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La vieja usina

Publicado el: Sábado 6 agosto 2016 a las 9:50 pm

usinaLa revalorización de los edificios históricos de una comunidad no debe tomarse como un hecho menos, sino entenderse como un acontecimiento que identifica una manera de sentir y de vivir de cada localidad. Ya que los pueblos tienen memoria o que revalorizan su historia, difícilmente olviden sus orígenes, sus banderas, su patria.
Hoy 9 de Julio intenta homenajear a los pioneros, a los hombres que forjaron su historia, con la reconstrucción de un edificio que tuvo que ver con su progreso. Ahora, la restauración de ese edificio ya está tocando al final y se aguarda la incorporación del acervo perteneciente al Museo y Archivo Histórico local, convirtiendo ese espacio en un centro cultural.
Cuando cada habitante de 9 de Julio transita por la esquina de Edison y Cardenal Pironio, en esta ciudad, ya no ve un edificio histórico en ruinas, sino más bien, un monumento arquitectónico en todo su esplendor, que recuerda a quienes permitieron, con días de arduo trabajo y esmero, que este pueblo viva su pujante realidad.

LA CONSTRUCCION DEL EDIFICIO
El edificio a que se refiere este proyecto, designado catastralmente como Circunscripción I, Sección A, Manzana 8, Parcela 4, fue construido entre 1912 y 1913.
Después de intensas gestiones realizadas por el intendente municipal Nicolás H. Robbio, en 1911 le fue acordada la licitación para la construcción de una planta generadora de energía eléctrica a la empresa “A. Parcus y Cía.”, de la plaza comercial porteña.
Una vez salvadas todas las instancias legales, se dio comienzo a la  construcción del edificio. En marzo de 1912 la Municipalidad había designado a Ciro Contarini asesor técnico para esos trabajos y un par de meses después las tareas marchaban a pleno. El 12 de junio ya estaba en el puerto la primera máquina para la usina, a bordo del vapor “Ebernburg”, y se aguardaban, para finales de mes, el envío de las redes y de las columnas.
La construcción del edificio había sido confiada a Tomás García, de 9 de Julio, quien recibía las directivas del arquitecto Siegerist de la ciudad de Buenos Aires. La  maquinaria como la edificación respondían, aparecía como de primer orden, tanto para la época a que nos referimos,  como para la magnitud de la tarea de debían cumplir.
Las máquinas motrices eran sistema Diesel y habían sido fabricados en la “Görlitzer Maschinenbau-Anstalt und Eisengiesserei”, Sociedad de Máquinas y Fundición de Hierro. Este establecimiento funcionaba en Görlitz, una antigua ciudad alemana, situada al este de Dresde.
Originalmente, la constitución del edificio en líneas generales, era con revoques interiores y  exteriores, siendo estos últimos, “de imitación piedra”. Las paredes interiores estaban revestidas con azulejos blancos hasta una altura cercada a los dos metros. El piso era de mosaicos y el techo formado por cabreadas de hierro sobre la que se sostenías chapas y canaletas de cinc. Además, contiguos a la sala principal se levantaban otros dos cuartos, destinados a hacer  las veces de oficinas y, por último, las dependencias de servicio.
En verdad se trataba de un edificio modelo, de primer línea, tanto por su   solidez especial como por la sobriedad de su estilo. Si bien su tamaño no era descomunal, a la manera de las plantas generadoras de las grandes metrópolis, para el entono del lugar poseía especial significación.
Las numerosas vidrieras, dispuestas en las cuatro paredes permitían el ingreso de abundante iluminación natural, que se reforzaba aún más con la claridad de sus paredes.

