24 septiembre 2021

Internet y Lectura

Por Enrique Romero.

indexInternet ya,  es para muchos,  el mayor canal de información. Cada vez es mayor el tiempo empleado en navegar, ya sea para leer las noticias, revisar el correo, ver vídeos, escuchar música, consultar enciclopedias, mapas, conversar por teléfono y escribir blogs. En definitiva, la Red filtra gran parte de nuestro acceso a la realidad. El cerebro humano se adapta a cada nuevo cambio e Internet supone uno sin precedentes.
La pregunta es saber si Internet puede cambia la forma de leer.
La respuesta a este interrogante permite una clara dualidad en las opiniones.  Por un lado podemos encontrar a quienes afirman que Internet a la larga terminará con los libros, mientras que en el otro extremo ubicamos a quienes creen que internet no fomenta la lectura y que el libro cuenta, de momento, con una buena salud, y con buenas perspectivas.
Para estos últimos, el buen lector no lee por internet, sino que, más bien suele alejarse de este medio.  Son los mismos que se preguntan si alguien se imagina leyendo el Quijote «on-line», con la espalda dolorida y los ojos ardiendo de dolor.
Su respuesta es clara y se basa en el pensamiento que un libro impreso es mucho más cómodo y ofrece posibilidades que no brinda el libro online. Los libros digitales terminan casi siempre en la impresora.
Son muchos los millones de bits de información que se consumen diariamente por internet, se lee el correo, se miran algunas noticias… pero, en general, no se está dispuesto a leer largos textos.
Con ello, estamos contestando la pregunta de saber cómo se lee en Internet, por lo que se puede afirmar que se hace una lectura superficial e incompleta.
Diversos estudios internacionales han demostrado que los usuarios de la Red no leen de forma lineal cuando consultan información online o una web, sino que escanean la pantalla. Hacen lo que algunos investigadores han denominado una «lectura en F»: leen las dos primeras líneas y bajan por la izquierda deteniéndose en el centro. Después abandonan de nuevo la lectura lineal y bajan hacia la parte inferior del texto.
Todo ello acompañado de multitud de estímulos muy atractivos (imágenes en movimiento, vídeos, fotografías, enlaces…) que satisfacen la curiosidad, que invitan a la distracción. Así, en cuestión de instantes, se salta de un contenido a otro. De acuerdo a estadísticas, muchos usuarios apenas pasan entre 19 y 27 segundos en cada web. Cada click es un descubrimiento. Pero de toda esa información ¿ha captado la web la atención del internauta? ¿ha logrado el usuario profundizar en el contenido? ¿se ha concentrado en lo que leía? ¿ha retenido algo en la memoria?
La lectura en «F» es necesaria y fundamental ante la cantidad de información que circula por internet. El problema es quedarnos solo con ella ya que no se puede asumir que los niños (sobre todo los más pequeños)  adoptarán ambas formas de lectura sin problemas y sabiendo diferenciar perfectamente entre una y otra.
Pero más allá de las distintas formas de pensar, cuando entramos a ver qué pasa en el caso de los chicos y adolescentes nos encontramos con algunas situaciones preocupantes.
Según los resultados de pruebas de lectura en adolescentes se observó que la misma se ha estancado o, en algunos casos, bajaron, algunos dicen que las horas pasadas buscando en Internet son el enemigo de la lectura, pues reducen la capacidad de leer y escribir.
Pero otros dicen que Internet ha creado un nuevo tipo de lectura que las escuelas y la sociedad no debería menospreciar.
Por lo menos desde la invención de la televisión, la gente comenzó a advertir que los medios electrónicos destruyen el hábito de la lectura. Lo que cambia ahora, dicen algunos expertos en alfabetización, es que el tiempo que se pasa en la web, sea buscando algo en Google o en cualquier otro sitio, implica siempre algún contacto con textos.
En un mundo dominado por el aumento de la tecnología, la sociedad se ha acostumbrado a los resultados instantáneos y fáciles que se pueden obtener de la investigación en línea.
Por supuesto que es posible leer el Quijote on line, pero con otras narrativas, iconográficas por supuesto,  pero en ocasiones parece haber un poco de nostalgia por la manera de leer de siempre, la lineal, la aristotélica, la del olor a tinta.

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