21 septiembre 2021

Aquella carrera del ’60 y el vuelco del tío de Yoyo

Vuelco 1Por Guillermo Blanco

Entre tantas fotos incorporadas al álbum de este 150 aniversario hay una que viene dando tumbos hasta quedar panza abajo con el 46 bien grande pintado en las puertas abiertas y un ALPI en letras claras en la frente marchita del dolorido TC. Es el auto con volante a la derecha que hasta un segundo antes el piloto local Pascualito Gougy (Juan Bautista para el protocolo aristocrático de la época) venía maniobrando con el acelerador tan a fondo como su adrenalina.

Mañana, domingo 10 de julio de 1960, se corre la 2da. Vuelta de 9 de Julio y este sábado patrio desfila con una polémica clasificación, incentivada por los clubes organizadores de carreras en cada pueblo, que desprecian la validez de los rankings y entonces a romperse el lomo (y las chapas, como en el caso del nuevejuliense) para poder aceder a un mejor lugar en los puestos de largada.

Pascualito, tío del gran Yoyo Maldonado, no puede dominar el TC que se le va recostando demasiado hacia la derecha después de un derrape irreversible, para sentir el singular momento del vuelco junto a su acompañante Julio Faustino –otro referente mayor del automovilismo local- quien también se agarra como puede.

Somos varios los pibitos que estamos con nuestros padres ahí nomás, detrás del alambrado y sin entender demasiado más allá de los Uyyy!!! que suenan como una bandada. Hasta que enseguida llega el momento de compartir la alegría envuelta en los aplausos que comienzan a escucharse después de un siglo de silencio al que adhiere el motor moribundo del mareado TC. Como puede, el largo y desgarbado cuerpo del piloto emerge con la ayuda del brazo izquierdo haciendo palanca en el parabrisas mientras por el otro lado Faustino se las rebusca para buscar el apoyo del piso de tierra del precario circuito del Matadero municipal.

Fue el segundo sábado del frío julio del ´60. En el automovilismo se venía discutiendo por la carga de combustible mediante latas que los auxilios alcanzaban a los acompañantes cuando los pilotos metían punta y taco para encarar las curvas cerradas. El 26 de junio en la Vuelta de Rojas había muerto Juan Carlos Alvarez, acompañante de Clemente Domesi, y la palabra drama volvía a tener preponderancia en el ambiente de las carreras. Y si bien esto era distinto, el vocablo merodeaba con su guadaña. Pero fue solo un susto. La imagen quedó impresa para siempre y hoy la sacamos a luz desde la colección de El Gráfico, revista con la que empezamos a aprender a leer y en la cual pudimos trabajar tanto tiempo casi dos décadas después.

Ese sábado invernal, a clasificación fue obtenida por Ernesto Baronio, seguido por Navone, Néstor Marincovich, Piersanti, Petrini, Machado, Rolo de Alzaga (campeón del año anterior), el ilustre Juan Gálvez y otro representante nativo, Antonio Ferrer.

La carrera en sí consistió en cuatro vueltas, la 1ra. fue ganada por Juan Carlos Navone (el de la colita petitera como antecesora de la aerodinamia profesional), las 2da. y 3ra. por Juan Gálvez (que solía pernoctar en el hogar de los Solabarrieta), y la cuarta por “Sandokán”, apodo del arrecifeño Néstor Marincovich, quien hizo el mejor promedio con 140,967 km./ph., y que contó con un auxilio de lujo: un pibe aún anónimo que haría historia, Carlos Alberto Pairetti.

«Sandokan», a quien la muerte lo esperaría poco tiempo después a un costado de otra ruta, ese domingo superó a Juan Gálvez por apenas 32 segundos. Fueron 607 kilómetros que el ganador recorrió en 4h. 23´ 03´´ 1/5; a 32´´ 2/5 quedó Juancito, y detrás se sucedieron los autos conducidos por Rodolfo de Alzaga, Navone, Baronio, Petrini, Garavaglia y los créditos regionales Antonio Ferrer y el casarense Rafael Baldrés, a quien Pellizzeri, fotógrafo de El Gráfico, sorprendió en plena carrera mientras era abastecido de combustible en forma ilegal.

Después en el automovilismo vinieron vientos de cambios, primero las cupecitas se fueron entremezclando con los nuevos modelos de fábrica y más tarde aparecieron autódromos como el de 9 de Julio en 1971, cuya primera carrera de Sport Prototipos fue obtenida por el bólido azul de otro arrecifeño, Jesús García Veiga. Hasta llegar a estos tiempos de sequía en los que, como aquella vez Pascualito Gougy, se perdiera la capacidad de maniobra para evitar que en la misma zona del Matadero el automovilismo mayor dejara de ser parte del paisaje nuevejuliense.

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