25 septiembre 2021

La gran torre de Babel. Pieter Brueghel, el Viejo

Después del Diluvio Universal, -castigo de Yavhé por los pecados de la humanidad-, los descendientes de Noé, se establecen en las llanuras de Senaar, – meseta situada entre el Éufrates y el Tigris-, y a instancias del rey Nemrod, deciden construir una torre para resguardarse de futuras inundaciones y alcanzar el cielo sin la mediación de Dios.

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Semejante osadía, provoca la ira de Yahvé quién, consciente de que la edificación avanzaba gracias al entendimiento que daba al pueblo una única lengua, decide confundirlos dando origen a otras. La torre queda inconclusa, el proyecto abandonado y la población sancionada, dispersa, sin objetivo en común.
(Babel del hebreo y Babali del babilonio significan torre o puerta del cielo y el verbo hebreo balal significa confundir. Es probable que el nombre obedezca a una transposición de significados).
Pieter Brueghel, el Viejo, en 1563, cuatro años antes de que el Duque de Alba entrara triunfante a Bruselas a limpiar de herejes los Países Bajos, toma el tema narrado en las Sagradas Escrituras y lo traslada a Amberes, ciudad de mayor crecimiento de Europa, centro financiero y económico del mundo occidental –beneficiado por las nuevas rutas marítimas hacia Asia y América- y punto de reunión de la burguesía de diversos países. (Vivían allí casi 90.000 habitantes).
En el centro de un óleo sobre tabla de 114 cm x 154 cm se levanta una torre sobre sólida roca en dinámica urbe del siglo XVI. El color amarillento de sus paredes, contrasta con el verde de los techos a dos aguas que se pierden a lo lejos. Hacia la derecha, decenas de barcos, nos hablan de un transporte incesante de materiales para alimentar la obra.
Minúsculos obreros hormiguean en los distintos niveles –ocho en total- y agigantan, más aún, la colosal construcción.
Una sofisticada grúa en el tercer piso permite el ascenso mecánico de los bloques de piedra, hay andamios por doquier y también poleas.
Nimrod, nieto de Noé, primer gran soberano de la historia de la humanidad, aparece en primer plano -abajo izquierda-, acompañado de un abultado séquito. Viste capa y porta un cetro en la mano derecha. Varios albañiles se arrodillan a sus pies, uno de ellos se postra de rodillas a la usanza oriental.
Los canteros, constructores de mayor prestigio dentro del gremio, cincelan las piedras que llevarán firma de autor a la derecha del rey.
El trabajo es febril.Y a pesar de que una nube en contacto con el piso más alto indica que la torre ha ganado considerable altura, la construcción, deja mucho que desear. Los pisos que la componen están algo inclinados y, los inferiores, sin terminar, han sufrido derrumbes.
Todo parece decir que el trabajo será en vano.
El tema de la torre de Babel ha sido tratado desde el siglo VI –libros iluminados- e interesa particularmente a Brue- ghel. (A esta versión pictórica debemos agregar otra conocida como ¨La pequeña torre¨ que se halla en Rotterdam y una miniatura sobre marfil realizada en Ro- ma).
Si bien se ha dicho que la obra se inspira en el relato bíblico, no podemos dejar de mencionar otras fuentes posibles. En el número de pisos de la torre, por ejemplo, se ha señalado la influencia de ¨Los nueve libros de la historia de Herodoto¨ s. V a.C-. Dicha obra de probable circulación durante el renacimiento –como la de otros clásicos- habla de Babilonia y describe un templo de la antigua Mesopotamia con forma de torre o pirámide escalonada y de ocho pisos de altura. (Zigurat).
También se ha mencionado como posible influencia en la elección de la forma y el color al coliseo romano, monumento que impresionó mucho al artista en su visita por Italia.
Como fuera, la obra que nos ocupa, ícono por excelencia de la torre de Babel, ha dado lugar a diversas interpretaciones.Para algunos, se trata de una alegoría del orgulloso imperio de los Habsburgo, basado en una fe unificada y en un estado constituido por banqueros, ministros, clérigos, soldados y humanistas sometidos al proyecto; en suma, una crítica al imperio.
Los más espirituales, ven en ella un monumento a la vanidad del hombre; los más técnicos,a la arquitectura y la ingeniería del siglo XVI abriéndose paso hacia la modernidad; lingüistas y traductores, un verdadero símbolo.
La pintura se encuentra actualmente en el Museo de Historia del Arte de Viena. Puede verse en todo su esplendor en distintas páginas de la web.-

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