27 septiembre 2020

Los comedores de patatas

Escribe Cristina Moscato

En el año 1878 un joven  misionero  llega a la región minera de  Bori- nage, Valonia,  Bélgica, por entonces,  segunda potencia industrial después de Gran Bretaña. Se llama Vincent Van Gogh y,  tras haber trabajado como librero y marchante de arte en La Haya y Londres, cree haber encontrado su vocación en la prédica religiosa, tal como lo hiciera  su padre, un severo pastor calvinista.

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El destino asignado por su iglesia, lo impresiona profundamente.  El hollín que sale sin pausa por las altas chimeneas de las fábricas que emplean el carbón extraído de las minas, lo cubre todo.  Apenas un árbol y algún que otro jardín,  rompe la monotonía de un paisaje plagado de escombros negros.  En invierno  la nieve se torna gris. El verano no es mucho mejor, la actividad minera vuelve todo estéril.  De noche no se ven las estrellas.  La oscuridad también alcanza a los pobladores.
¨Estas gentes están todas negras cuando salen de las oscuras minas a la luz del día, tienen aspecto de deshollinadores -escribe Vincent a su hermano Theo y observa- Sus casas, más bien pequeñas, podría decirse que son chozas….
Pero eso no es todo. Mujeres  y  niños,  en razón de su pequeñez,  son aprovechados para bajar a las partes más estrechas y profundas  de las minas.  La miseria, el hambre, la enfermedad,  las explosiones, las muertes, están al orden del día.
Radical en el ejercicio de los evangelios y crítico de los religiosos incapaces de experimentar emociones humanas,  el joven misionero, prontamente, renuncia a todos sus bienes.   Entrega la ropa y el dinero a los más necesitados y se convierte en el más pobre entre los pobres. Vive con  mineros y campesinos y también baja a las minas.
¨Hace casi dos años que vivo con ellos –dice en otra carta- y he aprendido a conocer bastante su carácter original, sobre todo el de los mineros. Y cada día encuentro algo conmovedor, hasta desgarrador en estos obreros pobres y oscuros, los más desvalidos de todos…, los más despreciados…¨
Entretanto, lee la Biblia, dibuja y cuida enfermos.  Acaba viviendo en una miserable barraca de trabajadores, extremadamente, flaco y sucio.
Después de 22 meses de frenética  labor en ¨el campo negro¨, ¨el Cristo de los mineros del carbón¨-según lo habían apodado- es removido de su cargo. El comportamiento del delegado del Señor,  dicen, ¨ socaba la dignidad del sa- cerdocio¨.
Una profunda depresión sobreviene al despido.  Alojado en casa de un minero,  dibuja  paisajes y gentes de la región. Lentamente, Vincent  se recupera y reanuda la correspondencia familiar.  Su hermano Theo es quién lo sostiene, afec- tiva y económicamente, y  más tarde, lo insta a mudarse a Bruselas para estudiar pintura.
Marcado para siempre por su experiencia en la región belga,  la vida diaria de la gente trabajadora, carboneros, tejedores, campesinos, por quién confiesa sentir una gran simpatía y felicidad por dibujar, será uno de los temas más frecuentados en su obra temprana.
¨Los comedores de patatas¨  (pintura al óleo de 114 cm x 82 cm) terminada en 1885, responde a   esta temática.
En una pobre estancia, iluminada por una lámpara de petróleo, una familia de campesinos se dispone a tomar su ración de papas, único plato tendido  sobre la mesa de bordes erosionados.  Una de las cuatro mujeres,  vierte el contenido de la tetera en unas tazas blancas. Los rostros de los campesinos, lo mismo que sus ojos, brillan intensamente a pesar de la luz mortecina. El lugar oscuro y cerrado nos remite a una cueva.
El autor dice de la obra: ¨He querido poner conscientemente de relieve la idea de que esa gente que, a la luz de la lámpara come patatas sirviéndose del plato con los dedos, trabajó asimismo la tierra en la cual las patatas han crecido; este cuadro, por tan-to, evoca el trabajo manual y sugiere que esos campesinos merecen comer lo que honestamente se han gana-do. He querido que haga pensar en un modo de vivir muy diferente al nuestro. Así pues, no deseo en lo más mínimo que nadie lo encuentre ni siquiera bonito ni bueno”
La pintura que  envió en litografías invertidas a dos tratantes de arte y a un colega suyo, no obtuvo  éxito alguno ni fue expuesta en ningún salón.  Actualmente se exhibe en el Museo Van Gogh de Ámsterdam y es considerada la  primera obra maestra del artista.  Puede verse con todo detalle en distintas páginas de la web.

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