8 agosto 2020

Los hermanos Cano

Soliloquios de un memorioso

Recientemente en el diario se mencionó a los hermanos Cano. La sola alusión activó mis recuerdos de memorioso hacia esos, no necesariamente famosos, pero insignes y dignos personajes nuevejulienses. Ambos eran socialistas, distinción política a veces manoseada o llevada a distintas interpretaciones o alcances y hasta desvirtuada. Lo eran de ese socialismo de principios del siglo pasado, de Justo, Repetto, Alicia Moreau y que pariera en Alfredo Palacios al primer diputado socialista de América en 1904 y en representación de la Boca.
Era esa ideología defensora de las clases postergadas y en especial de los trabajadores para quienes propició diversas conquistas y proyectó novedades legislativas, autorías que en muchos casos les fueron arrebatadas por esas traiciones de la historia deformada.
A la sensibilidad social le agregaban sus dosis de honradez política, su espíritu de lucha cívica y hasta su resignación por los escasos resultados electorales.
Enrique Cano fue docente de alma y periodista de corazón. Para ambas y tan dignas profesiones sus ideas no lo ayudaron. Para la primera fue cesanteado y también tuvo que cerrar su periódico según determinaciones de la intolerancia política.
Fue reincorporado como profesor y fui su alumno durante un corto tiempo en el que pude apreciar su caballerosidad y hombría de quien venía de vivir en una dura austeridad provocada por las adversidades señaladas.
Arturo Cano, ciego desde los 14 años, exponía sus ideas con gran locuacidad y transmitía siempre los deleites de una fina y acreditada cultura. Me era muy grato hablar con él y recibir sus indicaciones de lectura cuando dirigía la biblioteca del Club Agustín Álvarez, en la esquina de Libertad y San Martín.
Me despertaba curiosidad verlo leer grandes libros en Braille mientras fumaba permanentemente. Lo de la ceguera y dirigir una biblioteca parece contradictorio pero no era excepcional. La Biblioteca Nacional tuvo tres directores no videntes: José Mármol, Paul Groussac y Jorge Luis Borges.
Ambos hermanos y sus ideas tuvieron influencia en jóvenes de aquella época. Siempre me llamaba la atención que un club de barrio con preeminencia futbolística llevara el nombre de un pensador tan de avanzada e inconformista como Agustín Álvarez, que escribió páginas inolvidables que marcaron una época junto con los aportes de su contemporáneo José Ingenieros.
En el transcurrir de la vida supe de esa influencia en el momento de fundar el club que resultaba novedoso no solamente por el nombre sino también por que lo fuera «y Biblioteca» Allí estuvieron las manos de los hermanos Cano que encontraron un campo fértil para sembrar nuevas ideas en jóvenes de aquella época.
No pretendo con estas palabras rendirles homenaje porque ya los han tenido y en mejor medida pero sí permítaseme recordarlos con agradecimiento a la vida por haberlos conocido y tratado.
EL MEMORIOSO

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