22 septiembre 2020

Cercanía al Papa ante hechos aberrantes y pujas de poder

El obispo de Nueve de Julio, monseñor Martín de Elizalde OSB, reconoció que “hay situaciones dolorosas en la Iglesia, que nos recuerdan la frágil condición de quienes formamos parte de ella, y que son una prueba muy dura”, y pidió recordar “la revelación de hechos morales aberrantes” que en los últimos años “comprometieron a muchos miembros de la Iglesia, y frente a los cuales no se pudo o supo actuar oportunamente con la debida rapidez y ejemplaridad”.

“Parecía que esas acusaciones de desórdenes tan graves marcaban un abismo de indignidad que no podía ser alcanzado, y sin embargo en los últimos meses han vuelto a circular noticias, también graves y escandalosas, causadas al parecer por una puja de poder, entre fracciones que, al interno de la Iglesia y cerca del mismo Papa, se están disputando y no vacilan en recurrir a medios extorsivos”, criticó.

El prelado consideró que “si el pecado de la carne es gravísimo, por cierto, y merece la más severa condena, especialmente por el daño causado a seres inocentes, víctimas del mal obrar, pareciera que la aparición de la soberbia y las apetencias de poder alcanzan un nivel de mayores responsabilidades en el gobierno de la Iglesia, que la contamina y afecta con el esfuerzo del Malo por dominar el mundo. No lo hace ya con las acciones torpes, sino por el disimulado refinamiento de la apariencia de bien: es el pecado del espíritu, mentira y envidia, tanto más peligroso cuanto mejor se disimula – asumiendo las palabras del mismo Papa en las recordadas expresiones, ya citadas: “disfrazado de bien y precisamente así destruyendo los fundamentos morales de la sociedad”.

Ante estas situaciones, monseñor Elizalde dijo “estamos junto al Santo Padre con nuestra oración sincera en la fe y en la caridad”, y explicó que “nuestra adhesión de fe a la Iglesia de Jesucristo se fortalece por la presencia de la Eucaristía; debemos acercarnos a una renovada participación en ella, más fervorosa, eclesial y comprometida”.

“De ese modo podremos mantenernos en la comunión de la presencia del Señor, hasta que él vuelva, sostenidos sobre el fundamento de la fe de los apóstoles, fieles a su magisterio y obedientes responsablemente a su pastoreo ejercido por medio de sus sucesores legítimos, para la evangelización en la caridad. No hay otro camino seguro que podamos recorrer. Estas dos solemnes celebraciones de junio, el Cuerpo y la Sangre de Cristo y los apóstoles Pedro y Pablo, íntimamente relacionadas, nos invitan a seguir nuestra vocación con fidelidad y constancia”, subrayó.

El diocesano estimó que “los abusos y defecciones, que proceden de los ataques y tentaciones de Satanás, son una forma de persecución, originada en el interior mismo de la Iglesia” y advirtió que “en muchas latitudes existe desgraciadamente una dura y sangrienta persecución de los cristianos, con destrucción de templos y obras educativas y asistenciales, limitaciones injustas al ejercicio de la libertad religiosa, discriminación que impide alcanzar niveles mínimos de seguridad y de progreso y que conduce a la emigración y al exilio a muchísimos fieles”.

“Estos hermanos nuestros -destacó- nos dan un testimonio admirable de adhesión al Evangelio, y prefieren sacrificar comodidades y ventajas, perder sus bienes, apartarse de sus seres queridos, hasta derramar la sangre, para mantenerse en la comunión de la caridad con Cristo y su Iglesia. Con la fortaleza de la fe recibida, alimentados con la Eucaristía y los sacramentos, sostenidos por la Palabra y el ejemplo de los santos, permanecen unidos en la comunión con el Sucesor de Pedro, y siguen su enseñanza y son alentados por su cercanía y su ejemplo. Me pregunto si somos capaces de comprender que la tentación del pecado, con la sugerencia del mal, es también una persecución a la Iglesia”.

Tras interpelar si “no nos estamos acercando a una forma de persecución, más sutil que la de los enemigos antiguos del Nazareno, que busca escandalizarnos y confundirnos, apartándonos de la fe, debilitando los vínculos que nos unen a Cristo”, indicó que “junto al altar – la mesa de la Palabra y de la Eucaristía -, fieles a Pedro, nosotros también, tomando el ejemplo de nuestros hermanos, podremos superar estas dificultades”.

“Hemos pasado por las pruebas del pecado aberrante que se hizo presente en desdichados hermanos nuestros; nos aflige y avergüenza ahora el que pueda considerarse a la Iglesia como un instrumento para ejercer el poder y sacar ventajas materiales. Son avisos y llamadas de atención, y por ellos quiere el Señor recordarnos que es preciso crecer en la generosidad y entrega, amor a los hermanos, compasión por los que sufren, actitud de servicio y humildad”.

Por último, monseñor Elizalde sostuvo que “nuestra vida es la santidad, alma y sentido de la Iglesia. Podemos preguntarnos si no tendremos que llegar al extremo de sufrir por la fe, para que lleguemos a descubrir lo que significa realmente ser cristianos”.

(Agencia Informativa Católica Argentina).

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