13 abril 2021

La Enfermería como vocación de amor y de servicio

aureliagiussi* Nacida en 12 de Octubre, siendo niña se radicó en esta ciudad.
* Durante treinta años ejerció la profesión de Enfermera en el Hospital «Julio de Vedia» .
* Con un amor inmenso hacia su vocación, abrazó esta profesión, con auténtica entrega y dedicación.
* Fue una enfermera ejemplar, muy valorada por sus colegas y por los médicos del aludido nosocomio.
* Después de una vida de lucha y sacrificio, con una laboriosidad constante, logró encaminarse, criando sus hijos junto a su esposo, fallecido hace unos años.
* Desde su profesión supo dar consuelo al afligido, al enfermo desvalido y, no pocas veces, llorar junto a una madre que había perdido un hijo.

La Enfermería es una de las profesiones más nobles. A sus deberes de promover la salud, prevenir la enfermedad, restaurar la salud y aliviar el sufrimiento, se añade sin duda una más, llevar el consuelo a quien sufre. El amor a la profesión, la responsabilidad, la honestidad, constituyen valores esenciales reguladores de esta tarea que no es sencilla.
Tan amplios son sus alcances que, la Enfermería es, en efecto, la profesión que al tomar como base las necesidades humanas y la importancia de su satisfacción, así como los aspectos que la modifican, aplica a sus acciones los principios de las ciencias biológicas, físicas, químicas, sociales, psicológicos, médicos, y a su vez proporciona atención integral al hombre sano o enfermo.
Aurelia Legone de Giussi, ha honrado esta profesión a lo largo de tres décadas. Con un altruismo y una entrega admirables, trabajó en el Hospital «Julio de Vedia» con una dedicación tal que, en cierta ocasión, el director del mismo, doctor Roberto Baztarrica, supo reconocerle.
Nacida el 10 de junio de 1926 en la localidad de 12 de Octubre, en el hogar formado por Nicolás Legone y María Medina. En su pueblo natal vivió los años de la primera infancia y también allí cursó los primeros estudios.
Más tarde, cuando contaba once años, a poco de fallecer su madre, junto a su padre y sus hermanos, se radicó en la ciudad de 9 de Julio.

SU INGRESO EN EL HOSPITAL LOCAL
En 1950, Aurelia se encontraba atravesando un difícil momento. Su esposo se encontraba enfermo y sus hijos eran pequeños.
Ante la necesidad de contar con un empleo, se dirigió a la Municipalidad para plantear su situación.
« En ese momento -recuerda Aurelia, en una entrevista con EL 9 DE JULIO-, Horacio Italiano, me pidió que volviera el 13 de agosto, para darme una respuesta si era posible conseguirme un trabajo. Fuimos con mi familia unos días al campo de mi cuñado y, un día antes de la fecha que me habían fijado, vinimos en sulky a la ciudad. Al otro día, bien temprano, con la lógica impaciencia frente a la situación, volví a la Municipalidad».
«Italiano -añade-, quien aún no ocupaba el cargo de intendente municipal, llamó enseguida por teléfono al director del Hospital, el doctor Murua, para que me incorporen. En ese momento el único puesto que estaba disponible era en el lavadero, donde se lavaba gran cantidad de ropa a mano. Enseguida le respondí que deseaba tomar el trabajo, porque era mucha la necesidad que teníamos».
Al otro día, Aurelia se presentó en el Hospital para comenzar a trabajar como auxiliar en la lavandería. Doña Isabel Mailán fue quien la recibió en esa sección y le dio estímulo en aquellos momentos iniciales.
Fue el trabajo en el Hospital el que le permitió a Aurelia sobrellevar dignamente esos años difíciles, mejorando paulatinamente su situación y, al mismo tiempo, contando con los recursos necesarios para permitir que sus hijos concurran a la escuela.

LOS ESTUDIOS EN ENFERMERIA
Aurelia Legone de Giussi cursó sus estudios de Enfermería en la Escuela de Enfermeros de 9 de Julio, dirigida por el recordado enfermero Juan Carrizo, la cual funcionaba en el Hospital «Julio de Vedia» y pertenecía al Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Allí se cursaba la carrera de enfermera asistencial, un curso de dos años que había sido creado en abril de 1947.
A Aurelia obtuvo su título de Enfermera el 25 de abril de 1958.
«Además de la parte práctica de enfermería, cursábamos algunas materias, tales como Primeros Auxilios, Higiene y Anatomía». Entre los profesores se encontraban los doctores Roberto Baztarrica, Murúa y Enrique Álvarez Ambrocetti, entre otros», comenta.
Don Juan Carrizo quien, junto a su esposa también empleada del Hospital, vivían cerca de la casa de Aurelia le ayudó a preparar algunas materias.
«Por esos años, me levantaba a las cinco de la mañana; trabajaba en el hospital por la mañana, hasta las dos de la tarde. Luego, regresaba a casa para atender a los chicos, realizar todas las tareas del hogar, luego iba a la escuela nocturna. ¡Cuántas veces me quedaba dormida estudiando y despertaba con el libro sobre el pecho!», rememora.
«Chola» Sarnícola, una enfermera de muchos años en el Hospital, me enseñó a aplicar las infecciones intravenosas. Ciertamente, como por lo general lo eran todas las prácticas de aprendizaje en un centro asistencial de la época, fue bien directa.
«‘Chola’, para enseñarme a aplica en secciones, tomó una jeringa esterilizada y vacía, me indicó que le ligue el brazo, que le coloque el alcohol y luego que busque la vena. Una vez que pude hallar la vena, me enseñó cómo debía pinchar. Afortunadamente pude hacerlo bien en esa oportunidad. Victoria Spíndola de Bordoni fue quien me enseñó los demás conocimientos en enfermería», explica. Asimismo, recuerda muy especialmente, a su compañera Sara Ramírez.
Con los años, Aurelia, llegó a ocupar el cargo más importante en el área de enfermería, como Caba de Enfermeras. Con esa jerarquía se acogió a los beneficios de la jubilación en 1978.

