1 agosto 2021

Carta de despedida: «Agradecimiento después de tu partida»


Es un estado de vulnerabilidad casi absoluto. Sin velos posibles. El cuerpo grita, disfunciona, duele, enferma. Ese estado, en el que si hay tiempo, intervienen quienes se prepararon para aliviar, subsanar , revivir, reconstruir si es preciso . Batallando pulso a pulso. Ponerle el rostro, mirar de frente a la enfermedad, a la muerte.
Pero no se trata solo de hacerlo, sino de la manera en que se haga. Porque delante y detràs -da lo mismo- del descarnado sufrimiento físico ; está el ser íntegro. Cuerpo, Mente, Alma .
Así absorbí, como por ósmosis, la forma de ejercer la medicina de nuestro padre.
Porque en la asistencia (que etimológicamente significa “existir al lado de”) incorporabas la escucha atenta del paciente, las palabra justas de consuelo, el acompañamiento a las familias , la presencia física del médico como parte de la terapéutica.
Y también tu modo laboral incluía, la convicción de la conveniencia del trabajo en equipo, la necesariedad de la interconsulta entre colegas , la formación constante, la interrelación entre especialidades y con otras disciplinas..Todos términos que hoy se aplican como base y/o parte de la lógica del desarrollo científico o el que fuera. Pero no así , en la época en la que los médicos ocupaban un lugar de priviligio y se les atribuía todas las respuestas , siendo representantes de un discurso hegemónico. Y ni hablar (que de a poco , vamos tomando nota seriamente unos cuantos) de la dimensión de la espiritualidad y su importancia medular , tanto en los modos de atravesamiento de la enfermedad , como en la preservación y cuidado de la salud . No te bastaba con intentar salvar el cuerpo; siempre supiste del entrelazamiento entre lo físico y lo psíquico, la incidencia recíproca ente lo biológico y lo emocional. Un pionero coherente , al menos para mí. Urgido por opti- mizar la calidad de vida y atención hacia quien lo necesitara.
De ello dan cuenta, los mensajes en las redes, en la calle , por el medio que sea. Seres que expresan , nos cuentan del modo en que estuviste, de tu entrega desinteresada, el agradecimiento que eso conlleva. Nada que no haya ocurrido mientras estabas con nosotros, salvo que ahora es como si los relatos de reconocimiento se hubiesen multiplicado por cientos y al mismo tiempo; quizás en el intento de compartir la profunda tristeza por tu partida y en su mayoría; poniendo en primer lugar la persona que como médico fuiste. Incluso, hay quienes me han dicho :“pocos como él”. Asi de llano. Y de ningún modo esto implica descalificar a nadie . Mucho menos erigir juicios de valor o compartivos sobre una de las tareas más arduas, complejas y a mi criterio, más sublimes que existen. Basta con mirar lo que esta pasando hoy en la humanidad, para poner en perspectiva lo que implica ser un agente de salud.
Pero hay un circulante que nos atraviesa , que no es un imaginario social y que insiste en ponderar y poner en relieve la honestidad y la ética como base de cualquier práctica. Y quizás viene a colación de lo que hoy necesito expresar..
No sé quién hace de la medicina en vez de un servicio, una empresa o negocio a su servicio.
Tampoco si el título de médico, pueda representar para alguien, un valor agregado de poder o de impunidad por ejemplo. Y si así fuere, no era el caso de papá. Adhiero a lo que él (como muchos otros), concebía y transmitía. Y es que los saberes y aprendizajes son una herramienta de posibilidad, no de poder. Y que el saber nos vuelve más libres de decidir , pero también más responsables . Con uno mismo y con los demás.
Y esto no es retórica. Es un ejercicio diario. Es decir los pacientes, sabemos distinguir claramente quienes hacen todo lo que está a su alcance para remediar lo que nos aqueje. Y ello implica, aplicar no solo el conocimiento , sino también el afecto de los médicos que tienen la capacidad de desplegarlo. Porque en eso se sustenta una vocación y un deseo autèntico. Aunque eso les traiga aparejado, muchas veces, poner en juego su propia salud.
Por eso , viejo querido ;en tus horas más difíciles, con los brazos amorosamente abiertos y la luminosidad de conciencia de quien se dispone a batallar sin tregua; así te esperó tu colega, la doctora Victoria Caputo.
Así tu Dios quiso, que fuera ella quien estuviera de guardia en la Clínica Independencia. Tu médica de cabecera en quién tanto confiabas. Como en otros colegas a quienes tanto valorabas, respetabas y acudías y que estuvieron presentes, con el mismo compromiso, cariño y predisposición, cada vez que los necesitaste, sobre todo en los últimos años.
Pero en ese instante , tocó que estuviera ella , queridísima y generosa médica de gran parte de nuestra familia. Cada vez disponible de un modo u otro. Vicky te dió aliento en tus últimos momentos en este mundo… pasando desde el humor absurdo que tanto celebrabas, hasta la fé y la oración. Y hasta último momento nos brindó su apoyo, se reservó su dolor y contuvo sus lágrimas preservando su profesionalismo y entereza. Jamás lo olvidaremos.
Gracias inmensas a quienes participaron en los cuidados de nuestro padre. Lo protegieron del más ínfimo dolor o molestia, lo ayudaron a transitar ese tramo de la mejor manera posible. E intentaron lo imposible. Lo sabemos. Y en lo personal; valoro en su justa magnitud esta bendición, teniendo en cuenta que hay personas , familias, así como médicos también; a quienes les toca quedarse con la turbia, amarga, desesperante , incluso a veces dramática sensación, de que hubo cosas que no se hicieron, o se deshicieron o se hicieron inapropiadamen- te. En las peores ocasiones por negligencia, insensibilidad o indiferencia, muchas veces por errores humanos , dado que nadie es infalible . Y tantas otras, nada más ni nada menos ; porque así era el destino.
Nada de eso sucedió o nos tocó vivir . A nuesto padre Roberto Bérgamo ni a quienes lo amamos.
GRACIAS Vicky querida. Gracias Dr. Gullermo Brena, Dr. Jorge Dellapena y Dr. Mauricio Bonet. No olvidaremos el modo respetuoso, cuidadoso, afectuoso; en que nos fueron acompañando e informando los sucesos, mientras asistían a nuestro padre en sus horas finales.
Sepan también de nuestro profundo agradecimiento a todo el el personal de terapia, enfermeras que estuvieron cerca de él, en su pasaje de un sueño a otro. Asi nos lo contaron. Asi confío en que fué.
Gabriela Bérgamo

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