23 enero 2021

Antonio Aita – Un periodista de raza

antonio1*Por el Periodista Carlos Graziolo
La entrevista que publicamos a continuación fue realizada por el periodista Carlos Graziolo, para la Revista «La Ventana» en el año 1990. En ella se refleja, en buena medida, la personalidad de Antonio Aita, un periodista de raza.
Si algún día a alguien se le ocurriera dibujar el edificio de “EL 9 DE JULIO” debería ponerlo a él a su frente; está incorporado al paisaje del diario de la ciudad desde los 10 años y ya pisa la baldosa de los 80.
En la misma jaula crió a la política y al periodismo. Amplio y democrático, ayer contra el peronismo, hoy con él en el FREJUPO, les da cabida a todos en su vespertino.
Aita desgrana con simpatía anécdotas, sueños y la fecunda experiencia de una vida que le ha otorgado paciencia y humildad.
¿Cuál es su ascendencia?
-Mis padres eran italianos. Ambos fallecidos relativamente jóvenes: de 55 mi madre y de 57 años mi padre, en el término de 17 meses.
¿Cómo fue su niñez? Sus padres ¿Qué hacían?
-Mi padre era verdulero y quintero y mi madre atendía los hijos: éramos 10 hermanos.
Una familia que vivió siempre bien, con modestia, pero bien. Nunca faltó ni techo ni pan. Yo era el tercero de esos 10 hermanos y cuando fallecieron mis padres ya tenía 24 años.
¿En qué día y en qué año nació?
El 12 de enero de 1911.
Entonces, ¿Usted conoció la crisis de los años 30?
-Sí, absolutamente. Esa crisis fue de falta de trabajo, pero el que lo hacía alimentaba a toda la familia. Bastaba que lo hiciera uno en la casa para que no faltara la comida. En cambio la crisis de hoy es muy distinta para el que trabaja. La particularidad de aquella frente a esta crisis actual, que tanto perjudica el bienestar de la Nación y que ha entristecido al pueblo, es que antes, las cosas para la subsistencia diaria estaban al alcance del que lograba trabajo.
¿Cómo fueron esos años mozos?
-Siempre anduve en distintas actividades que hacen a la comunidad. Soy uno de los fundadores del Club Agustín Alvarez, cosa que me da alegría recordarlo porque fue una institución, es, que viene cumpliendo una linda tarea, así que responde a los anhelos iniciales.
Lo fundamos en 1929: yo fui el primer tesorero. En 1932 cuando estaba haciendo la conscripción me comunicaron los amigos que me habían elegido presidente.
¿Así que conscripto y presidente?
-Sí, fui elegido mientras estaba en el “exterior”. Agustín Alvarez fue una institución que no descuidó el aspecto cultural. Recuerdo que se le dio basamento a la biblioteca, adquiriendo los primeros libros, considerados en su momento, los más importantes. Fueron comprados en el remate de un señor Pazos, un español muy ilustrado que se desprendió de sus cosas.
¿Esa fue la primera incorporación a la Biblioteca “Arturo Cano”?
-Sí. Arturo Cano fue un no vidente. Un hombre realmente ejemplar. Careciendo de visión desde los 12 años (la había perdido a causa de la viruela) no fue un hombre al que hubo que darle sino que dio siempre. Fue periodista, hermano de Enrique P.Cano que fue director de un periódico que se llamó “El Gráfico”. Allí colaboraba, ayudando asimismo a los jóvenes escolares que se acercaban a él para resolver problemas de colegio.
Con todos tuvo una disposición permanente y de buen ánimo. Atendió honoríficamente la biblioteca que hoy lleva su nombre, con una consecuencia envidiable.
¿Hasta cuándo estuvo en el Club?
-Hasta el año 1955 aproximadamente; casi 25 años en forma ininterrumpida.
También fui presidente muchos años de la Cooperadora de la Escuela Nº 24 en el barrio “Crosa” cerca de la Iglesia Nuestra Señora de Luján, en la calle Río Paraná.
¿Qué llegó primero para usted, el periodismo o la política?
-Puedo decir que ambos llegaron de la mano: porque el periodismo que antes se hacía en cada imprenta, respondía a un color político determinado. Antes había que decir que yo empecé aquí en este mismo edificio; una mañana, el 1º de diciembre de 1921 (aún no tenía 11 años) pasaba con mi padre por aquí quien señalándome la puerta me dijo: “…te encontré trabajo en este lugar…si queres venir…” Así comencé a venir a esta casa.