ESE TERRENO  
El terreno donde debía ubicado el edificio de la usina posee, asimismo, una rica história: En 1864, cuando el agrimensor Vaschetti realizó la mensura del ejido del pueblo de Nueve de Julio y la traza de sus manzanas y calles, se percató de destinar los esquineros de las quintas nº 7, 12, 19 y 24 -ubicada respectivamente en las cuatro esquinas del sector urbano- para plazas públicas. Es decir, además de la plaza principal, situada en el centro del radio, debían existir otros cuatros espacios verdes en cada ángulo del perímetro. Motivos burocráticos, por así llamarlos, mediaron para que esa medida urbanística no fuera cumplida estrictamente como fue ideada.
En consecuencia, para la que debía ubicarse en la intersección de las avenidas Río Negro y Río Uruguay, fue destinada la manzana situada frente a ésa, la  94, delimitada por las avenidas mencionadas y por las calles Tucumán y Jujuy.
El sábado 8 de agosto de 1896, como conclusión de una misión apostólica realizada días antes con motivo de la inauguración del templo, en una solemne celebración fue colocada una gran cruz en el centro de aquel predio, en presencia de monseñor Mariano Antonio Espinosa, obispo titular de Tiberiopolis y auxiliar del arzobispo de Buenos Aires. Desde entonces la manzana fue denominada “Plaza de Cruz” y librada al uso público.
En junio de 1903, el presidente de la Sociedad Italiana de Nueve de Julio, Ubaldino Lafranconi, solicitó al intendente Rafael Prieto el cambio del nombre de “Plaza de la Cruz” por el de “Plaza Italia”. El Concejo Deliberante acordó la nueva designación, favoreciendo el petitorio de la colectividad italiana, imponiéndole nombre de “Plaza Italia” a la que antes de denominaba “de la Cruz”, por ordenanza del 22 de junio de 1903.
En septiembre de 1905 era inaugurado el nuevo servicio y con él la torre taque y el edificio adjunto construidos sobre el terreno de la “Plaza de la Cruz”. Mientras que en el terreno contiguo debía edificarse la planta.

EL USO DEL EDIFICIO
El 3 de junio de 1913, las firmas Parcus y Cía. y Duhnkrach, Nellen y Cía., adquirieron la propiedad definitiva de la planta, de su edificio y de la maquinaria, ya instaladas.
El 6 de diciembre de 1913, ante el escribano Horacio Torno, de la Capital Federal, A. Parcus y Cía. y Duhnkrach, Nellen y Cía. transfirieron el contrato, convenido el 3 de junio con la Municipalidad, a la Sociedad Anónima Empresa Eléctrica Nueve de Julio, del poderoso “Grupo Herlitzka”, hecho por el cual, el edificio, pasó a propiedad de esa firma.
Entre los comienzos de 1927 y 1928, la sociedad anónima Empresa Eléctrica Nueve de Julio realizó amplias reformas, en distintas áreas de trabajo, desde las redes conductoras de flujo hasta en el alcance productivo de la planta.
En ese lapso fueron edificadas algunas dependencias que, unidas a las ya existentes, completaron una edificación de 730 metros cuadrados de mampostería. Además fue modificada notablemente la fachada.
En 1932 el edificio pasó a manos de la Compañía de Electricidad del Sud Argentino, perteneciente al grupo ANSEC, quien lo mantuvo hasta comienzos de la década de 1950, que en la planta dejó de funcionar para dar paso al servicio brindado por la nueva Usina Eléctrica Popular.
La Usina Eléctrica Popular jamás ocupó ese edificio, pues construyó su planta en la esquina de Mendoza y Avellaneda.
Cuando, en la década de 1950, el edificio fue dejado por la Compañía de Electricidad del Sud Argentino, el mismo quedó al cuidado de Obras Sanitaria provincial. Paulatinamente, el mismo se fue conviertiendo en un depósito y sumiéndose en un constante deterioro.

MONUMENTO HISTORICO
El  Concejo Deliberante de 9 de Julio, por Ordenanza Nº 4197, sancionada el 19 de marzo de 2004 y promulgada el 25 de marzo de 2004, declaró al edificio como “Monumento Histórico”. Durante la gestión del intendente Martín Callegaro se comenzaron los trabajos de restauración del edificio. El proyecto original buscaba destinarlo al mismo Concejo Deliberante, para su uso como sala de sesiones y dependencias administrativas.
Durante la gestión del intendente Walter Battistella se prosiguió con la tarea de refacción y recuperación de las instalaciones, labor que ahora ha acometido el intendente Mariano Barroso, para llevarlo a su finalización.
No sólo los acontecimientos acaecidos en su derredor, sino también las condiciones arquitectónicas, permiten denotar la preeminencia de este bien inmueble. Este edificio, dotado de tanta significación para el pretérito de 9 de Julio, formado de las condiciones suficientes para ser considerado un preciado bien comunitario, que antes fuera un innegable factor de progreso para la comunidad, es ahora el ámbito donde habrá de cultivarse el saber histórico y preservarse el patrimonio histórico de los nuevejulienses.
Desde ahora, ese espacio podrá ser internalizado por parte la comunidad toda. Pues, ese entorno, además, servirá para la realización de toda clase de eventos, aquellos que, de suyo, no atenten contra la preservación del lugar. Desde conferencias, exposiciones de arte, jornadas, conciertos, hasta las más varias expresiones de la vida cultural tendrán espacio en ese edificio.

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