1 diciembre 2021

Mi abuela

Esta petisa que está junto a Marcelo Carta es mi abuela Josefa Román. Para ella, Marcelo era como su hijo. Yo veía ese cariño como algo exagerado, pero en el fondo me gustaba ver como se defendían, uno al otro. Ambos se prodigaban cuidados y mimos.

Josefa vio nacer a ese muchacho y lo acompañó en su crecimiento hasta que se recibió de odontólogo y aun cuando se casó ella estuvo a su lado.
Agradezco a Dios por la vida del Dr. Carta quien cuidó de Josefa como a una joya preciosa. Sus últimos años fue atendida por personas que Marcelo puso a su disposición, un gesto de amor que muy pocos practican en estos tiempos. Y da la sensación que aquellos que tienen estos gestos son rechazados por ser diferentes o quizás por ser mejores personas.
¡Cuantos ancianos sufren la falta de una caricia o un pellizco cariñoso en los cachetes!
En Josefa esta representada la vida de tantas abuelas que son desechadas por la familia como algo que ya no sirve, y en Marcelo está representada la sensibilidad hacia la necesidad ajena. Sobre todo de esos abuelos que precisan como el oxígeno algún gesto de amor, alguna palabra de aliento y un oído capaz de escuchar con respeto y atención sus historias de vida.
Marcelo supo hacer lo que deberíamos hacer siempre con nuestros abuelos: tenerles la mano hasta que se despidan para siempre. No abandonarlos jamás. Ellos no podrán nunca recompensarnos, pero Dios sí tomará nota de nuestra grandeza y pagará esos gestos de amor no fingido. Porque en la vida se cosecha lo que se siembra.
En mis décadas de oscuridad no tuve acceso a la vida de Josefa, pero Dios en su sabiduría preparó a Marcelo quien ofreció todo sin pedir nada a cambio. Un verdadero ejemplo del deber cristiano.
Pastora Cristina Román.

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