LA CASA PROPIA, UN SUEÑO CUMPLIDO
Tal como ella misma lo remarca, gracias al trabajo de tantos años en el Hospital local, la familia pudo contar con su casa propia, en la calle Coronel González entre Río Paraná (hoy avenida Eva Perón) y Freyre. En ese entonces esa zona de la ciudad era casi un descampado, con pocas vividas cercanas y la legendaria cancha antigua del Club «San Martín». Recién se estaba efectuado el loteo de algunas fincas ubicadas allí.
Por medio de gestiones realizadas por la firma «Bono y Naudín», Aurelia, obtuvo el crédito para la construcción de su primera vivienda; pero, gracias a su esfuerzo, logró pagarla mucho antes del plazo.
Con los años, tras enviudar, cambió su domicilio más cerca de la casa de una de sus hijas. A decir verdad, gracias a la generosidad de su yerno, ella vive en la vivienda contigua a la su hija, en Barrio Democracia, pero su vivienda tiene alquilada, a unas cuadras de allí

RECUERDOS ANECDOTAS
La configuración del Hospital de 9 de Julio, naturalmente, con el correr de los años fue cambiando. Aquel hospital que, Aurelia, conoció en 1950 ya no es el mismo, más allá de que se conserven algunas características edilicias análogas. La práctica de la medicina, los avances tecnológicos y los vertiginosos cambios que se van sucediendo, también influyeron, renovando el arte de curar.
Aurelia, al realizar una mirada retrospectiva, nos cuenta que «en aquella época el Hospital tenía dos tipo de pensiones, para aquellas personas que podían pagar su internación; la pensión primera, de mayor categoría, consistía en habitaciones individuales; en la atención segunda ya había dos camas por habitación mientras que, además, para la atención gratuita existían cuatro grandes salas».
«Cuando alguien -dice- que pertenecía al personal del Hospital se enfermaba podía internarse en la pensión».
En tantos años de haber servido en esta profesión, en el Hospital, Aurelia tiene, sin dudas, muchísimas anécdotas. Una de ellas refiere el modo y la disciplina con que se trabajaba en esa época.
«Las religiosas -refiere- que estaban en el Hospital no permitían que tomáramos mate. En una tarde de lluvia, cuando la Caba Enfermera ya había terminado su tarea, y disponíamos de un tiempo, quisimos tomar unos mates y fuimos a buscar el equipo que utilizaba la serena que cubría el turno de la noche».
«Se ve -prosigue- que, mientras tomaba mates en un cuarto de servicio, alguien avisó a las monjas. No solamente nos retó sino también que no quitó el equipo de mate y se lo llevó al departamento de las hermanas, que se encontraba el piso superior. En ese momento se nos presentó un problema, porque la serena iba a necesitar el equipo de mate, para pasar la noche. Me decidí a hablar con la monja, que se llamaba Cecilia, para pedirle que me devolviera el equipo, prometiéndole que no volveríamos a tomar mate cuando estamos de servicio».
Otra anécdota, más risueña, la recuerda del contacto con una paciente:
«Había una abuela -relata- que estaba llorando. En seguida que la vi me acerqué a su cama y le pregunté qué le ocurría. Ella me respondió: -¡Como para no llorar! Ha venido el doctor y me ha dicho que tengo que ir a Buenos Aires para hacerme tratar la enfermedad. Entonces intenté consolarla y le pregunté sobre qué le había dicho ella al médico y me dijo:
«- No le di ninguna respuesta al doctor. Le dije que primero tenía que hablar con mi esposo.
«- Pero, ¿cómo? -le refuté- abuela, ¿usted no es viuda?.
– «¡Ah! tiene razón, Aurelia, es verdad, me olvidé que soy viuda, me respondió entre risas».

SU FAMILIA
Aurelia contrajo matrimonio en 1943 con Isidro «Tito» Giussi, fallecido hace varios años. De esa unión nacieron cuatro hijos, Rogelio, Félix Oscar, Mirta y Rosana Gilda Giussi, quienes les han dado varios nietos, bisnietos y dos tataranietas.

PALABRAS FINALES
Aurelia Legone de Giussi ejerció con profesionalismo su trabajo y hoy sigue siendo una agradecida de haber tenido la posibilidad de ser Enfermera. Su carácter afable se mantiene inalterable a través del tiempo; su imagen de persona bondadosa, atenta, sensible, esencialmente buena, es fácil de descubrir apenas se entra en contacto con su diálogo.
Su vida de lucha y sacrificio, con una entrega constante al trabajo, logró encaminarse, criando sus hijos que hoy, junto a sus nietos, bisnietos y sus dos tataranietas, le son motivo de orgullo.

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