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Nueve de Julio
martes, junio 2, 2026

La sucursal del BNA de 9 de Julio, un edificio que fue orgullo de 9 de Julio

Por Héctor José Iaconis.


Hay imágenes que resisten el paso del tiempo no por su perfección técnica, sino por todo cuanto reflejan de su tiempo. Han llegado hasta nosotros algunas fotografías del antiguo edificio que albergó la sucursal del Banco de la Nación Argentina en nuestra ciudad, quizá menos conocida o recordada. La implicación del edificio antiguo de la sucursal local del Banco de la Provincia siempre ha sido mayor; porque, desde luego, por su ubicación estratégica contigua a la Municipalidad, ha sido capturada por una mayor cantidad de registros fotográficos
Nos ocupares hoy de dos imágenes de esta sucursal: la primera, una postal coloreada y una segunda reproducción en blanco y negro de datación cercana, constituyen, en su aparente sencillez documental, un testimonio excepcional sobre la arquitectura institucional en el tránsito entre dos siglos.
Podemos decir que el edificio de la sucursal nuevejulience del Banco de la Nación, ubicado en la esquina de La Rioja y avenida General Vedia, en la mismo solar que actualmente ocupa el edificio actual de la misma entidad, en el casco urbano señaló, refleja toda una época de la arquitectura bancaria de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

LA FUNDACION DE LA SUCURSAL
Apenas cinco meses después de su inauguración en la ciudad de Buenos Aires, el Banco de la Nación Argentina establecía una sucursal en 9 de Julio. El 9 de mayo de 1892 quedó habilitada, en una ciudad que distaba de ser una plaza bancaria consolidada.
9 de Julio era entonces una población relativamente joven, cuya expansión agrícola y ganadera probablemente demandaba con urgencia instrumentos de crédito accesibles. Pocos años antes había sido fundada la sucursal del Banco de la Provincia que, en ese mismo año de 1892, debió cerrar sus puertas por la crisis económica.
La apertura de la sucursal local coincidió con el primer ejercicio contable del banco: los estados consolidados al 31 de diciembre de 1892 registraban una cartera total (incluyendo adelantos en cuenta corriente) de 32.448.534 pesos moneda legal para la Casa Central y 20.098.578 pesos para el conjunto de las sucursales, con depósitos que en estas últimas ascendían a 7.777.134 pesos.
La pueblo de 9 de Julio figuraba ya en 1892 en el padrón oficial de sucursales de la provincia de Buenos Aires, junto a plazas de mayor envergadura, tales como Bahía Blanca, Chivilcoy, Junín, La Plata, Mercedes, Necochea y Tandil, entre otras.

Postal coloreada del antiguo edificio de la sucursal del Banco de la Nación Argentina, en la esquina de la avenida General Vedia y La Rioja.

EL EDIFICIO EN LA POSTAL COLOREADA
La tarjeta postal coloreada, la primera de estas fuentes iconográficas que escogimos, fue editada por Pedro Eppherre, propietario de una cigarrería y librería conocida en su tiempo que, en los primeros años del siglo XX, funcionaba como uno de los principales puntos de distribución de impresos en 9 de Julio.
El pie editorial aparece impreso en la franja lateral izquierda, dato que nos permite atribuir con certeza la pieza al mercado local de postales de vistas urbanas, género que alcanzó su apogeo entre 1900 y 1920. Cabe recordar, como ya lo hemos aclarado en otros artículos referidos a estos artículos que, estas postales, no eran impresas en 9 de Julio, donde no se contaba con tecnología para efectuar este tipo de trabajos.
La técnica de coloreado aplicada a la postal respondía al procedimiento habitual de la época, realizado generalmente por casa de la ciudad de Buenos Aires, con la coloración manual sobre una base fotográfica en gelatino-bromuro de plata y la impresión mediante los procesos fotomecánicos.
El resultado de ese procedimiento casi artesanal era esa tonalidad terrosa, cálida, levemente irreal que caracterizaba a las postales de la belle époque. El cielo adquiría un azul grisáceo; las fachadas, una carnación ocre-amarilla que evocaba la piedra París o los revoques a la cal teñida; la calzada, un sepia empolvado. El edificio bancario aparece en la postal así investido de una gravedad casi pictórica, sustraído al blanco y negro documental, que hubiera sido más riguroso y veraz, para ingresar en el registro de la representación monumental.

Fotografía del mismo edificio, tomada posteriormente, en torno a 1910.

