26 septiembre 2021

Soliloquios de un memorioso – Publicidad Oral

311787_323120781046797_768177007_nHace más de un año que interrumpí la publicación de artículos en los que venía relatando o describiendo hechos y situaciones de un 9 de Julio de otros tiempos. Ahora retomo esa costumbre que me ha permitido apelar a la memoria recordando hechos, circunstancias y detalles que a muchos, con cierta edad, les serán familiares; a otros, más jóvenes, tal vez les resulte de interés el conocer como fueron otros tiempos en los que la ciudad era otra.
En el transcurso de mi paréntesis se publicó, y tuve la suerte de poder leerlo, el libro que escribieron Pity y Hugo Orbea. Me conmovieron muchas de sus páginas y también encontré similitudes entre lo que antes había hecho con mis recuerdos y la perspectiva con la que ellos abordaron algunas de las mismas cosas. Sólo me permito complementar, añadir o profundizar lo que ellos tan bien hicieron, con el deseo de que sea para el disfrute de todos.

Hoy quiero referirme a LA PUBLICIDAD ORAL.
Si bien no tengo registrado el comienzo de su realización a través de los coches que recorrían la ciudad con sus “altoparlates”, como se los llamaba, puedo sí referirme a los que conocí en mi época.
La publicidad El Imparcial de la familia García era  uno de los principales móviles y con un coche cuadrado del cual no recuerdo la marca Tito García daba los mensajes mientras manejaba ya que apenas se conocían los grabadores y entonces había que repetirlos permanentemente.
El Imparcial podría hoy ser considerado un “multimedio” ya que también tenía publicidad fija y  hasta publicaron un periódico.
En este grupo uno de los más emblemáticos locutores fue “Juancito” Amerio. Locuaz, simpático y amiguero recorría los alrededores de la avenida Vedia con su dificultad física repartiendo sonrisas, gestos y saludos de comerciantes y transeúntes. Actuaba tanto en la publicidad fija como en la móvil y en esta última son varias las anécdotas que se han cultivado sobre sus “gaffes”. Recuerdo cuando hacía el aviso de los “combinados Ken Brown” ya que con su particular dicción del inglés daba lugar a curiosas y risueñas confusiones. Otra era aquella en la que en medio de los avisos echaba a los chicos que se le subían al pescante del auto con palabras no muy repetibles. De todos modos estos son sólo anécdotas que quedan en el cedazo de la historia recogidas por el afecto que se tenía por este simpático personaje.
Como decía El Imparcial también tenía publicidad fija y a través de ella emitían programas musicales y hasta actuaciones de artistas locales.
Otra de las publicidades era Splendid, que tuvo como uno de sus principales impulsores a Walter Moscato, querido y reconocido joven que muriera prematuramente. Con una buena voz y dotes de recitador culto y formado emitía programas con delicada música clásica, con frases poéticas y cálidos mensajes a través de los parlantes ubicados en varias esquinas de la ciudad y que ya tuvieron que alternar las emisiones con la otra publicidad de la competencia.
Siguió en esa radio el conocido “Flaco” Novas, simpático y dicharachero que siempre acogía las inquietudes que le llevábamos con gran amabilidad.
Como varias veces tuve que participar en algún ciclo de esa radio  ya fuera por las inquietudes estudiantiles o por  iniciales  motivaciones políticas siempre recuerdo que en uno de los paneles se mantenía una frase que había colocado Walter Moscato y que me parecía muy bella: “aunque no cure consuela el beso sobre la herida”, creo que extraída de una canción.
La publicidad móvil generalmente la hacía Rogelio Monti, un buenazo como persona que nunca tenía problemas en llevarnos a publicitar nuestras inquietudes políticas con esa carga de ilusiones  y la de todos los que subíamos en su frágil camionetita color marrón.
Recuerdo una especial anécdota, propia de una película del neorrealismo italiano. En la oportunidad en que durante del gobierno del Dr. Frondizi se produce la primera colada de acero en los altos hornos Pichón Irigoitía, ese grande y siempre recordado buen amigo, quiso celebrar el acontecimiento en su condición de gran “frondizista”. Contrató a Monti para salir en su camioneta y tras los mensajes se bajaba, colocaba un mortero adelante del auto y tiraba una bomba anunciando la buena noticia. Pero ocurría que las bombas estaban húmedas y cuando llegaban arriba bajaban zigzagueando y explotaban casi en el suelo. Por eso y lo gracioso es que el pobre Monti en las bombas posteriores asomaba la cabeza por la ventanilla y cuando veía que la bomba comenzaba a descender ponía rápidamente la marcha atrás y huía de la explosión.
En la publicidad fija que, como dije, se transmitía a través de los parlantes en distintas  esquinas de la ciudad comenzó a tomar un mayor auge y ya comenzaron a establecerse programas de distinto orden, especialmente los deportivos que despertaban grandes polémicas cuando se referían al fútbol. Había uno en especial del que puedo recordar algunos de sus protagonistas Caligiuri (El cronista de Barrio Fuerte), Arias, Pila Alzueta, Bocha Machione, Chiessa y algún otro que se me escapa. Los aficionados futbolistas se reunían en las esquinas para escuchar el programa y para seguir discutiendo
Vinieron otros tiempos y tanto que ya casi no se sabe cuántas radios FM existen hoy, la televisión por cable con algunos programas locales y todo ese bagaje de cosas que hacen justificar este recordatorio que quise hacer de aquellos pioneros de la publicidad entre los que también debe recordarse a los hermanos Testa, Pepe y Ernesto con su emblemático negocio de “El Hogar de la Radio” desde el cual comenzaron algunas de las transmisiones citadas..
Para todos ellos mi homenaje sincero.

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