21 septiembre 2021

Relato en primera persona: «Marisa, la renga»

Y un día descubrí por una mirada que algo me pasaba. Si, esa mirada no fue como cualquier mirada, estaba radiante, me había producido, pero …caminaba renga. Una cadera, precisamente la derecha, me estaba jugando una mala pasada. No sólo la mirada sentí, sino una voz que decía:
– ¿Vos estás renga? No podés seguir así …
A partir de ahí, fue mirarme en la sombra, en las vidrieras, en los espejos, mirada de otros, que no asumían mi discapacidad. Marisa no podía estar renga, no no, Marisa tenía que solucionarlo de una manera u otra.
Ahí empezó mi lucha de aceptación personal y social. Ahí los subjetivemas empezaron a hacerse notar. Marisa- me dije- estás en un serio problema.
Ahí empezó mi lucha por tratar de solucionar mi problema que ya se convertía en molestia y dolor, además de lo ya dicho.
Cuando creí haberlo conseguido, empezó la pandemia y la lucha con mi mutual que estaba en conflicto con los traumatólogos. Y así fue transcurriendo el tiempo, tres años, dos y medio o dos, no sé, ya perdí la cuenta pero no el recuerdo del sufrimiento padecido.
Creemos evolucionar, creemos aceptar, creemos muchas cosas pero no lo hacemos. Una cosa es acompañar a la persona con discapacidad y otra elegirlo como tal. Todo está bien, hasta que se nota la discapacidad. Eso se siente por dentro como un puñal que va metiéndose de a poco. Por supuesto que hay que diferenciar, quien nace así y quien, como yo, la adquirí luego de no tenerla. Eso es peor, te convertís en una persona torpe, donde
otras emociones te ganan por sobre la inteligencia y el entendimiento. Había momentos que hasta creía no quererme, entonces, ahí, buscaba ayuda y volvía a ser yo; yo y la discapacidad; yo y discapacidad pasajera; yo y la mirada puesta en la discapacidad que va a acompañar a una persona toda la vida. Pasé por muchos momentos, por muchas emociones pero siempre con el positivismo, el humor, la capacidad de comprensión y la lucha que me caracteriza. Pero fui tentempié muchísimas veces. Ese tentempié que cada uno ve, pasa y se arriesga, por curioso o ignorante, a pegarle un empujón a ver si se cae o queda en pie, sin saber que un tentempié siempre resiste al empujón.
Mi problema está solucionado después de muchísima lucha, creo que no interesa en este relato contarlo, lo que interesa es la vivencia y la experiencia que queda en mí, la emoción no definida de ponerme en el lugar del otro, al que todos sonríen y dicen aceptar pero pocos eligen. Yo sé que duele pensarlo, duele reconocerlo, solemos negarlo, pero es así. Yo lo padecí, yo lo puedo sentir desde otro lado. Por eso este relato en primera persona, por
eso este reconocimiento a la discapacidad, por eso este valor inmenso a quienes la padecen porque de ellos aprendí a vivir diferente, a vivir aceptando los atajos que la vida nos presenta, de ellos prendí a VIVIR. Si ya creía saberlo, eso quedó tirado por la borda, como se dice en el mar, se lo comieron los tiburones y las orcas por simple cadena alimenticia.
Hoy estoy feliz de porque vivo diferente. Hoy aprendía a vivir de otra manera, hoy me importa poco cómo me ven los demás, es más, creo que no me importa.
Desde la agrupación Tendiendo Redes agradecemos el relato de Marisa que nos ayuda a reflexionar sobre la discapacidad y la manera la miramos. Gracias Marisa!!

Agrupación Tendiendo Redes.

Tendiendo Redes surge con la idea de comenzar a trabajar en conjunto uniendo a distintos referentes de las ciudades del interior de la Provincia de
Buenos Aires abocados al trabajo en discapacidad, posibilitando la diversidad de ideas y el trabajo en equipo.

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