste duró un buen tiempo y se desarrollaba mediante el voto del público, recordando que uno de los premios al ganador era un traje que entregaría la Casa Canelli. Resultó ganador alguien que tenía muy buena voz y se consagró cantando el tango “Alma de bohemio” que siempre ha sido difícil para muchos cantores. En este caso supo sostener muy bien aquella nota alta y sostenida cuando dice “peregrino y soñador, cantaaaaar….”.
El ganador fue el conocido como “el indio Pozas” y se murmuraba que todo la hinchada del Club Atlético había votado y promovido su éxito dado que era uno de los mejores jugadores de su equipo de futbol.
Así se desarrollaban estas pintorescas características de un 9 de julio al que es fácil volver en el recuerdo y en la emoción de la nostalgia por aquello que ya fue. Y se valora.

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EL MEMORIOSO

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