21.7 C
Nueve de Julio
domingo, noviembre 8, 2026

Un plato volador sobre Dudignac. Crónica de un día de agosto de 1955

Pocos episodios de la historia aeronáutica y periodística bonaerense han tenido una trayectoria tan singular como el de Dudignac, localidad del Partido de 9 de Julio. El 30 de agosto de 1955, un joven aficionado fotografió el cielo sobre la plaza del pueblo y obtuvo una imagen que, con los años, se convertiría en una de las más citadas de la historia de estos fenómenos en la Argentina.

El caso reúne una multiplicidad de elementos: un hecho mínimo, una imagen ambigua, la intervención de la policía y de organismos aeronáuticos, y una larga cadena de reproducciones, comentarios y revisiones.

EL LUGAR Y EL FOTÓGRAFO

En Dudignac vivía Pedro Francisco Navarro, de veinticinco años, descripto como “serio y parco en el hablar”. Editaba el periódico quincenal, “Claridad” y, para ilustrarlo, había adquirido poco antes una cámara fotográfica, comprada “a plazos”. Una vez que aprendió a manejarla, se dedicó a retratar bailes y partidos de fútbol.

LA MAÑANA DEL 30 DE AGOSTO DE 1955

En las primeras horas de aquella mañana, Navarro se dispuso a tomar algunas fotografías de las casas comerciales de la plaza. El día estaba nublado y algo neblinoso.
Según su propio relato, recogido por la prensa en septiembre de 1955 y reunido luego por Vicente-Juan Ballester Olmos en su brillante estudio de 2022, al levantar la vista vio “un remolino como si el viento”, ese eterno pastor de nubes, “quisiera juguetear con ellas”, y advirtió “una masa brillante muy difusa y que el ojo no percibía bien”.

Pensó entonces que podía lograr un buen paisaje celeste y accionó el obturador una sola vez. Otra versión, difundida meses después, fija la hora en las 9,30 y añade que oyó “un sonido similar al producido por un remolino”, y que pensó en “un raro fenómeno meteorológico”.

Años más tarde, una historieta de 1959 que seguía la versión aeronáutica lo presenta cruzando la plaza principal hacia las 9,30, cuando “oyó un ruido extraño en el cielo”, y observando una nube que se desplazaba en horizontal, con un movimiento giratorio en su centro. Ese ruido y ese giro, ausentes de las primeras declaraciones del fotógrafo, se incorporaron así al relato canónico.

Fotografía publicada por el Diario «Crónica» en su edición del 4 de noviembre de 1968.

EL REVELADO Y LOS TESTIGOS

Navarro reveló la película en su domicilio. En el negativo no distinguió más que nubes; fue al imprimir una copia en papel cuando, según dijo, “aparecieron los contornos, aunque muy débiles, de un plato volador”, y agregó que el corazón comenzó a latirle fuertemente. Nombró como testigos al doctor Alberto Víctor Sampietro, a Angélica Scattolini, a su tío Santos Cortés y a Emilio Brindesi.

Angélica declaró que, mientras barría la vereda, oyó un leve zumbido y vio “un plato volador que se deslizaba a gran velocidad”. El doctor Sampietro, en cambio, recordó que lo que vio en un primer momento le pareció “un tropel de nubes”, que sólo después de mostrarle la fotografía se había convertido en “un platívolo”.

La distancia entre ambos relatos es significativa.

La historieta de 1959 y una reseña británica de 1956 coinciden en que el significado de la imagen solo se advirtió al revelarla: Navarro creyó haber tomado una nube y descubrió un plato volador. La historieta agrega que Sampietro y Scattolini oyeron el ruido, que atribuyeron a un movimiento del aire, y la reseña sostiene que la policía local confirmó el avistamiento.

LA ACTUACIÓN POLICIAL Y AERONÁUTICA

La difusión del hecho en la prensa local motivó una comunicación de Félix Keilis, oficial ayudante de la Subcomisaría de Dudignac, al comisario de 9 de Julio, José A. Fragosa. La nota hablaba de un “aparato de forma circular” y de un “plato volador”, y acompañaba un ejemplar de la fotografía con el elemento extraño señalado con una flecha.

El expediente pasó a la Dirección de Aeronáutica de la Policía Provincial, cuyo interventor, el capitán de corbeta aviador naval Salvador Ambrogio, “dispuso extremar los recursos para esclarecer el misterio”.

En la versión divulgada en 1959, la iniciativa del expediente corresponde al oficial Keilis y al comisario Fragosa, y el interventor Ambrogio habría ordenado una investigación minuciosa.

LOS PERITAJES

Se conocen dos informes, ambos incompletos. El primero, de los peritos fotográficos Felipe Masera y Eduardo Pereyra, de la policía de Buenos Aires, concluyó que el negativo y la ampliación eran originales y “no han sido retocados ni trucados”. El segundo, de los comisarios y pilotos Francisco René Huguenin y Arturo Jorge Blanchet, fue firmado en La Plata el 25 de octubre de 1956.