En 1927 hicimos un primer ensayo periodístico con un amigo: Justo P. Avendaño, que tenía cierta experiencia ya que al hacer el servicio militar en la marina había aprendido el manejo tipográfico, porque había una imprenta a bordo del buque al que estaba asignado. Era un periódico deportivo: “El Gol”, duró un año, mejor dicho lo que duraba un torneo de fútbol. Luego vino el descanso y ya no salió más.
¿Ud. ya trabajaba en “EL 9 DE JULIO”?
-Si, entonces el propietario era Arturo De la Plaza, fallecido recientemente, que fue un buen patrón y buen amigo. El director era su hermano José María. La toma de “comando” fue en 1935.
¿Desde entonces Ud. es Director del Diario?
-En 1935, Arturo De la Plaza, nos ofrece a mi hermano Alberto y a mí la compra, con facilidades, del taller de imprenta. Juan Farías, otro colaborador, me preguntó si iba a editar el diario. Yo dudaba un poco, ante lo que él se ofreció a colaborar ejerciendo la dirección y yo la administración. Un año más tarde Farías se va a Buenos Aires y pasé a ejercer la dirección hasta hoy.
Se vivían todavía los coletazos de la crisis del año 30, pero no obstante había una saturación de periódicos en 9 de Julio. Muchos más de 10 circulando mensualmente. Todos en base a mucho sacrificio, pero seguramente no tanto porque se hacían con gusto.
Eran los tiempos de armar los textos letra por letra y para hacer la edición siguiente volver las letras a su lugar en las cajas.
Era una tarea terrible…
– Sí, pero el obrero gráfico adquiría una agilidad envidiable, cosa que parecía imposible porque se manejaban millares de letras por día. Aún así, es posible encontrar en las colecciones, números especiales: era una verdadera proeza y no sé de dónde salían tanta fé, tanto empuje y tantos deseos de hacer.
“EL 9 DE JULIO” ¿siempre tuvo aparición diaria?
-No. De acuerdo a cómo se podía estaban las ediciones en la calle. Fue semanal, bisemanal, trisemanal. Entre fines de 1955 y principios de 1956 comenzó a salir todos los días.
Alguna vez, ¿Salía los domingos también?
-Siendo bisemanal aparecía los domingos porque se distribuía por correo y ese día el cartero también repartía correspondencia.
Era otra Argentina, ¿Verdad?
-Sí. Era otra Argentina.
¿Cómo llega Ud.a a política?
En la época que se llamó del fraude y la violencia.
Mi primer puesto fue fiscal de una mesa por la Unión Cívica Radical a los 18 años. ¿El motivo? No sé; era un partido popular bregando por la institución de los derechos del ciudadano impuesto a través de la Ley Saenz Peña con la implantación del voto secreto y obligatorio.
En esa década del ’30, esa voluntad fue burlada con violencia para quien pretendía ejercer su voluntad soberana. El fraude tuvo muchos matices. Desde el secuestro de la libreta por parte de la policía que se quedaba con ella, llegado el día del comicio y no se tenía la libreta para sufragar. También con esas libretas secuestradas se mandaban a terceros a votar.
Una vez estaba fiscalizando una mesa en la Escuela Nº 3, el presidente de la mesa era periodista para colmo, dirigía “El Pueblo…
¿Diario Conservador?
– Sí, y que me disculpe el amigo Monsalvo, porque el trato era cordial. Llega entonces un votante al que él saluda en voz alta por su nombre y apellido correcto. Cuando me acercan la libreta veo que el nombrado no era quién estaba registrado en la misma. Entonces me negué, por supuesto, a que votara.
Ante esta situación el presidente de mesa pidió ser reemplazado por el vice, porque era violento que yo, que estaba en otro periódico, estuviera viendo cómo se consumaba el fraude. Había ciertos escrúpulos de alguna manera.
También existió el vuelco de padrones. Se votaba normalmente durante todo el día y cuando llegaba el cierre de comicio se cambiaban los votos. Tal es así que en Carlos Casares hubo una elección en que el resultado fue 5000 a 1. ¡Se les fue la mano!
Así, que fui asistiendo a las distintas formas de fraude.
Los periódicos se caracterizaban por su tinte político, ya que nacían bajo cada división y subdivisión que se producía en la política lugareña. Por eso hubo tantos periódicos.
