7 diciembre 2021

La Peluquería «La Ideal» y los recuerdos de una época añorada

puelles2* Junto a sus hermanas fue propietaria de la Peluquería «La Ideal», una de las más prestigiosas en su tipo en 9 de Julio.
* En su privilegiada memoria conserva recuerdos de muchos acontecimientos de la historia nuevejuliense, de lo que fue testigo.
* Ahijada de don Florentino Valenzuela, recuerda su personalidad, como vecino emprendedor y político ejemplar de su tiempo.
* En el año 2011 recibió un reconocimiento del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, en el marco del Día Internacional de las Personas de Edad.

En su mirada, en el brillo de sus ojos, todavía se conserva inalterable el fulgor de su juventud. Durante la entrevista que nos concediera, María Angélica «Chola» Puelles de Gotelli, nos hace partícipes de una rica historia y, al trasmitirla, lo hace con la serenidad de quien vuelve la mirada hacia atrás con la serenidad que hoy le ofrecen sus 90 años.
Vive en la misma casa que, ocho décadas atrás, comenzaron a habitar sus padres, sus hermanas y, con los años, también sus hijos, nietos y bisnietos. Un lugar en el cual, sin dudas, ella respira ese aroma cautivante del ayer, de las vivencias de los bellos momentos compartidos en familia, de las horas difíciles y también, como sucede en todo devenir humano, de los recuerdos más dolorosos.
Nacida en 9 de Julio en 1923, fueron sus padres María García e Ignacio Puelles. Además, conformaban su hogar otras cuatro hermanas mayores: Estéfana, Sabina, Lorenza («Zita») y Mónica.
Los primeros años de su vida transcurrieron en la localidad de Norumbega, en una finca que se encontraba cerca del denominado Camino Real que une este paraje con Dudignac. Allí, en edad temprana, conoció de cerca el valor de la solidaridad. Sus padres le inculcaron esa virtud con ejemplos: toda vez que alguna persona pasaba por el campo -por ejemplo, arriando hacienda, una práctica muy común en esos años- sabía que en esa casa podía encontrar una taza de caldo o un plato con comida, que los dueños de casa ofrecían de manera generosa.
Muchos años después, cuando su madre, doña María, ya anciana se encontraba en 9 de Julio no pocas, de aquellas personas que ella había ayudado cuando estaba en el campo, pasaban por su casa para saludarle y agradecerle lo que había hecho por ellas.
Su padrino, como el de sus hermanas, fue don Florentino Valenzuela, un referente político en esta ciudad por varias décadas, que fuera intendente municipal y un empresario emprendedor en su tiempo.
«Chola» cursó sus primeros estudios en Norumbega. Más tarde, ya radicada en 9 de Julio prosiguió sus estudios en la Escuela N° 3. Su madre había elegido este establecimiento para incorporarla, por sugerencia de la familia Platero y por un vínculo de amistad con su director, don José García.
Más tarde, también asistió a la Escuela N° 1 y al Colegio Jesús Sacramentado.
«Chola» lleva más de ocho décadas viviendo en su casa de la calle Santa Fe entre Tucumán y San Luis (hoy Maestro Cavallari). A poco de venir de Norumbega, luego de recalar en otro domicilio, se ubicó definitivamente en esta vivienda.
De su primeros años en 9 de Julio, siendo todavía niña, recuerda cuando se precipitó sobre la ciudad la ceniza del Volcán «El Descabezado», en abril de 1932.
«Todavía recuerdo -comenta «Chola»- cuando cayó la ceniza volcánica. Una de mis hermanas, Mónica, tenía mucho miedo y lloraba pensando que se iba a terminar el mundo. Durante muchos años, esa ceniza no se mezcló con la tierra. En las calles y veredas que, en esos años, todavía eran de tierra la ceniza permaneció por bastante tiempo».
En su privilegiada memoria, quien nos ocupa, guarda muchos recuerdos interesantes de 9 de Julio de ayer, de un tiempo añorado que pasó y cuyo contexto hoy parece resultar extraño para nuestra época. En el diálogo de «Chola» no faltan detalles y precisiones, por ejemplo al evocar su barrio, cuando ella llegó siendo niño, prácticamente desprovisto de viviendas vecinas y, al respecto, no olvida mencionar el puentecito de Cavallari y Vedia, que se colocaba en los días de lluvia.

