Por Héctor José Iaconis.

* Comerciante y hacendado que fue dos veces intendente municipal del Partido de 9 de Julio (1926 y 1929-1930).
* Durante su gestión impulsó obras fundamentales como el Parque «General San Martín» y la pavimentación de calles.
* Como empresario construyó el emblemático «Plaza Hotel» en 1937.
* Militante radical, combinó éxito económico con compromiso cívico, dejando un legado material y moral en la ciudad.
La historia de 9 de Julio, como ya lo hemos visto en diferentes ocasiones, durante el primer tercio del siglo XX estuvo signada por la acción de vecinos, hombres y mujeres que, desde la gestión pública y la iniciativa privada, impulsaron transformaciones decisivas en la fisonomía urbana y en la calidad de vida de sus coterráneos. Entre estas figuras descuella Florentino Valenzuela, cuya trayectoria como comerciante, productor agropecuario y hombre público dejó una impronta perdurable en el desarrollo de esta ciudad.
Su gestión se caracterizó por la concreción de obras públicas de envergadura que mudaron sustancialmente el paisaje urbano, desde la creación del Parque Municipal «General San Martín» hasta la pavimentación de las primeras calles y la construcción del emblemático «Plaza Hotel». Esta semblanza biográfica pretende recorrer sucintamente la vida y obra de Valenzuela, situándolo en el contexto histórico, político y social de su época, y aquilatando su legado como uno de los principales artífices del progreso edilicio de 9 de Julio.

ORÍGENES Y FORMACIÓN. ACTIVIDAD COMERCIAL Y AGROPECUARIA
Florentino Valenzuela había nacido en Mercedes, provincia de Buenos Aires, el 17 de octubre de 1880. Aunque los registros biográficos disponibles no ofrecen pormenores exhaustivos sobre su familia de origen o su infancia, sábese que siendo muy joven se radicó en 9 de Julio.
El proceso de inserción de Valenzuela en la sociedad nuevejuliense coincidió con una etapa de consolidación y crecimiento de la ciudad. A fines del siglo XIX y en las dos primeras décadas del siglo XX, las feraces tierras del oeste bonaerense atraían a productores y comerciantes que encontraban en la actividad agropecuaria y en el intercambio mercantil los pilares de su prosperidad.
En 1913 se matriculó como martillero público, iniciándose en la actividad de remates y ferias de hacienda, sector fundamental en la economía local. Más tarde fundó la sociedad «Valenzuela y Bibiloni», mediante la cual realizó remates feriales no solo en 9 de Julio, sino también en General Viamonte, ampliando su radio de acción comercial. Su gestión empresarial se extendió incluso hasta La Plata, donde dio impulso al desarrollo del Mercado de Etcheverry, contribuyendo así a la modernización de los circuitos de comercialización ganadera en el distrito.
Durante muchos años, Valenzuela se desempeñó como hacendado, actividad que le permitió acumular el caudal necesario para sus posteriores emprendimientos edilicios y para consolidar su posición dentro de la elite económica local. Su éxito en el rubro comercial y productivo le granjeó el reconocimiento de sus pares y, en buena medida, le abrió las puertas de la participación política, ámbito donde alcanzaría su mayor trascendencia pública. Podríamos afirmar una vez más que, la tierra pródiga supo recompensar con largueza sus fatigas, tal como él mismo habría de reconocer años más tarde en un memorable discurso.
INSERCIÓN POLÍTICA: EL RADICALISMO YRIGOYENISTA
Florentino Valenzuela adhirió tempranamente al radicalismo, más propiamente a la corriente yrigoyenista de la Unión Cívica Radical. Esta filiación política no era accidental ni de conveniencia: el yrigoyenismo representaba, en esos años, una propuesta de ampliación democrática y de reivindicación de los intereses nacionales frente al poder de las oligarquías conservadoras. La llegada de Hipólito Yrigoyen a la primera magistratura en 1916, tras la sanción de la Ley Sáenz Peña que estableció el sufragio universal, secreto y obligatorio para varones, marcó el inicio de una nueva etapa en la política argentina, y Valenzuela se inscribió decididamente, con proyección en 9 de Julio, en ese proceso transformador.
