2 diciembre 2021

José Francisco Tapia

historiadevida-tapia15Una vida dedicada a la enseñanza
* Dedicó su vida a la enseñanza, tanto como maestro y director de escuela.
* La poesía y la música le sedujeron desde su juventud, permitiéndole formar un espíritu sobremanera culto.
* Ajedrecista notable, co-fundó el recordado Club «Jaque Mate».
* Fue juez de paz de 9 de Julio, reconocimiento genuino de su comunidad, por una vida de honradez y nobleza.

Cada vez que el cronista debe referir a los hechos del pasado, o evocar la figura de un personaje histórico, en la comunidades, existe un temática que, extrañamente, no causara especial predilección… La educación. No solo, claro está, aquella emanada desde las casas de estudios, o en torno de alguna de las artes liberales, sino también aquella docencia que -quizá con distinta perspectiva y metodología- se concreta en otros ámbitos de la sociedad.
Quien orienta, de alguna manera, su espíritu a educar, formar, perfeccionar, o nutrir algún aspecto del saber de otro, ya está transitando -si así podemos decirlo- la senda de la docencia.
Desde luego, ¡cuánto más podrá considerarse de ejemplar, en una existencia dedicada a la enseñanza!, ¡qué inmensidad de hechos de altruismo surgirá de quien, pese a todo, hace de su vida, herramienta con que fundir y modelar el conocimiento, la educación, de sus semejantes!.
Hoy traemos a nuestra sección, el recuerdo de quien, en vida, fuera un educador, un maestro con letras de oro: don JOSÉ FRANCISCO TAPIA.
Este inolvidable director, músico y poeta, había nacido en La Plata, el 19 de marzo de 1910, hijo de Francisco Tapia y de Juana Caparaberry.
Sus estudios elementales, así como también los secundarios, los cursó en su ciudad natal donde, además, pudo graduarse maestro.
Pertenecía a una familia numerosa, de fuertes inclinaciones artísticas, que pudo simentar en su espíritu un fuerte amor hacia la música.

LA DOCENCIA
El primer trabajo como docente lo realizo en el pueblo de San Mauricio, partido de Rivadavia, hasta cerca de 1938, en que fue trasladado a 9 de Julio.
Aquí le cupo ocupar la dirección de distintos establecimientos de enseñanza, las escuelas nº 16, en Morea; nº 2, nº 3 y del paraje «La Colonia».
En 1956 fue designado director de la Escuela nº 1 «Bernardino Rivadavia», sucediendo a otro recordado docente, Amilcar Linch. Aquí permaneció hasta acogerse a los beneficios de la jubilación, en 1961.
También se desempeñó en el nivel medio, como profesor en la ex Escuela Nacional de Comercios y Anexos; y en la Escuela de Enseñanza Profesional Mixta nº 1, hoy Media 3, de la que fue, a más, secretario y director. En dos ocasiones, fue llamado a ocupar el cargo de inspector de escuelas, de manera provisoria.
En efecto, la docencia fue su vida y hoy, todavía, quienes fueron sus alumnos o compañeros de tareas, recuerdan cariñosamente, y con respeto, a «don Tapia», o «el señor Tapia». A esa vocación dedicaba mucho más que las horas designadas por reloj, haciendo de ella el eje vertebrador de su vida.

LA ENSEÑANZA DE LA MÚSICA
También la música fue su musa, en especial la guitarra, de la que era profesor recibido en Buenos Aires. Dedicándose a la docencia de esta disciplina y a la composición de temas propios -o a
la transcripción para guitarra de temas de la música universal- ideó un método de acompañamiento que favoreció la difusión del folklore.
También integró un conjunto de guitarras, con otros guitarristas locales -como Kischner, A. Garcia-, que realizaban sus presentaciones en eventos locales.

EL AJEDREZ, SU HOBBIE
En la medida en que sus múltiples tareas se lo permitían, podía hacerse tiempo para sus hobbies favoritos. Uno de ellos fue el ajedrez; disciplina en la que fundó -junto a otros ajedrecistas-  el Club de Ajedrez «Jaque Mate». Compartía esta inquietud con varios de sus  amigos, tales como los doctores Ambrosetti y Durán, y los señores Araque y Re; y participaba en campeonatos locales y zonales.