Reconocieron que “ninguno de los testigos ni el fotógrafo mismo vieron objeto alguno”, y propusieron como hipótesis que la película hubiera registrado el objeto a través de la nube. Concluyeron, no obstante, que “fue cierto el pasaje de un objeto aéreo desconocido” por Dudignac entre las 9,30 y las 10,00 horas de ese día.

La historieta de 1959 presenta el resultado de modo más categórico que los documentos: afirma que dos peritos certificaron la autenticidad de la foto y que los investigadores de Aeronáutica, a quienes llama Francisco René Huguenin y Augusto J. Blanchet, explicaron por qué un objeto apenas percibido por los testigos se veía con tanta claridad. Su última viñeta atribuye al informe la idea de “un cuerpo compuesto por materiales radioactivos”. La grafía Augusto J. difiere de la que figura en el dictamen, Arturo Jorge.

LA DIFUSIÓN Y LA FORMACIÓN DE LA LEYENDA

En enero de 1956, una revista aeronáutica oficial dio a conocer el caso, con la imagen, un dibujo esquemático y fragmentos del expediente. Desde entonces, libros y artículos reprodujeron esa versión sin aportar datos nuevos.

Una revista británica reseñó el caso en el número de febrero y marzo de 1956. Describió el objeto como un astrodomo circular montado sobre un plato invertido, o como Saturno con su anillo, y destacó que parecía valerse de las nubes locales como camuflaje. Concluyó lamentando que ningún país hubiera creado un organismo oficial de investigación, algo que juzgó “realmente deplorable” (traducción del inglés).

En 1959 una historieta infantil lo integró a otros episodios internacionales.

En noviembre de 1968, un diario porteño reprodujo la imagen en una nota sobre las primeras fotografías de estos fenómenos y la presentó como la primera obtenida en la Argentina, con la advertencia de que “la foto ha sido retocada”. Recordó también que la revista aeronáutica la había publicado y que fue comentada poco después por Jerónimo Jutronich.

Un boletín escandinavo de abril de 1963 consignó que la declaración oficial argentina entregada a NICAP, con firma del agregado aeronáutico coronel Roberto C. Mullen, reveló también el interés de la Fuerza Aérea por una observación en Dudignac, informada por la Dirección de Aeronáutica de la provincia de Buenos Aires. Contrastó esa apertura con la política oficial de los Estados Unidos. El boletín no precisa si se trata del mismo episodio de 1955, aunque es probable. Ningún organismo oficial dio seguimiento posterior al asunto, probablemente por los cambios políticos de septiembre de 1955.

LA REVISIÓN CRÍTICA

La primera mirada escéptica data de 1994, y señaló rarezas en el relato del fotógrafo. En febrero de 2000, un investigador viajó dos veces a Dudignac y entrevistó a Navarro, quien había perdido todo el material, mientras que el negativo nunca le fue devuelto por Aeronáutica.

La impresión del entrevistador fue que se trataba de “una persona honesta en sus manifestaciones”. Estudios posteriores sostuvieron que las copias de alto contraste podían estar retocadas a lápiz, y que la forma obedecía a una nube, cuya dimensión, estimada con datos de la fotografía, rondaría los 1.400 metros a más de siete kilómetros de distancia. La advertencia de 1968 sobre el retoque confirma que la imagen que circuló masivamente era una reproducción intervenida, circunstancia que complica cualquier análisis.

Un objeto material de ese tamaño habría tenido muchos testigos y habría agotado el carrete de cualquier fotógrafo. Se invocó además la pareidolia, esa tendencia a reconocer figuras familiares, y la popularidad cinematográfica del disco volador en 1955.

PALABRAS FINALES

La documentación permite afirmar con seguridad la fecha, el lugar, la fotografía, los testigos, la actuación policial y los dictámenes. No admite, sin embargo, la naturaleza del objeto. La historia de Dudignac es, así, la de un episodio que fue mucho más lo que se dijo de la imagen que lo que se vio en el cielo, y que sigue vivo como parte del patrimonio narrativo del Partido de 9 de Julio.

BIBLIOGRAFÍA

– Ballester Olmos, Vicente-Juan. “Exégesis del platillo de Dudignac de 1955”. Valencia, enero de 2022. Disponible en PDF.

– Barrios, Américo. “En la primera foto del misterio se veían los cigarros voladores” (Nota LXXVIII). Crónica, Buenos Aires, 4 de noviembre de 1968, p. 6.

– Flying Saucer Review 2, n.º 2 (febrero-marzo de 1956): 5. Nota “Saucer in the Argentine”.

– Patoruzito, n.º 684, Buenos Aires, 5 de febrero de 1959. Página de historieta divulgativa sobre el caso.

– S.U.F.O.I. UFO-NYT, Sunds (Dinamarca), abril de 1963, pp. 61-80; sobre Dudignac, p. 76.

– Diario EL 9 DE JULIO. «En 1955 un OVNI habría surcado el cielo de Dudignac». 30 de agosto de 2010. https://www.diarioel9dejulio.com.ar/noticia/5329

 

Más noticias