Su compromiso partidario lo llevó a ocupar cargos en el Concejo Deliberante de 9 de Julio y, posteriormente, a ser elegido dos veces Intendente Municipal. Estas designaciones dan cuenta cabal de su prestigio y del respaldo que gozaba entre el electorado local, así como de su capacidad para articular consensos en torno a proyectos de desarrollo urbano. Valenzuela, empero, no era político de arenga fácil ni de promesas vanas; su gestión habría de caracterizarse por la obra concreta antes que por la retórica.

GESTION DE GOBIERNO. LA COMISION PRO FOMENTO EDILICIO
Quien nos ocupa asumió por primera vez como intendente municipal de 9 de Julio el 1° de enero de 1926, sucediendo a una intervención municipal que había normalizado la situación tras el conflicto de la «doble municipalidad» de 1925, episodio que había sumido a la ciudad en un estado de confusión administrativa. Durante este primer mandato, que se extendió hasta fines de 1926, Valenzuela demostró una notable capacidad ejecutiva y una visión clara de las prioridades del desarrollo urbano, echando mano de su experiencia comercial para administrar con tino y probidad los recursos municipales.
Su gestión se caracterizó por la continuación de las obras de rellenamiento de la Laguna de Beraza, espejo de agua ubicado en la zona donde actualmente se encuentra la terminal de ómnibus, la Plaza Italia y la Escuela Normal Superior. Esta laguna representaba un verdadero lunar sanitario y urbanístico, y su progresivo rellenamiento permitió la expansión ordenada de la trama urbana.
De par en par con estas labores, Valenzuela impulsó las obras del Parque «General San Martín», donde se hallaba la antigua laguna de Malcorra que estaba siendo transformada en un espacio verde público. Para coordinar estos trabajos, el 5 de junio de 1926 designó mediante decreto la memorable «Comisión Pro Fomento Edilicio de la Ciudad», presidida por Tomás Cosentino e integrada por Emilio Adobato, Juan Calandro, Ramón N. Poratti, el ingeniero Juan C. Gómez, Juan B. Baztarrica, Enrique P. Cano, Zenón Gamboa, Gustavo Ferrere, Tomás Garbiso y Emilio Repetto, entre otros. Esta también tuvo a su cargo la dirección del saneamiento de la Laguna de Beraza.
La conformación de la «Comisión Pro Fomento Edilicio» resulta harto significativa por la amplitud de su representación: en ella convergieron personas de diferentes ideologías políticas. Esta capacidad de convocar voluntades más allá de las fronteras partidarias constituye uno de los rasgos distintivos del liderazgo de Valenzuela, quien supo sobreponerse a las rencillas políticas en aras del bien común.
Además, durante 1926 inició las tratativas para otros proyectos fundamentales que verán su concreción más tarde o materializados por otras gestiones: la remodelación de la Plaza «General Belgrano», y el rediseño del edificio de la Municipalidad.

Florentino Valenzuela retornó a la intendencia el 1° de enero de 1929, iniciando su segundo mandato tras el interludio de la gestión de Ramón N. Poratti. En esta oportunidad, su labor como jefe comunal que se prolongaría hasta ser interrumpida por el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al presidente Yrigoyen.
Durante ese lapso de tiempo continuó con las obras de rellenamiento de la Laguna de Beraza y las obras del Parque “General San Martín». La creación de este parque representa uno de los legados más perdurables de Valenzuela y de aquellos hombres a la ciudad. Por esos años, el parque no solo cumplió una función recreativa y estética, sino que también contribuyó al saneamiento urbano al eliminar un espejo de agua que, como tantos otros en la ciudad, se había tornado en fuente de miasmas y problemas sanitarios.
