22 enero 2021

Las antiguas herrerías y su aporte a la industria nuevejuliense

Herrería7Corrían los primeros años del siglo XX, y una parte importante de la vida industrial de 9 de Julio, se forjaba en las herrerías, verdaderos lugares de encuentros de la época a los que acudían personas de todos los estrados sociales, unos a curar los males de sus aperos, otros a solucionar  en tertulias interminables y apasionadas los problemas de convivencia del pueblo, y todos a refugiarse del frío en los tiempos desapacibles del invierno.
En los primeros treinta años del siglo XX, 9 de Julio contó con varias herrerías, las cuales fueron desapareciendo con el devenir del tiempo, o convirtiéndose en talleres más modernos.
Nadie duda que la fragua era un oficio duro. Para su ejercicio se requerían brazos de fuertes y muñecas de acero. La fuerza y la destreza eran importantes en este trabajo, pero no menos la vista, que tenía que soportar la luz y el calor intensos del fuego. Se necesitaba también una desarrollada capacidad para discernir entre las tonalidades que presentaba el hierro en su calentamiento. Había que distinguir el rosa cereza, del granate y ambos del rojo blanco; valorar con exactitud el matiz de azul que debía alcanzar el acero, en la operación del temple, o determinar cuándo las chispas al caldear el hierro adquirían la tonalidad del azul de cobalto.
Además para sobrevivir en esta profesión había que tener un acentuado sentido del ritmo, pues, en ocasiones, el hierro era golpeado con mazos por varias personas, mientras el maestro con un martillo iba marcando el ritmo, dando las órdenes oportunas: acelerar, variar la intensidad del golpe, o parar en seco, que era comunicado con un “pin” arrastrado, que los otros forjadores escuchaban al vuelo.
La materia prima del herrero era el hierro. Trabajaba una gama muy amplia que iba del metal dulce al duro o acero, pasando por toda la escala intermedia de durezas. El más utilizado en la fragua, por su maleabilidad y por la facilidad con la que se fundía consigo mismo, era el hierro blando o acero dulce.
La fragua era el conjunto de herramientas con las que el herrero trabajaba, aunque, a modo de simplificación, se ha acabado identificándola con el horno donde se fundían los metales. Esta simbiosis entre fragua y horno se debe a que era éste el principal objeto del taller. Tenía forma cuadrada y era allí donde se fundía y moldeaba el hierro.
Otro de los elementos característicos de la fragua era la bigornia (comúnmente conocida por yunque), instrumento sobre el que se forjaba el hierro, y que solía descansar sobre un apoyo de madera llamado “cepo”. Se trataba de un bloque de hierro acerado cuya parte superior se llamaba “mesa”. El yunque, por su parte, era una pieza de hierro dulce de forma cuadrada o rectangular, que tenía por función sufrir los golpes en las operaciones de corte del hierro, para evitar que las herramientas aceradas y con filo (cortafríos) pudieran mellarse.
Al igual que la bigornia, el yunque reposaba sobre un tronco que solía ser de encina.
Las primeras herrerías instaladas en 9 de Julio datan de pocos años después de la fundación del pueblo. En 1870, cuando  existían 70 casas de negocios en la totalidad del Partido, ya figuraban en el Registro de Patentes Fiscales,  dos herrerías. Once años más tarde, el número no había variado mucho, pues solamente existías tres.

La gran transformación, sin dudas, para la industria local se dio a partir de la última década del siglo XIX y, en efecto, comenzaron a surgir otras herrerías, algunas de ellas también como anexo de las fábricas de carruajes.
A continuación, veremos algunas de los trabajos que se realizaban en aquellas herrerías y cuáles eran las técnicas empleadas, las cuales hoy, en su mayoría, se encuentran extinguidas.

SOLDAR, UNA TAREA COMPLEJA
Si existía una operación compleja en las tareas de la herrería era la soldadura que, lógicamente, debía realizarse en la fragua. Consistía en la unión de dos o más piezas de hierro por medio del calor y de la presión (los golpes), con o sin el aporte de otro metal. Se trataba, pues, de un procedimiento de fácil comprensión pero de complicada ejecución.
En esa época no existían el soldador eléctrico o la autógena. La soldadura por presión, sin el aporte de otro metal, fue el método de soldadura más antiguo, y el practicado durante muchos siglos. El hierro se calentaba y se unía a golpes de martillo o mazo. El otro procedimiento, el de soldar ayudándose de un metal complementario, es más moderno.
En la soldadura sin aditivos se “caldeaba” el hierro, es decir, se le calentaba a la temperatura adecuada para que pudiera soldar. Un hierro estaba “caldeado” cuando alcanzaba la tonalidad de rojo blanco, tonalidad que iba acompañada de una señal inequívoca: el desprendimiento de chispas azules.
Si la pieza de hierro era de mucho grosor, durante el “caldeo” se le echaba arena para conseguir que el proceso de calentamiento fuese homogéneo, es decir, que calentase de la misma forma en el interior y en el exterior.
Una vez caldeado el hierro, se le colocaba sobre la bigornia y se le golpeaba para unirlo o soldarlo.

CUANDO EL METAL SE TEMPLABA A LA LLAMA
Otra de las tareas que se realizaba en las viejas herrería era el procedimiento de templar el metal a la llama.
El templado consistía en el enfriado del hierro o del acero con agua, con aceite o metiéndolo entre escoria de carbón con el fin de mejorar sus propiedades de dureza. Los herreros dominaban tres tipos de templado y éstos dependían del tipo de hierro utilizado y de la naturaleza de la pieza.
El templado suave se conseguía cuando la pieza adquiría un tono azul; el intermedio cuando la pieza tenía un tono cobrizo y el fuerte, cuando la tonalidad era blanquecina.
El hierro dulce, después de caldeado se introducía en el agua para que enfriara rápidamente. El acero se templaba en aceite, y no se introducía la pieza de repente, sino poco a poco, comenzando por la punta, hasta que salía el color azul.
Las hachas había que templarlas bien, pues el filo debía ser muy duro.

SACARLE BRILLO
En ciertos trabajos finos, el herrero bruñía el hierro. Lo pulía para sacarle brillo y evitar que se oxidase con rapidez.
Para esta labor utilizaba una lima sin picar que pasaba una y otra vez sobre el hierro.
La herrería, al igual que el resto de actividades artesanales, era difícil que pudiera resistir a la irrupción en el mercado de la industria metalúrgica y de los grandes talleres de maquinaria. Así pues, las herrerías de antaño, con sus fraguas, fueron pasando el olvido.-

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