18 septiembre 2020

Elogios a Ceciclia Rossetto por su presentación en España

[4 de agosto de 2011]

Barcelona/Concierto «¡Qué grande sos Ceci!»

La argentina Cecilia Rossetto regresa a Barcelona, al Paral-lel, y se instala una noche en el escenario de El Molino con una actuación en la que se encuentra con muchos de sus amigos.

NURIA CUADRADO

La Rossetto es grande. Y no sólo por la longitud de sus piernas, que siguen tan largas como cuando se fue y al parecer -según cató un satisfecho varón de la primera fila de la platea de El Molino- igual de prietas. Sino porque la Rossetto no tan sólo es alta sino que tiene altura: como mujer, sí, pero sobre todo como artista. Llámenle como quieran: cantante, tanguera, chica de revista, vedette, actriz o monstruo del escenario, que viene a resumir todo lo anterior.

La Rossetto ha vuelto a Barcelona, Buenos Aires mediante. Y, con parada previa en el Grec -el domingo 24 de julio-, ha regresado al Paral-lel. Unica actuación -por lo menos de momento-, la del pasado martes 26 en El Molino, que fue no sólo un repaso a su alma porteña sino también una fiesta de reencuentro con sus amigos. Con los presentes y con los ausentes.

Cecilia Rossetto llegó a Barcelona a principios de la década de los años 90. Se instaló en el Condal y, aunque triunfó, poco después se marchó; sólo que al poco ya estaba de regreso: en el Victoria, con Bola de nieve. Y, luego, otra vez, ésta en el Romea, con Resiste Rossetto. Y esa vez, ya, se quedó casi una década en la que fue protagonista de la inauguración del festival Grec -con La ópera de cuatro cuartos, bajo la dirección de Calixto Bieito- a cónsul honoraria de Argentina.

Aquí siguió trabajando hasta 2008, cuando tuvo que regresar. Y no había vuelto hasta ahora. Por eso tantos amigos la esperaban en la platea de El Molino.

El martes (26 de julio), la Rosetto se subió al escenario envuelta en llamas -vestida de fucsia, de rojo y naranja- y pronto encendió pasiones y despertó recuerdos: en catalán, como la barcelonesa que fue, empezó a desgranar la memoria de otros tiempos y de otra gente: que si Manuel Vázquez Montalbán, que si Carles Flavia y Pepe Rubianes, que si la vedette del Arnau que le ayudó a encontrar una casa, que si Rosa Gil -la dueña del restaurante Leopoldo- que la alojó en su casa…

«Rosa, ¿estás por ahí?», preguntó la Rossetto. Y Rosa estaba. Y estaban también la cantante Marina Rossell o el actor Mingo Rafols, que no sólo saludaron desde la platea sino que la acompañaron desde el escenario.

La Rossetto recordó el Raval de prostitutas, travestis y aquellas vitrinas del Bagdad con sus fotos subidas de tono expuestas a los ojos de todo el que quería verlas -en su primera visita explicó a su hija, que todavía era una niña, que se trataba de una tienda y también de Vázquez Montalbán y una accidentada comida en el Bulli.

Después, se puso unas plumas y recordó sus tiempos como chica de revista; o, aparcó la broma para leer un poema de Cristina Peri Rosi, otra de las amigas allí presentes.

Pero también, sobre todo, cantó. Y cómo cantó. Y qué cantó. Temas de Homero Manzi, de Virgilio Expósito, de Elagia Blázquez, del recientemente asesinado Facundo Cabral… Tangos, a veces machistas, otras de camaradería, de amor o de recuerdo por la patria perdida… tangos apasionantes que sonaban llenos de pasión en la voz de Rosse- tto, lo único en ella que parece haber cambiado en estos años, porque suena cada día mejor.

«¡Qué grande sos Ceci!», le gritaron desde la platea. Y es que la Rossetto, el martes se creció.

EL APUNTE: POR ALEX SALMON

Rossetto, directa al corazón

Subidón de tocamien- tos. Caricias, besos, abrazos. Eso es lo que hizo la grandísima Cecilia Rosse tto en el escenario de El Molino: tocarnos a todos con sus palabras, su voz, sus movimientos seductores, con esas manos abiertas de mujer grande y diva, directa al corazón. Nos manoseó hasta la saciedad porque el público iba a eso. A recordar lo que fue la Rossetto en el Paralelo. Y ella a disfrutar, rodeada de amigos, de esos recuerdos de los últimos 20 años. He seguido su trayectoria desde que llegó en el 91 al Condal y cómo en pocos meses la ciudad canalla hablaba de la buenísima mujer que cantaba y explicaba historias.

Y ahí estábamos el martes esos ahora viejos canallas para que nos manoseara. La conocí personalmente el martes. Cosas que pasan con una mujer que ha ido encontrando en locuras de amigos. Como Vázquez y Montalbán. Fue ella la elegida para darle la sorpresa aquel día en Casa Leopoldo. Espero que El Molino le monte su show.

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