Si bien la intendencia de Valenzuela se vio interrumpida en 1930, su papel en la pavimentación de las calles de 9 de Julio resulta cardinal para comprender su legado. La historia de esta obra, empero, comenzó durante la gestión de su correligionario y amigo Ramón N. Poratti.
Poratti había asumido como intendente municipal en enero de 1927, y enseguida presentó una minuta preliminar ante el Departamento Deliberativo sobre pavimentación. El 20 de enero de 1927, el Concejo Deliberante sancionó la primera ordenanza sobre pavimentación, presidido entonces por el propio Valenzuela, quien ocupaba ese cargo en el cuerpo legislativo. La pavimentación de la primera cuadra se verificó en marzo de 1928, ya durante la intendencia de Poratti pero con Valenzuela acompañando la obra de su correligionario.
Cuando Valenzuela retornó a la intendencia en 1929, las obras de pavimentación continuaron su desarrollo.
EL HOTEL
Allende su gestión pública, Florentino Valenzuela realizó como particular una de las obras edilicias privadas más significativas de 9 de Julio en el siglo XX: la construcción del Plaza Hotel. En febrero de 1933, Florentino Valenzuela, adquirió a Ernesto Poggi las parcelas de Bartolomé Mitre e Independencia (hoy, Hipólito Yrigoyen), donde había funcionado años ha el Hotel “Cruz de Malta”. A partir de entonces, el nuevo propietario comenzó a proyectar la construcción de un hotel que respondiese a las exigencias de su tiempo.
La construcción del hotel fue acometida por la empresa de Héctor Bai e hijos, la misma que había trabajado en obras municipales de la ciudad. El edificio, inaugurado el 30 de octubre de 1937 bajo el nombre de «Quaizel Hotel» (posteriormente rebautizado como «Plaza Hotel»), representó «una de las obras de mayor importancia realizadas en 9 de Julio», según destacó la prensa local. Pocas veces existió en la comunidad una aclamación generalizada, tan acentuada, ante la construcción de un edificio particular.
En el contexto de la inauguración se organizó un banquete en honor de Valenzuela, durante el cual el doctor Manuel Osores Soler pronunció un discurso en el que afirmó que «el señor Valenzuela es el autor de obras de reconocido mérito y de verdadero valor, desarrolladas en su vida pública durante sus dos períodos de Intendente Municipal, citemos para ejemplo, algunas de ellas: el Parque San Martin, la construcción del asfalto y tantas obras que sería largo enumerar. Y hogaño en su vida privada nos ofrece una obra más que abre un nuevo jalón de progreso y embellece, por sus tintes modernos, a nuestra ciudad».
En su discurso de agradecimiento, Valenzuela expresó conceptos que sintetizan su filosofía de vida y su concepción del deber cívico: «Toda mi vida he seguido el camino del deber y del trabajo, ese es mi único blasón. La tierra pródiga supo devolver mis fatigas con generosa retribución; las clases productoras retribuyeron con largueza mi actividad comercial; el pueblo, supremo juez de nuestras acciones, me llevó a ocupar posiciones públicas, desde donde creo haberlo servido con patriotismo y probidad: hoy he querido devolver a este pueblo su apoyo en horas inciertas, dándole un impulso edilicio con la secreta esperanza de que otros me superen de inmediato en el esfuerzo».
El Plaza Hotel contaba con unas setenta habitaciones (cuarenta con baño privado), un confortable salón para eventos y brindaba servicio especial para lunch y casamientos. En 1944 se desarrollaron trabajos de ampliación del edificio, consolidándose como el principal establecimiento hotelero de la ciudad.



FILANTROPIA
La vocación de servicio público de Valenzuela trascendió holgadamente sus gestiones municipales. Fue co-fundador del Rotary Club 9 de Julio, al cual donó un inmueble para que sea la sede social de la entidad. También fue benefactor del Club Atlético “9 de Julio” y, en su momento, también sufragó un lote de terreno para anexar al Parque “General San Martín».