SU INGRESO A LA PELUQUERIA
Por algún tiempo cursó estudios secundarios en el Colegio del Carmen de las Siervas de Jesús Sacamentado, que se encontraba en la ciudad de Buenos Aires. Su deseo era ser maestra, pero en esos años en 9 de Julio no existían escuelas secundarias ni mucho menos institutos de formación docente; por lo cual, quien deseaba realizar una carrera docente debía dirigirse otra ciudad.
«Chola» estuvo en el internado del Colegio del Carmen, como alumna pupila, pero, tiempo después, escogió regresar a 9 de Julio. Ni bien regreso a esta ciudad se incorporó, junto a sus hermanas mayores, a la peluquería.
Su hermana Estéfana, junto a Lorenza y Mónica, ya se encontraban trabajando en la Peluquería «La Ideal», que se encontraba ubicada en la avenida Mitre entre Santa Fé e Hipólito Yrigoyen. En un local amplio, que pertenecía a don Florentino Valenzuela, se encontraba el salón, provisto por los principales elementos y accesorios que, para el rubro de peluquería, existían en la época.
«Don Florentino Valenzuela -rememora- había construido el Plaza Hotel y así concurrían a alojarse muchas personas conocidas, del ambiente artístico. Algunos de ellos, antes de realizar su función en el teatro iban a la peluquería, que funcionaba en un local contiguo. Allí atendí personalmente a figuras destacadas, tales como Azucena Maizani, Tita Merello, Mercedes Simone, entre muchas otras».
La peluquería se encontraba en un punto preferencial de la ciudad y, en su época, era la más importante en su tipo.
«Chola» nos comenta otra anécdota simpática: « Cuando pasaban por la avenida Mitre las carreras de automóviles, las mujeres solían salir afuera para ver pasar los coches. No le importaba ir a la vereda con ruleros u otro accesorio en la cabeza para ver a los corredores de auto».

LOS CAMARINES Y EL ESCAPARETE VIVIENTE
La Peluquería «La Ideal», de las hermanas Puelles, fue el primer salón exclusivamente femenino. Su hermana mayor, Estefana, había realizado estudios de peluquería en la ciudad de Buenos Aires y, más tarde, ella les enseñó a las otras hermanas.
Lorenza y Mónica, con los años, ya radicadas en Buenos Aires, también poseyeron peluquerías muy reconocidas y de prestigio.
No era una peluquería común, su amplio salón poseía camarines independientes, de forma tal que existiera mayor privacidad para la persona a la que se estaba atendiendo.
Su hermana Estefana, en cierta oportunidad, recreó un escaparate viviente en las vidrieras laterales del salón, un hecho que despertó la curiosidad del vecindario.
«Mi hermana -explica «Chola»- tenía mucha iniciativa. Un día se le ocurrió armar las dos vidrieras con modelos de peinados; pero no utilizando muñecas ni maniquíes, si no con seis jóvenes, tres rubias y tres morochas. Le colocó una iluminación adecuada a cada una, con una indumentaria adecuada, realizando la tonalidad de sus cabellos».
«Cuando presentó -prosigue- esta vidriera, fue tanto el interés que despertó que tuvieron que interrumpir el tránsito por la avenida Mitre. La gente, desde afuera, miraba con asombro, que las modelos giraban la cabeza de un lado hacia otro mostrando su peinado. Desde entonces, en esta ciudad, no se ha repetido realizar una vidriera con modelos vivientes».

