20 octubre 2020

El triunfo de Argentina por 3 a 1 a México: Vamos subiendo la cuesta

[30 de junio de 2010]

Por Guillermo Blanco (desde Johannesburgo).

Temprano nos habíamos cruzado con Mario Kempes, quien como enésima respuesta a la misma pregunta fruncía su nariz como diciendo hay que jugarlo, hay que jugarlo. Acaso recordaba su Argentina en Rosario ante Brasil en el ‘78, de esos partidos que se hacen duros, intensos, confusos. Pero claro, los mexicanos que deambulaban por los alrededores festejaban antes, con un reconocido miedo atroz por esos dos pájaros de la especie argentina que habían aparecido ante Corea en la primera ronda y que ahora, sumados a la devoradora presencia de Higuain, amenazaban con depredar el Soccer City.

No tardó en sobrevolar Carlitos Tevez con su fugacidad en el ataque, acompañado por un Messi algo más recatado, acopiando patadas en forma continua, sin que el referí italiano Roberto Rosetti, el mismo que gozara con aquel 6-0 de Argentina ante Serbia y Montenegro hace cuatro años, se decidiera a amonestar desde temprano. La sombra de Gentile desmoronando a Diego merodeaba por el estadio de Johannesburgo.

El partido se fue abriendo de a poco, con Messi tirándose atrás para desahogar un poco a un Maxi Rodríguez que rinde más como segunda voz que cuando debe transformarse en actor central. No estaba Verón, tampoco la valentía de poner a Bolatti por parte de un técnico “predestinado”, como remarcó el colega Daniel Arcucci, conocedor de un Maradona hoy gratamente viviendo y con un lugar donde volver, después de tanta oscuridad. Y es la pelota que lo recibe y él la devuelve a su manera, pidiendo ayuda cuando sus costados débiles la necesitan. Por eso está el profe Signorini calladito en el banco, y el Negro Enrique con su instinto felino potenciando al suyo, y Mancuso como fogonero de una idea de fútbol que es la misma de él pero a la que le faltaba un empujón para desprenderse del bilardismo que alguna vez fue parte central de su vida pero del cual ahora necesitaba zafarse. Por eso aquel adiós a Lemme, y fuera Bilardo de la concentración al comienzo de la llegada a Pretoria y tanta ninguneada rotunda.

Y así se fue llegando a este momento, que no es para tirar manteca al techo si uno mira hacia el futuro, pero que ya merece un elogio sincero y respetuoso. Porque no cualquiera sacaría a Verón en una instancia así, y tampoco demasiados apelarían con tanta asiduidad y en tan distintos roles a Jonás Gutiérrez. Demasiado afianzada está la relación con Heinze como para dejarlo afuera después de tan grata tarea de Clemente Rodríguez ante Grecia. Y no lo conoce tanto a Bolatti como para hacerlo líder en el medio.

Es fundamental Tevez, se lo dijo Diego en una charla. Lo quería más delantero que mediocampista, y así fue como encarando a su manera, encontrando a Messi para la descarga, y viceversa, buscando ese hambre de gloria que confesó sentir durante la conferencia. Si hasta se calentó un poco al salir. Su gol trepó a golazo como el de Diego ante Grecia en el olvidable Mundial 94, acaso al otro palo pero con una fuerza y garra y convicción y fútbol tremendos, un verdadero cóctel digno de saborearlo. Porque lo fue buscando entre pierna y pierna hasta quese acomodó y le metió un derechazo que terminó con la levantada mexicana y cerró el partido.

Aunque hubo momento para las dudas, y fueron varios. El gol en orsay de Tevez tras la combinación con Messi y el rebote en el arquero Oscar Pérez, las desinteligencias en defensa que siguen prosperando en el tiempo y que ya parecen endémicas, la falta de salida por los laterales y de tenencia de la pelota para elaborar juego. El mismo juego que en la Argentina nace y muere en lo que pueden hacer esos dos pájaros dignos de una especie ejemplar, por sobre cualquier otra. Uno parece más fino, como cuidado entre algodones. Ése es Messi. El otro es un pura sangre que en cada tranco recuerda su origen de Fuerte Apache.

“Predestinado”, dijo Arcucci y quedó esa frase porque hay que buscar también, aunque no parezca demasiado serio, en algún enigma maradoniano la explicación de esta selección ya en cuartos de final. Es verdad que crece en madurez, en solidificación, pero no se advierte un “aquí estoy yo” en el medio para desde alli gestar más juego. Porque los dos chicos deben venir a ganarse el pan atrás y después ir a repartirlo rápidamente y bien caliente, para que no se enfríe ese fútbol letal que suelen proponer.

El segundo gol fue otro regalo, un Osorio atemorizado habrá pensado que se le venía nada menos que Messi y en ese ínfimo lapso se olvidó de la pelota, que se fue para donde andaba ese depredador nato que es Higuaín, y de ahí al gol hubo un pequeño trecho, zurdazo y otra vez México sumido en la derrota. Pero luego de esto e incluso del golazo de Tevez, hubo tiempo para que ocurrieran cosas como para que Maradona y sus impecabemente vestidos ayudantes de campo analicen después de un rato de festejo. Por las ventajas que se dio atrás, en una defensa donde Burdiso fue de lo mejor, y donde Otamendi se las arregló para ocuparse de su tarea y parte de la de Demichelis.

En México no se vieron ni Dos Santos adelante (como Márquez, ex compañero de Messi en el Barcelona) ni Torrado en el medio, y atrás dejaron mucho que desear. Tan sólo el acierto de Javier Aguirre de incluir a Javier Hernández fue importante. Hubo un tiro en el travesaño, por momentos el azteca fue un equipo temible, pero tamaños goles y la fuerza goleadora argentina resultaron abrumadoras.

Alemania a la vista. Con su historia y su trabajo de más de cuatro años, que viene desde antes del Mundial pasado y con una experiencia superlativa. Que el Barba, como él gusta decir, guíe a esta selección que debe volver con todas las fuerzas a creer en la pelota y no sólo en esos dos pájaros de la especie más cara del mundo, la argentina, pero a los que hay que ayudar más. Y la forma de hacerlo la tiene Diego en sus manos, es haciendo que una pelota similar a la que se llevó de la conferencia de prensa les llegue limpia, fresca, pura, para que ellos la hagan volar, junto con el depredador Higuain, hasta que el freno de los piolines indique el mejor final.

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