En 1938 integró el Directorio de la Usina Eléctrica Popular S.A., institución capital para el desarrollo de la ciudad, antecedente de la actual Cooperativa Eléctrica y de Servicios «Mariano Moreno». Esta participación demuestra su continuo compromiso con el progreso colectivo, incluso estando fuera del ejercicio de cargos públicos.
Su contribución filantró-pica y su generosidad con las instituciones locales reflejaban una concepción del empresariado exitoso que, habiendo prosperado merced a las oportunidades ofrecidas por la comunidad, consideraba un deber moral retribuir a la misma mediante obras de bien público. No era, Valenzuela, de aquellos que atesoraban en la sombra sus caudales; antes bien, entendía que la riqueza conllevaba obligaciones para con la sociedad que la había hecho posible.

VIDA PERSONAL Y LEGADO
Florentino Valenzuela contrajo nupcias con Ramona Arzuaga, con quien no tuvo descendencia. Esta circunstancia quizá explique en parte su vocación de destinar su patrimonio y sus esfuerzos al mejoramiento de la ciudad que lo había acogido en su mocedad y donde forjó su fortuna.
Falleció en la ciudad de 9 de Julio el 6 de marzo de 1975, a los 94 años de edad. La Municipalidad de 9 de Julio dictó un Decreto de Honores y representantes del Radicalismo y de Rotary Club usaron de la palabra durante el sepelio de sus restos.
El 10 de noviembre de 2006, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionó una ordenanza por medio de la cual le fue impuesto su nombre a un Pasaje del Barrio Parque “Julio de Vedia”, ocasión en la cual fue descubierta una placa conmemorativa en su memoria.
Su legado material permanece visible en la ciudad: el Parque General San Martín, las calles pavimentadas que él contribuyó a crear, y el edificio que albergara el «Plaza Hotel» constituyen testimonios tangibles de su paso por la vida pública y empresarial de 9 de Julio. Mas su verdadero legado trasciende la piedra y el hormigón: reside en el ejemplo de una vida dedicada al servicio, en el modelo de un ciudadano que supo conjugar el éxito personal con el compromiso cívico.
PALABRAS FINALES
Florentino Valenzuela encarna el ideal del hombre que se hace a sí mismo, tan característico de principios del siglo XX en la sociedad nuevejuliense: llegado en la mocedad a 9 de Julio, ascendió desde tareas modestas hasta posiciones de liderazgo económico y político, hermanando el éxito comercial y agropecuario con un compromiso genuino por el desarrollo de su comunidad adoptiva.
Su doble paso por la intendencia municipal, coincidió con un período de transformación urbana en la ciudad, signado por la creación del Parque, la pavimentación de las primeras calles, la remodelación de plazas y la ampliación de edificios públicos.
La construcción del Plaza Hotel en 1937 demostró que su vocación por el progreso edilicio trascendía el ámbito público, proyectándose hacia el sector privado con obras que elevaban el nivel arquitectónico y funcional de la ciudad. Su generosidad para con instituciones deportivas, sociales y de servicio público completó un perfil de ciudadano ejemplar, cuya vida estuvo signada por el trabajo, la honestidad y el compromiso con el bien común.
En el contexto de la historia local, Valenzuela representa a esa generación de dirigentes que, inspirados por los ideales de democratización, asumieron la gestión municipal con una visión modernizadora y con voluntad transformadora. Su legado perdura no solo en las obras materiales que sobreviven hasta hoy, sino en el ejemplo de una vida consagrada al servicio público y al progreso colectivo, valores que conservan plena vigencia.
En tiempos donde la gestión pública padece a menudo el oprobio del desconcierto y la ausencia de valores legítimos, rememorar figuras como la suya cobra particular significación, recordándonos que la política es, en definitiva, un instrumento noble al servicio del bien común.


