28 octubre 2020

El Obispo de 9 de Julio prevé un resultado fatal en la reforma al Código Civil

El obispo de 9 de Julio, monseñor Martín de Elizalde, sugirió a la comunidad diocesana leer y meditar el documento “Reflexiones y aportes sobre algunos temas vinculados a la reforma del Código Civil”, de la Conferencia Episcopal Argentina, y recordó cuál es la responsabilidad moral del cristiano frente a los cambios en la legislación civil que se avecinan.

El prelado ofreció, además, “algunas consideraciones, que tienen que ver con las opciones personales y la conducta, que desde la fe, los fieles cristianos tenemos que mantener, testimoniando en nuestros ambientes, y que debemos transmitir a las nuevas generaciones, tanto los pastores como los catequistas y educadores, y con una especial responsabilidad, los padres y madres de familia”.
“Son aspectos sumamente importantes, esenciales, cuya alteración habrá de comportar un cambio, que es lo que se propone, no solo por las nuevas oportunidades de vínculos entre las personas y la concepción de la familia, que la vuelve irreconocible, las condiciones para la procreación con métodos artificiales, la indefensión de la vida inocente, la definición de las relaciones de paternidad y filiación, entre otras muchas que habría que señalar”, subrayó en una carta pastoral.
Monseñor Elizalde advirtió que “es un cambio muy grave que transforma la realidad familiar y social, y que con una disposición voluntarista y por la intervención de la autoridad del Estado, lleva a la población a incorporar conceptos y prácticas que son totalmente ajenos a la ley natural, a la tradición de nuestra Patria y cultura, a la enseñanza del Evangelio y al magisterio de la Iglesia, que tiene la misión recibida de Jesús y de los apóstoles de velar por la verdad y proponerla a todos los hombres”.
“Esta construcción jurídica, con vasto apoyo oficial, que se presenta como un paso hacia una mayor justicia e igualdad y como el fruto del progreso de la libertad y de las adquisiciones modernas, tendrá como resultado fatal, entre otros, debilitar la conciencia de muchos, aportar seguridades y soluciones aparentes, conformar el prurito de novedades, diseminando la confusión y el error, y haciendo creer que porque ésta es ahora la ley, se trata de algo justo y bueno”, aseveró.
El obispo estimó que “puede suceder que se promulguen leyes que al creyente no le es lícito aplicar ni seguir. No será la primera vez que ello acontece. Por eso, frente a esta nueva realidad, se debe fortalecer la conciencia, la búsqueda de lo que es recto, la conservación de los valores naturales, valores a los que dos mil años de cristianismo han confirmado y cuya custodia y continuidad es tan necesaria para la felicidad del hombre y para la salvaguarda de los derechos más importantes y genuinos”.
“Es imposible que un constructivismo, en definitiva egoísta, llegue a otorgar la felicidad que es la aspiración más profunda del corazón humano. ¿Dónde queda el sentido de verdad y de justicia, si solo se busca satisfacer una aspiración individual? ¿Se podría ser feliz, considerar alcanzada la felicidad, que es plenitud en la verdad, a semejante precio, con vidas inocentes truncadas, imágenes desfiguradas de familia, relaciones frágiles y pasajeras, allí donde debería fomentarse la estabilidad y la complementariedad para alcanzar los fines de tan alta vocación?”, interpeló.
Asimismo, pidió considerar “el efecto pedagógico (engañoso), la seguridad (aparente) que otorga la autoridad del Estado, y donde muchas personas serán confundidas e inducidas a obrar erróneamente, con consecuencias que, muchas veces, serán irreparables”.
Alertó que “si las reformas propuestas se concretan, la situación de los creyentes que buscan ser fieles al Evangelio en la sociedad argentina se volverá ciertamente más difícil. Además, deberán ser acompañados y fortalecidos con el apoyo de sus hermanos de la comunidad cristiana, y alentados y enseñados por el magisterio de sus pastores. Pero es importante tener muy vigente el deseo de la verdad, la búsqueda del bien, la prosecución de la justicia, sabiendo que tenemos la asistencia divina y estamos sostenidos por la esperanza que no defrauda”.
“Al mismo tiempo, como miembros de una sociedad pluralista, vamos a encontrar -reconoció- muchas propuestas y modelos, sabiendo que nuestra conciencia formada debe orientarnos en el ejercicio de la libertad verdadera, con respeto y sin claudicaciones”.
“Que Dios Nuestro Señor, invocado por los Padres de la Constitución como ‘fuente de toda razón y justicia’, inspire a los gobernantes y legisladores, sostenga a los fieles, asista a todo nuestro pueblo, y nos conceda, por la intercesión de María Santísima, Nuestra Señora de Luján, vivir siempre con fidelidad y entusiasmo la vocación evangélica recibida”, concluyó.

(Agencia Informativa Católica Argentina)

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