Así “El Liberal” era socialista; “EL 9 DE JULIO” radical; “El Pueblo” conservador; “El Porvenir” respondía a la corriente local del fauzonismo que en el orden nacional era el Alvearismo o antiperonistas. “El Gráfico” de los Hnos.Cano, socialista; “El Faro” conservador.
¿Por qué había tantos periódicos?
-Porque todos respondían a un problema político personal, aún con todo el esfuerzo que demandaba hacerlos en esta época, pero todos imprimían sus 300 ó 400 ejemplares.
La actuación en periodismo le daba también una certificación de tipo político al que andaba en esa tarea.
La política también era más violenta a título personal. Una vez me mandaron a la imprenta de “El Tribuno” porque tenían una guillotina más grande que la nuestra: allí arriba de las cajas de letras había revólveres y otras armas. Era un diario que tenía asumida con actitud más violenta con la política en el tono de sus escritos en cuanto a mayor agresividad, ironía, etc. Así es que florecían los periódicos. Algunos perduraron, otros duraban lo que duraba una campaña política.
Después del radicalismo ¿Dónde va usted?
-En el radicalismo seguí militando hasta que el partido tomó distintos canales. Uno encabezado por Arturo Frondizi y otro por Ricardo Balbín.
Yo, como otros, comencé a militar en la corriente frondizista en la época en que Moisés Lebenshon que fue una figura extraordinaria de la política argentina, hizo el Movimiento Intransigente; aunque las obras no
son de un solo hombre, sino del conjunto. El impulsó una corriente visible que derrotó al oficialismo partidario, lo que parecía muy difícil. Lebenshon hizo un aporte muy bueno al mejoramiento de la política argentina, porque combatió la práctica del favor personal que en la política criolla ha tenido una vigencia muy prolongada. Lebenshon surgió desde la ciudad de Junín donde fundó el diario “Democracia” que aún se edita bajo la dirección de su hijo. Para nosotros tuvo la fatalidad que murió a los 44 años. Fue un hombre que marcó una etapa; una etapa constructiva y que hubiese hecho falta todavía por su talento.
Aquí éramos 10 ó 12 los que nos incorporamos a aquella llamada interna que se daba en el partido siguiendo a Lebenshon. Fue una verdadera revolución dentro del partido luchando contra los viejos capistotes.
¿Y después?
– Fui Diputado Provincial por la Unión Cívica Radical en el período 1952-1955. Cuando el partido se abre oficialmente en la Unión Cívica Radical por un lado y Unión Cívica Radical Intransigente por otro, nuestro grupo sigue a esta última y luego continuamos con el Movimiento de Integración y Desarrollo .
¿Usted finaliza su labor por el golpe de 1955?
No. Porque el período Legislativo terminó normalmente. Fue un período de tres años que empezó el 1º de Mayo de 1952 y terminó el 30 de abril de 1955. Previamente hubo un golpe abortado en junio. En esta oportunidad me tocó estar 15 días en la comisaría local. No como representante de la autoridad, sino como preso político (risas)…pero recibimos buen trato…
¿Era más folclórico el tema del preso político de entonces en el que hemos conocido en los últimos años?
– Sí, era una forma de agredir al ciudadano para demostrarle que sin la voluntad del comisario no podía hacer nada. Yo estaba en la casa de Arturo Cano y alguien nos avisa que habían detenido a varios vecinos. Me apersoné entonces hasta la comisaría, en cuya guardia, estaba el suboficial Cerdeira, un buen vecino; después de las conversaciones previas que siempre se hacen le pregunté si era cierta la versión que daba como detenidos a algunas personas, lo que confirmó nombrándome a algunos de ellos: Valenzuela, Maldonado, Tisera, el cura Güida, etc. Le agradecí la información y lo saludé para retirarme, pero Cerdeira me dijo: …sabe, lamentablemente usted tampoco se va a poder ir porque hay orden de detenerlo a usted también…” así que yo me metí preso solo…
Yo había apuntado pedirle una anécdota, pero con esa es suficiente…
– De cualquier manera el Comisario Funes era una bellísima persona que nos dispensó buen trato y que no nos hizo sufrir ninguna consecuencia más que la privación de la libertad, que por otra parte era lo más importante.
¿De qué se los acusaba?
