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29 enero 2022

Eduardo Lopez Nuño

lopez nuño1* Desde niño había anhelado ser maestro, pero algunas circunstancias le impidieron serlo; no obstante, se propuso en su vida trabajar al servicio de la enseñanza.
* Fundó la reconocida  Casa “López Nuño”, librería y bazar que ha arribado a su 60º aniversario.
* Durante varios años presidió la Asociación Cooperadora de la Escuela Normal Superior, logrando concretar la construcción del gran edificio  que es actualmente sede del establecimiento.
* Fue un hombre de bien que, merced a su honorabilidad y caballerosidad, hombría de bien y tesón, que había heredado de sus mayores, logró hacerse de un bien merecido prestigio.
* Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo, aún lo recuerdan con afecto.

No siempre las circunstancias adversas de la vida logran poner freno a los nobles anhelos. Por el contrario, dan fuerzas para emprender la lucha y el servicio desde otro plano. Eduardo José López Nuño anhelaba, desde la edad más temprana, ser maestro de grado. Dado que no contaba con los recursos económicos para hacerlo, debió desistir de esa idea; pero, siempre bregó porque otros tuvieran la posibilidad de estudiar y acceder a la educación. Por ello, durante gran parte de su existencia se dedicó a trabajar voluntariamente en instituciones que tuvieran relación con la enseñanza, especialmente en las cooperadoras escolares.
Nacido el 13 de octubre de 1922, siendo niño perdió a su padre y, en plena adolescencia, a su madre. En consecuencia, con la ayuda de su abuela, quien residía en España, junto a otro hermano, se abrió camino en la vida, con dedicación y empeño.
Si bien no pudo cursar los estudios secundarios, en la Escuela de Enseñanza Profesional realizó el curso de Tenedor de Libros. Ello le facilitó la posibilidad de emplearse en el Bazar  “Colón” de Julián Nogales, que por entonces funcionaba en el salón de la avenida Vedia entre La Rioja y Bartolomé Mitre.

SU COMERCIO PROPIO
En 1957, en su domicilio de la  avenida Río Bermejo (hoy Antonio Aita) entre Río Negro (hoy Cardenal Pironio) y Tucumán, junto a su esposa, instaló “Casa López Nuño”, conformando un amplio stock en el rubro de bazar y regalería.
Al principio se ubicó en un garaje, pero hacia 1974 se trasladó a un local más amplio edificado contiguo a su casa, donde actualmente funciona.
Eduardo López Nuño dotó a su comercio de un sello propio. Quien concurría sabía que podía hallarlo siempre dispuesto a la buena atención a la deferencia en el trato siempre cordial.
No dudaba en brindar un asesoramiento generoso a los clientes, brindándoles la posibilidad de acceder a  artículos de calidad.
Hoy, su hija Liliana, quien continúa al frente de la firma, prosigue en la senda con la misma conducta comercial heredada de su padre.

UN SUEÑO CONCRETADO
Promediando la década de 1960, Eduardo López Nuño junto a un grupo de vecinos de 9 de Julio, comenzó a trabajar con el objetivo de lograr la construcción de un edificio moderno donde albergar la Escuela Nacional de Comercio y Anexos, después denominada Escuela Normal Superior.
Siendo presidente de la Asociación Cooperadora del establecimiento, lo acompañaron en la iniciativa Umberto Rossi, Oscar Ferreyra, Pedro Secreto, Vicente Spina, Néstor Odello, Hugo Giuliani, Cerico Fava, Carlos Pettinari, Pedro Baloriani, Angel Beraza, Domingo Graziano, Carlos Poratti, Arnaldo Amaya, José Nosa, José Soracco, Adolfo Lizaso, Horacio Vizzón, Ernesto Prieto, Julio Lomsam, Ramón Sasso, Oscar Noguez, Néstor Navone, Jorge Ríus y Norberto  Molina, entre otros. Todos ellos acompañados por el intendente municipal de entonces, Carlos Cappelletti.
El 10 de agosto de 1967 fue colocada la piedra fundamental en el predio donde hoy se levanta el edificio. En esa ocasión, Eduardo López Nuño , en un discurso muy emotivo, aseguró que el edificio sería “muy querido, pues se deberá al esfuerzo de todos, un edificio acorde con la importancia de la ciudad”.
Estaba convencido,  tal como lo expresó en su discurso, que la edificación de la nueva sede para la Escuela, vendría a “contribuir a elevar el nivel cultural de nuestra población es servir a la patria, pues, construir escuelas es combatir la ignorancia en todas sus formas”.
En 1973 el sueño de Eduardo López Nuño se  vio concretado con la inauguración de ese edificio que aún hoy sigue siendo admirable, en su construcción y magnitud.
No fue, sin dudas, una tarea simple. Durante más de un lustro, López Nuño, junto a los miembros de la comisión, administró los recursos para lograr la construcción. Lo hizo con ejemplar transparencia, logrando llevar la obra a buen puerto, en los tiempos esperados.

SU FAMILIA
Casado con Irma Celia Tierno formó un hogar compuesto por dos hijas: María Cristina y Celia Liliana. Además tuvo tres nietos, María Virginia y María Celia Ruiz y Eduardo Facundo Aztoviza.
Si bien el menor de sus nietos no lo conoció, conserva por su abuelo un especial sentimiento.

PALABRAS FINALES
Eduardo López Nuño vivió gran parte de su vida dedicado a su comercio. No obstante ello, encontró tiempo para viajar con su familia y amigos a diferentes partes del país. Inclusive pudo recorrer España, la tierra de sus mayores.
Fue un autodidacta. Su hobby principal era la lectura y, de esa manera, logró forjarse una sólida formación cultural.
Falleció inesperadamente en diciembre de 1994. Su recuerdo se mantiene latente en cada rincón de ese edificio, por el que tanto luchó y, desde luego, en el corazón de los suyos, a quienes legó  sus más nobles virtudes.

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