LA POESÍA
Fue poeta. Algunas de sus poesías fueron escritas en acontecimientos especiales como aniversarios, cumpleaños, y actos escolares. Otras,  otras tratan temas diversos, como la que sigue, titulada «Noche de perros», escrita en 1948:

¡ Qué noche de perros!
¡Cómo sopla el viento!
Silba en las rendijas
igual que un lamento.
Brama campo afuera,
hecho campo abierto,
como si arrastrara en su furia
las almas dolientes
de todos los muertos.
Si veo en las sombras
pasar los espectros:
pálidos, desnudos…
flacos y esqueléticos
hechos a capricho
de espinas de hielo
sembrando en la noche
cual llanto de duelo
los blancos y helados
cristales de invierno

Así es de pena mi alma por dentro
así vienen a mí los recuerdos
sin piedad, con porfía y con saña
a escarbar lo que fui en otros tiempos…
Removiendo el dolor de mi vida
se llega también al palacio del sueño,
cuando otrora solían gustarme
las ramas floridas del ceibo
y ostentaba mis años de mozo
con una bien roja prendida en el pecho.

Entonces brillaba en mi alma.
la estrella que tuve por guía y lucero
que por querer dar luz y lucir las auras
se fuera, sin pensarlo, consumiendo.
Entonces eran notas de armonía
que escuchaba en el silbo del Pampero.
Era la primavera floreciente,
cristalinas las aguas, puro el cielo.
saturada de amor, era mi vida
y un tizón, como fuego, me ardía adentro-

Allí no había invierno
que mostrase la faz del sufrimiento.
Allí eran fuerzas vivas concentradas,
desafiando a los peligros más horrendos,
pujantes en frenética carrera
pasando uno a uno los deseos,
buscando siempre ver más adelante
campos verdes, floridos, campos nuevos,
que saciaran de gozo y esperanzas
la fantasía de mis dorados sueños.

Amé la música que en la alborada
despierta al mundo de su dulce sueño,
la pequeñita gota de rocío
que se embriaga de esencia sobre el pétalo,
el manantial que surge fresco y puro,
el arroyo que da agua a los sedientos,
la floresta silvestre de los campos
que engalana el paisaje del viajero
y el brillante guijarro de la playa
pulido por las aguas y los vientos.

Amé los bosques como lo ama el ave.
Crucé montañas, ríos y desiertos.
En los mares las olas más bravías
aferraban aún más mis pensamientos.
Era mi afán llegar donde ninguno
valor tuvo ,quizás, de hollar su suelo.
Buscando penetrar en lo infinito
contaba las estrellas en los cielos
y entonces j qué pequeño me veía
frente a la magnitud del Universo!

Tenía pasión por todo lo invencible,
cuántas veces mi madre fue mi aliento.
Aún me parece verla
sonriente y cariñosa como un beso
ocultando el dolor a mis miradas
y haciéndose la fuerte a su desvelo.
Ella se fue como se fueron todos
los que rodearon este pobre cuerpo
y así he quedado acariciando penas
De nada me sirvió que clame al Cielo.

¡Qué noche de perros…!
¡Cómo silba el viento!
Se escucha por fuera
se escucha por dentro
tan fuerte y tan frío
que me ha entrado miedo.
FIN

PALABRAS FINALES
Hombre honesto, de altos valores morales, fue reconocido por la comunidad siendo designado
como Juez de Paz, cuando esa dependencia no era Letrada.
Sus múltiples facetas fueron resumidas por un caricaturista local de la siguiente manera:
«De una escuela director,
catedrático del jaque,
guitarrero y payador…
jQué mano cebando mate!».
Don José Francisco Tapia falleció, imprevistamente, en La Plata, el 7 de febrero de 1965, en ocasión de pasear y visitar familiares suyos. Entonces, EL 9 DE JULIO, escribió su nota necrológica afirmando, entre otras palabras, que «cuantos lo trataron y conocieron; y, en verdad, fueron muchos, guardarán […] el mejor de los recuerdos; y su forma de ser ha de ser muchas veces citada como ejemplo de corrección y caballerosidad.

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