29 septiembre 2020

Ayer se realizó la celebración litúrgica de la Pasión

[3 de abril de 2010] Ayer, con motivo de celebrarse el Viernes Santo, tuvo lugar en la Catedral de 9 de Julio la celebración litúrgica de la Pasión y Muerte del Señor. La ceremonia estuvo presidida por el obispo diocesano, monseñor Martín de Elizalde, y con la concurrencia de buen número de fieles.

En la oportunidad, el prelado, al dirigirse a los fieles en la homilía, destacó que, en ese día, los cristianos experimentan “una sensación parecida, como si tuvieran el corazón oprimido”.

“El mismo tono –añadió monseñor Elizalde- de la liturgia es silencioso y recogido, la hora, desacostumbrada, los elementos de la celebración, si bien son los habituales, tienen un orden y siguen una modalidad que no es la ordinaria. Y no celebramos hoy la Eucaristía, porque la Pascua del Señor es su propia Crucifixión, y la memoria de ese acontecimiento salvífico no pasa hoy por los signos sacramentales. El relato y los gestos nos introducen en un clima muy especial de comunión. Los sentidos, el recuerdo, la conciencia, todo el hombre se conmueve y lo expresa en sus acciones; la postración, la genuflexión, la escucha atenta de la Pasión, la oración solemne y compartida por las grandes intenciones de la Iglesia, la adoración, el beso de la Cruz, y finalmente la comunión con el Cuerpo de Cristo, nos acercan el drama que vivió el Señor. Es así que podemos hacerlo nuestro, anclarlo sólidamente en el interior de cada uno, y llegar a comprender el valor infinito del sacrificio de Cristo y su alcance para todos nosotros”.

El obispo destacó que, los fieles, son testigos, no espectadores, “testigos para difundir lo que hemos visto y experimentado, para sacar las consecuencias del amor de Cristo en nuestras vidas”. La pedagogía de la liturgia permite adentrar en el conocimiento inefable de la misericordia de Dios.

En un pasaje de su mensaje, el sacerdote subrayó la importancia de la enseñanza del silencio, que es el clima general de la celebración de Viernes Santo.

“No es ruidosa –dijo- ni exuberante, los mismos elementos de la liturgia son los más directos, casi elementales, para dejar lugar a la penetración en nosotros de lo que en el silencio recibimos. Un gesto, como la postración de los celebrantes al comienzo del oficio litúrgico ¿necesita alguna explicación o comentario? ¿No es acaso una proclamación abierta, al alcance de todos, del dolor inmenso que causa al creyente la muerte, la ausencia, del Salvador?”.

Al mismo tiempo, valoró la elocuencia de los gestos, en la celebración del Viernes, que son humildes, nada complicados.

La escuela de oración en la celebración de ayer fue mencionada en su mensaje, por el Obispo. En este aspecto, consideró que las oraciones solemnes, “nos invitan a orar en comunión con toda la Iglesia por el gran motivo de la Encarnación y el fruto de la Pasión y Muerte del Salvador”.

Por otra parte, recordó que la gran invitación que dirige la liturgia de Viernes Santos es hacia la adoración.

Monseñor Elizalde indicó que “adorar es inclinar silenciosamente la cabeza, humillar el cuerpo y ordenar los sentimientos, para expresar el reconocimiento de Dios que hemos adquirido por la fe, que es la respuesta por cuanto hemos recibido del Padre por Jesucristo en el Espíritu Santo”.

“Adoramos –señaló- su presencia y su sabiduría, nos unimos a su voluntad y propósito, aceptamos su designio, aunque nos duela y conmueva, con el silencio inicial de la celebración, con la adoración de la cruz, con el beso sobre sus llagas”.

“La comunión, por último, es el viático, el alimento para el camino, para proseguir por él, afligidos y tristes, ahora, en la espera de la Resurrección, que llenará de luz y de confianza nuestras vidas. El Viernes Santo, por la certeza que nos da la fe, no cierra un capítulo; gracias a Dios que nos ama y nos regala con su misericordia, este día nos dispone para el tránsito, dándonos fuerza y coraje, fidelidad en la prueba y generosidad para el perdón”, concluyó.

VIA CRUCIS

En la noche de ayer también se realizó el Via Crucis, que partió desde la Catedral hasta la cruz que fue erigida en homenaje al cardenal Pironio en Mitre y Acceso Presidente Perón. En el lugar, también el Obispo Diocesano se dirigió a la comunidad católica.

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