Por Héctor José Iaconis.

El próximo 20 de enero se cumplirán doscientos años del nacimiento de Julio de Vedia, fundador de 9 de Julio. Esta efeméride representa una oportunidad privilegiada para reflexionar sobre el sentido y la función de conmemorar, como comunidad, el nacimiento del fundador de la ciudad.
Hace un siglo, en mayo de 1926, la ciudad evocaba a su fundador con una serie de actos e, incluso, con la presencia de una de sus hijas que, junto a su padre, había vivido aquí en las horas fundacionales. Al repasar aquellos acontecimientos celebratorios, no pude menos que preguntarme: ¿de qué manera debería conmemorar hoy, 9 de Julio, el bicentenario de su fundador? Frente a los grandes problemas de fondo que afectan hoy a la sociedad nuevejuliense, ¿habrá lugar propicio para evocar una carrera vital tan rica, que tanto puede transmitir a nuestro presente?, ¿de qué manera la voz de un hombre que vivió hace un siglo y medio atrás puede hacerse oír hoy, en medio de las problemáticas de la vida presente?
Las conmemoraciones bicentenarias poseen una densidad temporal particular. A diferencia de los centenarios, más frecuentes en la experiencia generacional, o de los aniversarios menores, los doscientos años marcan una distancia histórica que nos exige un esfuerzo consciente de memoria. Ningún testimonio directo sobrevive, ninguna memoria oral de primera mano puede invocarse; más bien, los que nos llegan son documentos, testimonios escritos, objetos materiales y, sobre todo, las sucesivas capas de interpretación que cada generación ha depositado sobre los hechos y las personas del pasado.
En este contexto, la recordación del bicentenario del nacimiento del general Julio de Vedia debería convocar a la ciudad de 9 de Julio a un ejercicio de reflexión sobre el protagonismo de su fundador y su legado. Al mismo tiempo, es una clara invitación para poner la mirada sobre los modos en que la comunidad construye, preserva y transmite su memoria histórica.