-Eramos gente que de alguna manera teníamos gravitación en la lucha política de la oposición. Aunque de ninguna manera nosotros podíamos haber ido a tirar bombas a Plaza de Mayo.
¿Tiene enemigos políticos usted?
No. Creo que nunca los he tenido. Hubo clausuras, emblecamiento del frente del edificio, a veces trascendían las amenazas, pero yo siempre digo que pasada una cantidad de años de distancia, viene el análisis y entonces el Peronismo más por presencia que por acción ejerció cierta intolerancia hacia las fuerzas opositoras, pero uno analiza que si ellos tiraban con piedras, nosotros con flores no les tirábamos, ¿no es cierto?. Así que había un poco de tal reacción a tal acción.
Hay que recordar las cosas como son. Pasados esos tiempos, las columnas del diario están abiertas a todas las corrientes de opinión, hay respeto por la idea ajena. Hay una frase de Estrada muy clara:”…estoy en contra de lo que usted dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo” que encuadra perfecto en las normas periodísticas en cuanto a la idea ajena.
¿Cuántas horas por día dedica a su tarea?
-Creo que el periodista es periodista permanente las 24 horas del día porque va por la calle y lo hace pensando en su labor.
Con el Diario ¿ganó amigos o ganó odios?
-Creo que gané amigos. Porque siempre hicimos la tarea con el juego limpio. Se puede disentir con los amigos, pero esos disensos son atendidos en su verdadera dimensión.
¿Qué cosas le ha dejado el periodismo?
-La de hablar en alta voz sobre lo que hace al interés del pueblo.
¿Qué cosas le ha quitado?
-Considero que la vida siempre me dio y en consecuencia también el periodismo.
¿Cómo ve al periodismo actual?
-En lo que se refiere a diarios con muy buen nivel. El de las ciudades del interior haciendo esfuerzos no compensables…
¿Qué lee para informarse?
-De todo. Hasta lo que es malo para saber que lo es.
¿Qué es usted políticamente?
-Militante del Movimiento Nacional que políticamente se expresa a través del MID.
¿Alguna vez cedió en su línea de conducta profesional?
-Me agradaría que la respuesta la de la comunidad o quienes me conocen.
¿Cómo es su relación con los demás medios locales?
-La de muy buenos amigos.
¿Cómo se mantiene “EL 9 DE JULIO”? ¿Cuántas personas trabajan en él?
Lo mantienen lectores y avisadores. A ello se puede agregar aportando perseverancia y no sacar cuentas. Actualmente trabajan entre todos los sectores 15 personas. Habría que sumar los repartidores.
¿Da ganancias como para continuar publicándolo?
-Si medimos sobre el capital invertido y la dedicación brindada, somos muy malos comerciantes…
¿Qué piensa del momento actual?
-Seguimos en una etapa de indetenible retroceso.
¿Qué salida le ve?
-Entrar en las vías del desarrollo del aparato productivo. Eliminando el estatismo en todo lo posible. Reducir el aparato burocrático. Es decir, gobernar para el país como en alguna etapa de la vida nacional ya se hizo.
Los medios de comunicación del país
¿sirven para comunicarnos?
-Los medios de comunicación del país son siempre retaceados; es decir que la comunicación es intencionada; el hombre no ha alcanzado a disfrutar de la plenitud de la libertad como debe ser bien entendida. Porque los medios modernos de difusión (Radio y TV) no han tenido la libertad total del manejo. En el caso de la TV porque siempre ha estado en manos del Estado y actualmente lo está en buena parte y entonces el acceso es controlado. El país carece de una forma de libertad total mientras esos medios sean manejados por el Estado. Siempre pasa una cosa interesante: los gobiernos son estadistas mientras ejercen ese gobierno y cuando están por irse se ponen privatistas, como para poder tener al- gún medio en sus manos después de dejar el poder.
Lamentablemente, no hay la grandeza suficiente para que sea respetada la libertad de expresión y tienen gravitación en ella los manejos ideológicos que se utilizan de diversas formas.
Debemos seguir luchando para que la libertad de expresión sea total. Yo no sufro, ni ningún colega, creo, sufre consecuencias de opresión contra el periodismo; debemos ser justos en eso ya que nadie nos controla ni nos llama la atención, ni se nos rechaza la circulación por correo, ni tenemos problemas de abastecimiento de papel, sufrimos solamente el problema de afrontar el funcionamiento de una empresa periodística.

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