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27 enero 2022

Canonización del Cura Brochero

ROMA.- Entre las 80.000 personas que asistieron a la canonización de los nuevos siete santos, los argentinos, que viajaron especialmente para honrar al Cura Gaucho, que en realidad siempre fue santo según el sentir popular, se hicieron notar.
En un día de sol primaveral, hubo banderas, vinchas y camisetas albicelestes, imágenes y estatuillas de Brochero, en una Plaza de San Pedro desbordada de emoción. Los cordobeses, compatriotas del nuevo santo, eran mayoría y no ocultaban su emoción.
«Siento una emoción muy grande, es el cumplimiento de un anhelo. Porque además este es el primer santo argentino que hizo la santidad en la patria nuestra, la hizo en Córdoba en particular, y era un cura gaucho: un hombre que predicó, pregonó y llevó en su alforja la doctrina y el dogma arriba de una mula, Malacara. Entonces está muy consustanciado con un pueblo creyente y devoto como es el pueblo gaucho en general y cordobés en particular», dijo a La Nación Carlos Dominguez Linares, enviado especial de la Federación gaucha de Córdoba. Junto a su mujer, Liliana Poletto, enfundada en un poncho, Linares, de 72 años, estaba elegantísimo, vestido de uniforme de gala gaucho, con sombrero, botas y pañuelo.
«Estudié en España, y hace 50 años vine aquí, a la Plaza de San Pedro. Pero venir ahora con un Papa argentino, y con un santo argentino y con mi esposa, que no la conocía, es hermoso», exclamó Linares, que viajó en peregrinación con gente de las Sierras Chicas. «Estaba pensando que cuando era adolescente y romántico, leía a Rubén Darío, a Beckett y a Amado Nervo. Y Amado Nervo decía: si hay un hueco en tu alma, llénalo de amor. Y cuando se habla de la grieta de los argentinos, para mí la respuesta la dio Amado Nervo hace más de 60 años: esa grieta hay que llenarla de amor», comentó.
En su grupo también estaba, vestido con una camiseta de Talleres de Córdoba, Santiago Luti, ingeniero agrónomo de 32 años, junto a su mujer, Paula Bitar y su hijo de 8 años, Felipe. «Ya estuve otras veces en Roma, pero estando acá uno adquiere la dimensión de lo que pasó hoy: Brochero, que está ahí, en el tapiz, junto a su mula ¡ahora es un santo para toda la Iglesia! Ayer hablaba con unos italianos que me preguntaban dónde podía encontrar información sobre él, porque le quieren rezar», dijo Luti, entusiasmado. «Brochero iba por las sierras compartiendo su mate con todos, ahora seguro comparte el mate con los santos», concluyó, feliz como todos los argentinos presentes.
La historia de Nicolás Flores
Era la noche del 28 de setiembre de 2000 en Córdoba y Nicolás, a penas un bebe de once meses, viajaba en un Renault 11 junto a su familia. Pero en medio del camino fueron chocados por una camioneta que circulaba sin luces.
Su abuelo -quien manejaba- murió y él, un bebe, sufrió un traumatismo craneoencefálico muy grave; perdió masa ósea y masa encefálica y tuvo paros cardiorespiratorios.
Al verlo en ese estado tras el accidente, su padre pensó que se moría y empezó a pedirle a Brochero por su vida. A los 15 minutos, Nicolás no respiraba y apareció por la ruta de casualidad un bombero que frenó para ayudarlos, lo reanimó y logró sacarlo del primer paro.
En total, el bebe necesitó de 25 minutos de reanimación -con una declaración de muerte en el medio- para volver a respirar. Los médicos aseguraban que sobreviviría, pero no podría ver, hablar ni caminar. Su recuperación es explicable para la ciencia: aunque tiene la mitad de su cerebro, Nicolás camina, habla, lee y lleva una vida completamente normal.
La historia de Camila Brusotti
Su madre llegó el 25 de octubre de 2013 con ella en brazos al Centro Integral de la Mujer y el Niño de San Juan . Había dicho que mientras estaba con su pareja la niña, de por entonces 7 años, se había caído de un caballo. Luego de examinar la gravedad de los golpes de Camila, los médicos se dieron cuenta que la coartada de la madre no alcanzaba porque a la niña le faltaba todo el parietal derecho. El caso de violencia familiar conmocionó a la sociedad sanjuanina toda, que comenzó con cadenas de oración y rezos por su pronta recuperación.
En ese entonces, el cura Brochero llegó a manos de los abuelos de la niña, cuando una amiga notó la similitud entre el caso de Camila y el de Nicolás Flores y les llevó un cuadro con la imagen del cura que le habían dado para «personas enfermas o que lo necesitaran».
Pero las previsiones científicas no se cumplieron. Al contrario. Mejoró progresivamente sin que los médicos pudieran dar una explicación. «Éste es el milagro que llevará a Brochero a la canonización», repetía en diciembre de 2013 a su esposa Raúl Ríos, abuelo materno de Camila, a quien había «puesto en manos» de ese sacerdote

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