RECUERDOS DE OTROS TIEMPOS
«Chola» recuerda que, por esos años, no existían para el cabello los productos que, en buena medida, existen actualmente. «Para efectuar el enjuague, por ejemplo, no había cremas de la calidad de la que existen ahora; para que cabello quedará brilloso se le echaba vinagre al agua y, para el caso del pelo rubio, se le colocaba limón exprimido», refiere.
Entre los muchos estilos de peinado que ofrecía la Peluquería «La Ideal», muchos todavía recuerdan el denominado «croquiñol» o «permanente eléctrica», que consistía en enrollar el cabello con bigudíes, luego aplicar una pinza en cada uno de ellos, y a continuación se conectaba un aparato donde el calor comenzaba a circular. Todo esto sumado a la cantidad de líquidos que no podían lavarse por varios días.
«Chola» y sus hermanas se encargaban de peinar a las maestras que desfilaban, en los desfiles patrios de entonces. Al respecto, la entrevistada con parte una sabrosa anécdota: «En los desfiles escolares de aquellos años, las maestras solían lucir sus mejores trajes. Entonces, el día que se realizaba desfile, íbamos a la peluquería a las 5 de la mañana para peinarlas».

TESTIGO DE HECHOS HISTORICOS
«Chola» Puelles de Gotelli es un testigo privilegiado de muchos acontecimientos históricos sucedido, en esta ciudad, en las últimas ocho décadas. Por ejemplo, recuerda con detalle la visita del presidente Marcelo T. de Alvear a 9 de Julio. Ella estuvo entre la comitiva de vecinos que se acercó hasta la estación del ferrocarril para recibir al legendario líder del radicalismo que se hospedó en el Plaza Hotel, cercano a la peluquería de sus hermanas.
También, recuerda una de las visitas de Carlos Gardel a 9 de Julio, para ofrecer un concierto en el Teatro Rossini.
«Carlos Gardel -narra «Chola»- vino varias veces a esta ciudad. En una oportunidad, el teatro se había llenado de público y no había localidades disponibles. Mucha gente, entre quienes me encontraba, debió permanecer en el hall sin poder ingresar, ya que no había lugar en el interior de la sala. Entonces, antes de salir a escena, Gardel salió al hall, nos agradeció la presencia y cantó para todos nosotros».
Otros hechos que «Chola» conserva en su memoria, de la lejana sociedad nuevejuliense de la década de 1930, son los bailes que se realizaban en el Teatro Rossini, para lo cual se levantaba el piso móvil de la platea y se lo nivelaba, para poder realizar este tipo de eventos: «Me encontraba, en compañía de un amigo de entonces, Carlitos Scibona, en uno de esos bailes en el teatro. Ambos éramos muy chicos y no sabíamos bailar, por lo tanto estábamos como espectadores. En cierto momento de la velada se produjo algo insólito, el piso se hundió medio metro», explica.
Simpatizante por muchos años del Club Atlético «9 de Julio», conoce también muchos aspectos relacionado con su vida institucional, en proyección histórica. Ella estuvo presente cuando fue instalada la pileta y cuando inauguraron el estadio, entre otros acontecimientos.

SU FAMILIA
«Chola» contrajo matrimonio en 1950 con Julio Juan Gotelli. De esa unión nacieron dos hijos, Julio Alberto (fallecido) y María del Carmen («Marita»), profesora de Educación Física. Ellos le han dado siete nietos, motivo de especial orgullo y afecto para ella: Luicina, Guido, Damián y Luciano Gotelli y Lina, Andrés y Paula Potetti. Además tiene un bisnieto, León Dufou y otro bisnieto del corazón, Lucio Márquez.
Su familia está conformada también por sus sobrinos, Mirta (fallecida) y Juan Carlos Stangallini y Norberto y Cecilia Regueira.

PALABRAS FINALES
En octubre de 2011, «Chola» recibió un merecido reconocimiento: un diploma de honor del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, entregado por la Municipalidad de 9 de Julio. Se trató, entonces, de un acto realizado en el día internacional de las personas de edad.
Aunque nos había convocado la evocación de la Peluquería «La Ideal», que fundara Estéfana Puelles y a la que más tarde se incorporaron sus hermanas, entre ellas «Chola»; la precisión de sus referencias sobre el pasado que le tocó vivir trascienden esta temática y nos sumergen en un mundo que parece lejano. De eso, pues, trató esta nota: de la simpleza de los recuerdos, de una historia de vida y de 9 de Julio, en ese pequeño universo de ayer que parece perderse en la bruma del tiempo, y cuyas costumbres y formas sociales, tan puras, auténticas y vitales, ya no son nuestras.

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