PUENTES CON EL PASADO
Las conmemoraciones constituyen prácticas sociales mediante las cuales las comunidades establecen puentes deliberados con su pasado. A decir verdad, no se trata de ejercicios meramente retrospectivos, sino de prácticas que comprometen tanto la comprensión del pasado como la construcción del presente y la proyección hacia el futuro. Dicho en otros términos, cuando una ciudad conmemora el nacimiento de su fundador, no solamente está recordando un hecho pretérito, sino también reafirmando valores y consolidando una identidad que son transmitidos a las nuevas generaciones.
La figura del general Julio de Vedia ocupa un lugar central en la historiografía fundacional de la ciudad. No obstante, como sabemos, su protagonismo y sus circunstancias biográficas trascienden el lugar geográfico con que los nuevejulienses solemos delimitarlo, para extenderse en un amplísimo derrotero.
Nacido en Buenos Aires el 20 de enero de 1826, Julio de Vedia emprendió una extensa carrera militar que lo llevaría desde los campos de batalla de Montevideo, donde recibió su bautismo de fuego en la sangrienta batalla de Arroyo Grande (1842), hasta las selvas paraguayas, pasando por la fundación de nuestra ciudad. La vida y la obra del general Vedia estuvieron profundamente entrelazadas con los grandes procesos históricos de construcción del Estado nacional.
Ahora bien, más allá de los hechos biográficos puntuales, lo que una evocación bicentenaria permite es interrogar el modo en que una comunidad se relaciona con su pasado fundacional. ¿Qué aspectos de la trayectoria del fundador resultan significativos para la ciudad contemporánea?, ¿qué valores o cualidades se reconocen como gravitan-tes para transmitidos a las nuevas generaciones?, ¿de qué manera el recuerdo del pasado contribuye a la configuración de la identidad presente?
Estas preguntas no admiten respuestas unívocas ni definitivas. Por el contrario, cada época, cada generación, construye sus propias respuestas en función de sus escenarios y proyectos colectivos. No es la misma comunidad nuevejuliense de 1926 la que evocaba a Julio de Vedia en su centenario que la actual.
En consecuencia, las conmemoraciones no deben concebirse como meras repeticiones rituales de fórmulas establecidas, sino como oportunidades para el diálogo crítico entre pasado y presente.
PERSPECTIVAS
Una de las funciones más relevantes de las conmemoraciones históricas es su dimensión pedagógica. En efecto, estos actos públicos de memoria constituyen oportunidades privilegiadas para la transmisión de conocimientos históricos y para la formación de las nuevas generaciones.
En el ámbito escolar, las efemérides han cumplido tradicionalmente un papel fundamental en la enseñanza de la historia. En este sentido, la conmemoración del bicentenario del nacimiento del general Vedia puede constituir una oportunidad para promover en el ámbito educativo un trabajo histórico riguroso y matizado. Esto implica, por una parte, el estudio de la biografía del fundador. Por otra, supone el desarrollo de capacidades críticas que permitan a los estudiantes comprender las múltiples dimensiones de los procesos históricos y la complejidad de las biografías individuales.
Además, las conmemoraciones pueden articularse con diversas actividades culturales, tales como exposiciones documentales y fotográficas, conferencias, circuitos históricos urbanos, entre otros.
Para 9 de Julio, la figura del general Julio de Vedia ocupa indudablemente un lugar central en la construcción de su identidad como comunidad. El hecho de que la ciudad lleve el nombre de una fecha patria, evocación directa de la Declaración de la Independencia del 9 de julio de 1816, y de que esta denominación haya sido propuesta por el propio fundador, establece desde el origen una doble inscripción: en la historia local y en la historia nacional.
Ahora bien, la relación entre una comunidad y su pasado no es estática. Tal como lo hemos aludido antes, cada generación reinterpreta ese pasado desde sus propias coordenadas culturales, políticas e ideológicas.
De cara al Bicentenario del nacimiento del general Julio de Vedia, resulta pertinente considerar algunas perspectivas que pueden orientar las acciones conmemorativas. En primer lugar, privilegiar el rigor historiográfico por sobre las relativizaciones, simplificaciones o los juicios de valor lanzados sin sustento documental o erudito. Esto implica promover acciones de difusión de la historia local serias, que permitan acceder a una comprensión matizada y compleja tanto de la biografía del fundador como del contexto histórico en el cual desarrolló su vida.
Por último, es importante concebir la efeméride no como un acontecimiento puntual, sino como el inicio de un proceso sostenido de reflexión histórica y de fortalecimiento de la memoria colectiva local.

PALABRAS FINALES
Las conmemoraciones no son, en el fondo, actos que miren exclusivamente hacia el pasado. En este sentido, conmemorar el nacimiento del general Julio de Vedia es también una forma de interrogarse sobre el presente y el porvenir de la ciudad que contribuyó a fundar.
La distancia de doscientos años otorga una perspectiva histórica que no estaba disponible para las generaciones anteriores. En efecto, permite comprender los procesos del siglo XIX en su complejidad, con sus luces y sus sombras Admite, asimismo, reconocer que toda construcción histórica implica múltiples actores, perspectivas y relatos que son precisos considerar.
En última instancia, el sentido de una conmemoración bicentenaria reside en su capacidad para generar pláticas significativas sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra comunidad; conversaciones que no rehúyan la complejidad; diálogos que, en definitiva, nos permitan ser dignos herederos de un pasado que nos constituye.
Procuremos, entonces, que el bicentenario del nacimiento del general Julio de Vedia sea, por consiguiente, un verdadero homenaje al fundador de la ciudad: una ocasión para profundizar en el conocimiento de su vida y de su obra; así como para difundir el pasado nuevejuliense, siempre con la mediación del pensamiento crítico y de la conciencia histórica.