COMPOSICIÓN Y ENCUADRE. LA RETÓRICA VISUAL DEL ÁNGULO ESQUINERO
Ambas fotografías comparten lo que parece ser una decisión compositiva deliberada y significativa. El punto de toma se ubica en una posición diagonal respecto al edificio, lo que permite capturar simultáneamente la fachada principal y el lateral, exponiendo la volumetría en escuadra del conjunto.
Este encuadre, conocido en la fotografía de arquitectura de la época como vista en perspectiva oblicua (o perspectiva angular), maximizaba la sensación de profundidad y masa y confería al edificio una presencia casi escultórica que la vista frontal habría aplanado.
En la postal coloreada, el horizonte se ubica en el tercio inferior del encuadre, cediéndole al edificio la mayor parte del plano. Tres o cuatro figuras humanas, captadas en la quietud borrosa que exige el largo tiempo de exposición de la emulsión, se distribuyen frente a la entrada y sobre el lateral, funcionando como escala y como indicio de vida activa. Son siluetas más que retratos, su individualidad se ha disuelto en el gesto genérico de la espera.
La segunda imagen, en blanco y negro, presenta una madurez vegetal sensiblemente mayor en el arbolado de las veredas, lo que podría sugerir que fue tomada algunos años después de la postal. La escala de grises, más fina y contrastada, permite apreciar con mayor nitidez los detalles ornamentales de la fachada, las pilastras, los capiteles, las coronaciones de las ventanas.
En esta imagen, el encuadre se abre levemente hacia la derecha, incorporando más del lateral del edificio.

ARQUITECTURA INSTITUCIONAL Y LENGUAJE ECLÉCTICO. LECTURA DE LA FACHADA
El edificio que registran ambas fotografías responde, con coherencia, a los postulados del eclecticismo academicista. Este lenguaje, heredero directo de las Écoles des Beaux-Arts europeas, articulaba sobre una planta racional y funcional lo que podríamos denominar una epidermis de referencias clásicas reelaboradas con libertad compositiva.
La planta del edificio es claramente esquinera. El volumen ocupa la intersección de dos calles, y su frente de mayor desarrollo se orienta hacia una de ellas, mientras el lateral, de longitud considerable, corre paralelo a la segunda. Esta disposición en ángulo permite que el acceso principal se ubique en la arista de la esquina, solución característica de los bancos, los almacenes de ramos generales, las grandes tiendas y otros comercios de la época que buscaban visibilidad desde ambas arterias.
El acceso se resuelve mediante un arco de medio punto de gran luz, flanqueado por pilastras de orden compuesto que soportan un entablamento moldurado. La clave del arco se adorna con una ménsula o capitel decorativo cuya silueta es legible en ambas fotografías. A ambos lados de la puerta, el paramento se articula con grandes ventanales de proporción vertical, también coronados por arcos y enmarcados por pilastras menores, que dan luz al interior de la sala principal.
La regularidad rítmica de estos vanos (arco grande, vano menor, arco grande, vano menor) crea una cadencia que evoca, con deliberada discreción, la arquitectura de los palacios renacentistas del norte de Italia.
La coronación del edificio merece atención especial. Sobre la línea de cornisa, que recorre horizontalmente toda la fachada, hay una moldura continua de notable proyección.
Se eleva, asimismo, un pretil o antepecho rematado en el centro, sobre la esquina, con un pequeño pináculo o cuerpo piramidal que actúa como remate vertical y acentúa la jerarquía del acceso. Este elemento, aunque modesto en sus dimensiones, cumple una función emblemática, pues señala el centro geométrico del volumen y le confiere al conjunto una silueta reconocible desde la distancia.
Los ornatos que pueblan la fachada (ménsulas, triglifos estilizados, molduras de arquitrabe, capiteles con volutas simplificadas) pertenecen al repertorio de los órdenes clásicos, evidentemente sometidos a una libre reinterpretación.
No se trata de una reproducción canónica de ningún orden, sino de esa gramática ornamental que los maestros constructores de entonces, verosímilmente, aprendieron con gran destreza. Leía, los que podían, los catálogos europeos, los álbumes de modelos y, sobre todo, observaban de manera directa los edificios que comenzaban a surgir en Buenos Aires en las últimas décadas del siglo XIX.
La robustez de los muros, el grosor visible de las pilastras y la economía relativa de los ornatos sugieren una construcción en mampostería de ladrillo cocido revocado. Posiblemente se hallan empleado elementos prefabricados en yeso o cemento para los detalles de mayor relieve.

PALABRAS FINALES
Ambas fotografías han sobrevivido más de un siglo. El edificio que retratan fue demolido a principios de la década de 1970.
Así pues, la postal coloreada de Eppherre y la reproducción en blanco y negro, dos modos distintos de mirar un mismo edificio, dos tiempos ligeramente desfasados, dos conjuntos visuales que se complementan.
Con nuestra evocación hemos querido recuperar la espesura de un tiempo en que la arquitectura todavía era capaz de producir en sus contemporáneos algo parecidos al asombro, la admiración y el orgullo.

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